miércoles, 8 de julio de 2026

LA CULPABILIDAD POLÍTICA


Tengo la convicción de que las experiencias no son heredables de una generación a otra. Que no podemos ver el pasado vivido por nuestros antecesores, sino como un referente; jamás como una práctica aprendida. 

Tiene razón Eugenio Tironi al señalar que el golpe de Estado de 1973 provocó un impacto profundo en su generación, al desmantelar el sistema ideológico predominante en Chile, que incluía tanto el marxismo como la democracia tradicional. De manera distinta, mi generación también experimentó una fractura similar. Y es acertado Tironi al valorar la renovación del pensamiento conservador chileno, aunque aún más importante resulta su insistencia en que dicha renovación solo obtendrá legitimidad si reconoce y asume su responsabilidad histórica durante la dictadura.

Al expresar esta idea, Tironi enfatiza la obligación de cada generación respecto a los eventos que les toca vivir. Nos recuerda el acto de contrición de la secretaria de Hitler, quien, motivada por el testimonio de la joven activista partisana, Sophia Scholl, advierte que la edad no puede constituir una justificación exculpatoria. Sin embargo, Carlos Huneeus cuestiona esta interpelación de Tironi, argumentando que esa generación no debería cargar con dicho legado al no haber sido protagonista directa. Más aún, critica los frecuentes cambios ideológicos de Tironi y le atribuye a su generación las deficiencias políticas chilenas, concluyendo que representaron un fracaso cuyo legado facilitó el ascenso actual de la derecha extrema.

En un ejercicio de madurez intelectual, Tironi reconoce sus propias transformaciones ideológicas y concede a Huneeus que su generación cometió numerosos errores, pero también aprendió de ellos, logrando influir en la configuración de su época. Un aspecto profundamente relevante, ausente tanto en esta columna como en los escritos de Huneeus desde el Carmengate hasta los cismas de Amarillos y Demócratas, es que los legados históricos conflictivos se heredan inevitablemente; por ello, resulta preferible enfrentarlos con un sentido responsable, asumiendo los desafíos y herencias propios, en lugar de negarlos o rechazarlos.


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