jueves, 28 de febrero de 2013

¿UNA PRIMAVERA VATICANA?

Hans Küng
Tübingen, Alemania. 27 de febrero 2013 





La primavera árabe ha sacudido a un conjunto de regímenes autocráticos. Luego, con la dimisión del Papa Benedicto XVI ¿no será posible en la Iglesia Católica y Romana una primavera del Vaticano?

Por supuesto, el sistema de la Iglesia Católica no se parece a los regímenes de Túnez o Egipto y tampoco a una monarquía absoluta como la de Arabia Saudita. En estos lugares no existen auténticas reformas, sino sólo concesiones menores. En dichos Estados, la tradición siempre es invocada para oponerse a la reforma. La diferencia está en que mientras la tradición de Arabia Saudita se remonta a docientos años, en el caso del papado alcanza ya 20 siglos.

Con todo, ¿aún así es verdadera aquella tradición? De hecho, la iglesia progresó por un milenio de su historia sin un papado monárquico-absolutista del tipo con el cual estamos familiarizados hoy.

En efecto, no fue sino hasta el siglo 11 que una "revolución desde arriba", la "reforma gregoriana", iniciada por el Papa Gregorio VII, nos dejó los tres rasgos perdurables del sistema romano actual: un papado centralista-absolutista, el clericalismo obligatorio y la obligación del celibato para los sacerdotes y otros clérigos seculares.

 Los esfuerzos de los Consejos de reforma en el siglo 15, los reformadores en el siglo 16, la Ilustración y la Revolución francesa en los siglos 17 y 18, y el liberalismo del siglo 19 tuvieron solamente un éxito parcial. Hasta en el Concilio Vaticano II, de 1962 a 1965, mientras se trataban muchas de las preocupaciones de los reformadores y críticos modernos, estos intereses se vieron siempre frustrados por el poder de la Curia, órgano de gobierno de la iglesia, permitiéndose implementar sólo algunos de los cambios exigidos.

Hasta el día de hoy la Curia, que en su forma actual también es un producto del siglo 11, es el principal obstáculo para cualquier reforma profunda de la Iglesia Católica, es el freno a cualquier entendimiento ecuménico honesto con las otras Iglesias cristianas y religiones del mundo, así como a cualquier actitud crítica y constructiva hacia el mundo moderno.

Bajo la gestión de los dos papas más recientes, Juan Pablo II y Benedicto XVI, ha existido un fatal retorno a los viejos hábitos monárquicos de la iglesia.

En 2005, en una de las pocas acciones más audaces de Benedicto XVI, tuvo conmigo una amistosa conversación de cuatro horas en su residencia de verano en Castelgandolfo, en Roma. Yo había sido su colega en la Universidad de Tübingen y asimismo su más férreo crítico. Tanto que durante 22 años, gracias a la revocación de mi licencia de enseñanza eclesiástica por haber criticado la infalibilidad papal, no habíamos tenido el más mínimo contacto privado.
 

Antes de la reunión, decidimos dejar a un lado nuestras diferencias y discutir temas en los cuales podríamos llegar a un acuerdo: la relación positiva entre la fe cristiana y la ciencia, el diálogo entre las religiones y las civilizaciones, y el consenso ético a través de la fe y las ideologías.

Los mayores escándalos se han conocido durante su papado: el reconocimiento de Benedicto XVI al ultraconservador arzobispo Marcel Lefebvre de la Sociedad de San Pío X, que se opone amargamente al Concilio Vaticano II, así como de quienes niegan el Holocausto, en el caso, por ejemplo, del obispo Richard Williamson.

Allí está el amplio abuso sexual de niños y jóvenes por clérigos, de lo cual el Papa fue en gran parte responsable de encubrirlos cuando era el cardenal Joseph Ratzinger. Y allí está el asunto de "Vatileaks", que reveló una horrenda cantidad de intrigas, luchas de poder, corruptelas y errores sexuales en la Curia, y que parecen ser la principal razón que ha motivado la dimisión de Benedicto XVI.

Esta primera renuncia papal en casi 600 años pone de manifiesto la crisis fundamental que ha existido durante mucho tiempo y se cierne sobre una iglesia fríamente anquilosada. En este momento todo el mundo se está preguntando: ¿podría el próximo Papa, a pesar de todo, inaugurar una nueva primavera para la Iglesia Católica?

 Ahora, no hay manera de ignorar las desesperadas necesidades de la Iglesia. Hay una escasez catastrófica de sacerdotes, en Europa y en América Latina y África. Un gran número de fieles ha abandonado la Iglesia o se ha ido a una "emigración personal" de la fe, especialmente en los países industrializados. Se ha producido una manifiesta pérdida del respeto hacia los obispos y sacerdotes, la alienación, sobre todo por parte de las mujeres más jóvenes, y una falta de integración de la gente joven en la iglesia.

No deberíamos dejarnos engañar entonces por la cobertura sensacionalista de los medios a los espléndidos y masivos eventos papales o por los aplausos de los grupos de jóvenes católicos conservadores. Detrás de la fachada, la casa se está derrumbando.

 En esta situación dramática la Iglesia necesita un Papa que no esté viviendo intelectualmente en la Edad Media, que no haga de campeón de ningún tipo de teología medieval en la liturgia o la constitución de la iglesia. Se necesita un Papa que esté abierto a las inquietudes de la Reforma, a la modernidad. Un Papa que defienda la libertad de la Iglesia en el mundo no sólo para dar sermones, sino para luchar con palabras y acciones por la libertad y los derechos humanos dentro de la Iglesia, por los teólogos, por las mujeres, por todos los católicos que quieren decir la verdad abiertamente. Un Papa que ya no obligue a los obispos a estar a los pies de una línea política reaccionaria, que ponga en práctica en la iglesia una democracia adecuada, una formada en el modelo del cristianismo primitivo. Un Papa que no se deje influenciar por una "sombra papal" del Vaticano como Benedicto y sus más leales seguidores.

De dónde provenga el nuevo Papa no debería jugar un papel crucial. El Colegio Cardenalicio sólo tiene que elegir el mejor hombre. Lamentablemente, desde la época del Papa Juan Pablo II, un cuestionario ha sido utilizado para hacer seguimiento a todos los obispos en su aceptación de la doctrina católica oficial sobre temas controvertidos, un proceso sellado por un juramento de obediencia incondicional al Papa. Es por esta razón que, hasta ahora, no han existido disidentes públicos entre los obispos.

Sin embargo, la jerarquía católica ha sido advertida de la brecha entre ella y los laicos sobre cuestiones importantes de la reforma. Una reciente encuesta realizada en Alemania muestra que un 85 por ciento de los católicos está a favor de permitir que los sacerdotes se casen, el 79 por ciento a favor de permitir que los divorciados se vuelvan a casar en la iglesia y un 75 por ciento a favor de la ordenación clerical de las mujeres. Lo más probable es que aparezcan cifras similares en muchos otros países.

¿Podríamos tener un cardenal o un obispo que simplemente no quiera continuar en la rutina de siempre? Alguien que, en primer lugar, sepa cuán profunda es la crisis de la Iglesia, y en segundo lugar, conozca los caminos que conduzcan fuera de este dilema?

Estas preguntas deben ser discutidas abiertamente antes y durante el cónclave, ya que los cardenales están sin bozal, como lo estuvieron en el último cónclave, en 2005. 

Igualmente, en la última actividad teológica en que participé en el consejo del Concilio Vaticano II (junto con Benedicto XVI), me pregunto si podría ser que, al inicio del cónclave, como fue en los comienzos del consejo, que un grupo de valientes cardenales pudiere enfrentarse a la línea dura de esta iglesia católica y romana y exigir un candidato que esté listo para aventurarse en nuevas direcciones. ¿Podría esto ser provocado por un nuevo consejo reformado o, mejor aún, una asamblea representativa de obispos, sacerdotes y laicos?

Si en el próximo cónclave se elige a un papa que vaya por el camino de siempre, la Iglesia nunca más experimentará una nueva primavera. Caerá en una edad de hielo y correrá el riesgo de contraerse, al punto de convertirse en una secta cada vez más irrelevante.



Traducción de Giovanna Flores Medina  

miércoles, 27 de febrero de 2013

Adolfo Zaldívar, una trayectoria de servicio




En la madrugada de hoy miércoles 27 de febrero, falleció el actual embajador en Argentina, Adolfo Zaldívar Larraín, quien además fuera un emblemático dirigente de la Democracia Cristiana.

Adolfo Zaldívar nació el 13 de septiembre de 1943. Abogado, académico, diplomático y político Independiente. Presidente del Partido Demócrata Cristiano entre 2002 y 2006. Senador por la 18ª Circunscripción, Región de Aysén, entre 1994 y 2010 por dos periodos consecutivos. Presidente del Senado entre marzo de 2008 y marzo de 2009. Embajador de Chile en Argentina entre junio de 2010 y fines de 2012.

Se inició en política durante su época universitaria, en 1965, como jefe nacional universitario del Partido Demócrata Cristiano. Posteriormente, fue elegido consejero nacional de la Juventud de su partido, entre 1970 a 1972. Al año siguiente, fue designado jefe nacional de abogados de la colectividad, donde se mantuvo hasta 1980. Más tarde, entre 1983 y 1989, formó parte de la Comisión Fiscalizadora; fue consejero nacional, entre 1983 y 1990; y primer vicepresidente nacional.

En 1989 fue candidato a senador por la Tercera Región de Atacama, sin resultar electo.

Entre 2002 y 2006, presidió la Democracia Cristiana.

En 2005, fue precandidato presidencial de la Democracia Cristiana, siendo derrotado en las elecciones internas de la Junta Nacional por la candidata María Soledad Alvear Valenzuela. En su campaña, los medios de prensa denominaban a su lista como la de "los colorines", debido a su color de pelo.

Tras más de cuarenta años de militancia en el Partido Demócrata Cristiano, el 27 de diciembre de 2007, el Tribunal Supremo de la colectividad lo expulsó por su forma de actuar en el Congreso frente a ciertos temas de interés para el conglomerado, especialmente en torno al financiamiento del Transantiago, sistema de transporte público de Santiago. Actualmente, se mantiene como Independiente.

En enero de 2009, anunció su candidatura a las elecciones presidenciales de diciembre de 2009, esto a solicitud del Partido Regionalista de los Independientes (PRI), que preside en la actualidad. Finalmente, desistió posteriormente por la baja adhesión ciudadana.

Para las elecciones parlamentarias de diciembre de 2009, decidió no repostularse al Senado.

En junio de 2010, dejó la presidencia del PRI luego de aceptar la designación como embajador de Chile en Argentina, bajo el gobierno del presidente Sebastián Piñera.
  


martes, 19 de febrero de 2013

Un nuevo Chile requiere una nueva DC

Por Aldo Cornejo




Nuestro país ha progresado pero no ha resuelto los problemas de desigualdades y abusos que se han agudizado con este gobierno de derecha. Después de 36 meses de ineficiencias, de conflictos de interés entre los negocios privados y decisiones públicas y del abuso de los shows comunicacionales Chile quiere cambios.

Es necesario articular el máximo de unidad de quienes no queremos otro gobierno de derecha y en noviembre debemos ganar la presidencial y la parlamentaria representando a esa mayoría ciudadana que quiere un Chile distinto.

Un Chile más solidario donde los más ricos paguen más impuestos, donde la educación y la salud sean de calidad para todas y todos los chilenos y que no dependa del bolsillo familiar como ocurre hoy, queremos ciudades con mayor integración social y con buenos servicios públicos, un mundo laboral donde haya respeto a los trabajadores y trabajadoras y a sus organizaciones sindicales. Queremos una institucionalidad política que respete la opinión de las regiones y una modificación sustantiva del actual sistema electoral binominal.

Ese Chile distinto requiere una nueva Democracia Cristiana. Una DC con capacidad e influencia política en la vida del país, que cultive el desarrollo de nuevos liderazgos que interpreten el sentimiento colectivo de la vasta militancia política -y no sólo proyectos personales- y que en la elección parlamentaria del 2013 incremente su influencia y representación ciudadana para convertirnos en un eje de la gobernabilidad futura del país.

Ello requiere una nueva conducción partidaria que tenga esa capacidad de hacer realidad la renovación partidaria y transformarnos en una comunidad política protagonista de la construcción de una nueva etapa del Chile democrático que avanza hacia un país con más oportunidades de progreso y con protección social para la inmensa mayoría de los chilenos y chilenas.

Porque queremos una nueva Democracia Cristiana que sea activa protagonista del nuevo Chile es que queremos que la militancia elija una nueva directiva el 17 de marzo que asuma estos compromisos con Chile.

jueves, 14 de febrero de 2013

Nuestro compromiso para un Partido Demócrata Cristiano con liderazgo, conducción, unidad y participación



Los abajo firmantes hacemos públicos los compromisos que guiarán nuestro comportamiento político en la nueva mesa nacional del Partido Demócrata Cristiano que, encabezada por el camarada Aldo Cornejo, contribuiremos a elegir el domingo 17 de marzo.

1. GARANTÍA DE PARTICIPACIÓN.— Creemos en una comunidad de hombres y mujeres libres y, por ello, buscaremos transformar al Partido en una democracia viva, genuinamente participativa y deliberante, que restablezca el valor de la militancia partidaria, y de cada uno de los militantes, en la formación de la política democratacristiana.

a. Durante la próxima conducción política debe formularse la propuesta programática de la Democracia Cristiana a la Concertación, tarea a la cual debe ser convocado e incorporado a las deliberaciones todo el Partido.
b. También en el curso de la próxima gestión el Partido debe saldar una deuda de actualización —y de vigencia de sus estatutos— y realizar su VI Congreso Nacional.
c. Durante el mandato de la próxima mesa generaremos condiciones para el enriquecimiento de nuestra cultura política, abriendo el quehacer del Centro Democracia y Comunidad a la pluralidad de visiones que convergen en el Partido, el que debe ejercer facultades de control y evaluación de su desempeño.
d. Los frentes del partido, en especial aquellos que están en contacto con las demandas de los movimientos sociales más activos —juventud, indígena, trabajadores, pobladores, profesionales—, deben proponerse metas y contar con los medios necesarios para asegurar la participación y la deliberación de sus afiliados en las decisiones internas, partiendo por sus elecciones.
e. Las comisiones político-técnicas deben abrirse al concurso de todos los militantes, observando el principio personalista de que los miembros del Partido, en cuanto ciudadanos, están facultados para emitir opiniones autorizadas sobre los asuntos públicos.
f. El diálogo político-técnico debe ser asistido con información pertinente y oportuna, de modo que la ignorancia sobre determinadas materias, no se constituya en un obstáculo a la participación de nadie.
g. El Consejo Nacional debe ser una instancia de deliberación política especializada y sus funciones deben ser asesoradas por equipos interdisciplinarios.
h. Las decisiones políticas, hoy concentradas en el presidente del Partido, deben ser tomadas en común por los miembros de la mesa directiva, y la actuación de ésta debe sujetarse a controles políticos que den garantías a todos los militantes.
i. Debe formarse una unidad electoral dotada de facultades y autonomía para asegurar procesos electorales transparentes e informados.

2. GARANTÍA DE FORMACIÓN DEL GOBIERNO.— Respecto del modo en que la Democracia Cristiana debe concurrir a la formación de un futuro gobierno, velaremos por que esta participación se concrete atendiendo criterios de idoneidad, compromiso con la gestión pública y responsabilidad con el Partido.

a. Esta función debe estar estrictamente radicada en la mesa nacional y debe ser ejercida con prudencia, espíritu de colaboración y pluralismo, respetando las facultades constitucionales del Presidente de la República, y los equilibrios políticos deseables entre los partidos políticos y los independientes que le brindarán apoyo.
b. La próxima mesa nacional debe hacer un crucial aporte a la formulación de un nuevo modo de estructurar y de administrar el gobierno para preservar su estabilidad y su unidad de propósitos.
c. El servicio que habrá de prestar el Partido en el gobierno central, no debe vaciar a los municipios ni a los gobiernos regionales de las capacidades técnicas y políticas indispensables, sino que debe hacerse de forma tal que racionalice la asistencia de sus activos dirigentes en tareas de gestión y conducción política.
d. El servicio que ofrezca el Partido en los gobiernos locales, regionales y central, tampoco debe vaciar a la colectividad de las competencias necesarias para emprender sus tareas de elaboración, análisis y formación política.

3. GARANTÍA DE COALICIÓN MAYORITARIA.— En cuanto a la gobernabilidad de la coalición que dará sustento al próximo gobierno, nuestro compromiso es que la próxima mesa nacional:

a. Promueva la ampliación de la Concertación hacia otros sectores sociales y políticos, y contribuya a una coalición de gobierno en la que participen todas las fuerzas de oposición con presencia parlamentaria.
b. Impulse una nueva modalidad de diálogo, de autonomía entre los partidos y el mundo social a través de mecanismos eficaces de resolución de conflictos, y separando explícita y lúcidamente lo que es público de lo que, por razones de unidad y eficacia política, deba mantenerse en reserva.
c. Genere instancias permanentes de comunicación y coordinación entre el gobierno, los ministros, los subsecretarios y jefes de servicios, con los parlamentarios, alcaldes, concejales, consejeros regionales y partidos políticos.
d. Someta a evaluación periódica la marcha de la administración a fin de mejorar su eficacia, resolver episodios críticos, y asegurar el éxito de la gestión gubernamental.

4. GARANTÍA DE PROGRAMA PARA LA ESTABILIDAD Y LA GOBERNABILIDAD.— El programa del futuro gobierno debe contener las reformas políticas, económicas y sociales que conduzcan a la paz y a la cohesión social, a la estabilidad institucional y a la gobernabilidad democrática.

a. El diseño de las políticas públicas —y esto ha de quedar plasmado en el programa de gobierno— debe responder al enfoque de derechos y a su progresivo y universal perfeccionamiento.
b. En el plano político, nuestro principal compromiso debe ser la reforma de la Constitución a través de un procedimiento ampliamente legitimado que refleje la voluntad soberana, libre e informada del pueblo. Consistente con lo anterior, nos proponemos cambiar el sistema binominal y los quórum calificados mediante un claro pronunciamiento plebiscitario, estableciendo un sistema electoral proporcional, y haciendo que las decisiones parlamentarias se sometan a las mayorías en ejercicio.
c. En lo económico, nuestra mayor responsabilidad debe ser impulsar la profunda reforma del sistema tributario, una nueva política del cobre, el restablecimiento de la propiedad pública de los derechos de agua, otra matriz energética, una política para los recursos marítimos y pesqueros, la descentralización, la regionalización y la desconcentración financiera, y el mejoramiento de la ley orgánica del Banco Central.
d. En lo social, el norte de la acción política democratacristiana debe ser la formulación estratégica para un desarrollo urbano a escala humana, una política de calidad de la vida humana, una política del agro, una reforma educacional —en el sentido de lo que hemos llamado refundar la Educación Pública—, una política de salud, una política de vivienda y urbanismo, una política de preservación del medio-ambiente y un nuevo Código del Trabajo.

5. GARANTÍA DE MEMORIA HISTÓRICA.— Cuando se conmemoran cuarenta años del golpe de Estado, es deber de la Democracia Cristiana contribuir al debate nacional, a fin de que todos asumamos la responsabilidad histórica que nos cabe en los sucesos que llevaron al quiebre de la democracia, y consecuentemente, reafirmemos nuestro compromiso con la dignidad humana, la paz y las libertades, a la luz del respeto sin excepciones de los derechos fundamentales de las personas.

a. Procuraremos que el Partido rescate y haga públicos los testimonios que dieron los democratacristianos en la lucha por la paz y los derechos humanos en Chile.
b. Emprenderemos esfuerzos conducentes a proveer al Museo de la Memoria de los antecedentes sobre hechos en que se vio comprometida la vida y el testimonio de democratacristianos.
c. Con la nueva directiva nacional emprenderemos las gestiones conducentes a asegurar la diversidad de visiones y opciones humanistas —como las propugnadas por las iglesias— y el pluralismo político en el Instituto de Derechos Humanos.

Llamamos a nuestros camaradas a respaldar este compromiso movilizándose el 17 de marzo a los lugares de votación, ejerciendo su derecho a voto, difundiendo el valor de este acto cívico, acercándose a aquellos militantes más alejados de los centros de decisión y de información política, y, finalmente, exigiendo el cumplimiento de dicho compromiso a la directiva que surgirá en aquella jornada.

Belisario Velasco, Mariano Ruiz-Esquide, Jorge Consales, Patricia Alrringo, Carlos Aparicio, Alejandra Miranda, Víctor Torres, Ignacio Balbontín, Juan Gmo. Espinosa, Raimundo González Aninat, Mario Fuentes, Marcel Young, Juan Ml. Sepúlveda, Osvaldo Verdugo, Rodolfo Fortunatti, Ricardo Urzúa, Senén Conejeros A., Florencio Ceballos, Raúl Donckaster, Hernán Kohnenkampf , Héctor Gárate.

Santiago, 14 de febrero de 2013.



 Camaradas,

He recibido hoy jueves 14 de febrero de 2013 documento "Nuestro Compromiso para un Partido Demócrata Cristiano con Liderazgo, Conducción, Unidad y Participación", enviado por el Camarada Young Debeuf.

Y lo he analizado con dedicado interés, y me sugiere algunos comentarios y reflexiones, que comparto con ustedes:

1° Que bueno que efectivamente se vayan a realizar elecciones realmente competitivas el domingo 17 de marzo de 2013, entre diversas alternativas, todas legítimas, en el PDC.
2° Las llamadas "mesas de consenso", en general, son la negación del debate político, de la participación real de bases partidarias y, por ende, de algo muy esencial de la Política.
3° Componendas distributivas de cargos, alternancia de tiempos dentro del período de la duración estatutaria de una Directiva Nacional, exclusión reiterada de visiones distintas al interior del Partido, centralismo y repetición de aquellos mismos dirigentes, son, entre otras, malas prácticas que han contribuido cada vez más a un desprestigio de la Política.

4° En cuanto a la candidatura para Presidente Nacional del Partido, ya el día miércoles 30 de enero de 2013, le comuniqué al Camarada Aldo Cornejo González mis puntos de vista (los que comparto con ustedes, a partir de correo que le enviara en fecha indicada).

5° En relación a los contenidos de vuestro documento, solo me limito a expresarles aquí algunas sugerencias complementarias, como una contribución para mayor claridad política y para no dar lugar al "humanismo de la tibieza" - que señalara Jacques Maritain, como una expresión de la ambigüedad, tan negativa para la Política -, que hace que a veces los que aparecen como los más avanzados al interior de un Partido, terminan autolimitándose cuando hay que dar ese paso que falta y ha faltado, históricamente, para recuperar este Partido Demócrata Cristiano para un real cambio social, con nuevo modelo de desarrollo:

En efecto, en la Sección "1. Garantía de Participación", considerando especialmentos los puntos "e.", "f.", "g." y "h": sugiero que se retome y se incluya la idea de que el Partido cree y tenga, estatutaria e institucionalmente, una COMISIÓN POLÍTICA, compuesta por el Presidente Nacional, el Secretario Nacional, uno de los siete Vicepresidentes y 7 Miembros elegidos en Junta Nacional, con un total de 10 Miembros. Se trataría de una instancia de análisis político permanente y de elaboración y fijación de puntos de vista oficiales del Partido, que el Presidente Nacional o el Vocero que se designe, debe dar a conocer públicamente. El actual Consejo Nacional, que se reune sin regularidad y tiene tal cantidad de integrantes, se parece más a una pequeña asamblea de casi 50 miembros. Y por tanto, la Directiva Nacional y el Presidente Nacional hacen y deshacen libremente. Por otra parte, el PDC chileno debe ser uno de los escasos Partidos, en el mundo, que no tiene una COMISIÓN POLÍTICA. Y ésta debiera tener un propio Presidente también.

En la Sección "4. Garantía de Programa para la Estabilidad y la Gobernabilidad", punto "b.", resulta absolutamente insuficiente lenguaje del texto que señala que "En el plano político, nuestro principal compromiso debe ser la reforma de la Constitución...". Aquí sugiero postular claramente (y sin esa "tibieza") la necesidad de elaborar "una Nueva Constitución para Chile". El tema del "procedimiento" o los mecanismos, para alcanzar este cardinal objetivo político, será motivo de discusión en el conjunto de la Oposición. Reformas a la actual Constitución se vienen haciendo hace ya casi un cuarto de siglo, lo que ha sido enteramente insuficiente para un Chile democrático, ya en pleno Siglo XXI.

Sin querer extenderme en otros aspectos puntuales, que sí se pueden complementar y mejorar, saludo vuestra actividad de elaboración partidaria, siempre escasa y limitada.

Con mis fraternales saludos,

JORGE G. A. VERA CASTILLO
Miembro Comisión Internacional PDC.
Ex Primer Vicepresidente Primera Comuna
"Santa Lucía" de Santiago Centro del PDC.
(De Marzo 21, 2007 hasta Marzo 22, 2010).
Ex Presidente de la Comisión Organizadora
Comunal del V Congreso Nacional del PDC.
(Agosto 2, 2006 hasta Noviembre 7, 2007).