martes, 3 de diciembre de 2013

LA HUELLA DE BANGLADESH EN CHILE: LA PRECARIEDAD LABORAL COMO MODELO PRODUCTIVO

Giovanna Flores Medina






Hace poco más de seis meses, el derrumbe de un taller textil en Bangladesh y las miles de víctimas que provocó, evidenció ante el mundo la peor cara de la precariedad laboral: la esclavitud como método productivo legitimado por el Estado. En pleno Siglo XXI, la reminiscencia de los relatos trágicos de la revolución industrial —cuando las nociones dogmáticas de persona y derechos humanos no estaban presentes en el debate político—, persiste aún en nuestra realidad.


Lo grave, es que casos como el de las costureras bangladesíes ya casi no nos sorprenden, replicándose en otras áreas del mercado global, fenómeno del cual Chile no está ajeno. El derrumbe de la mina San José hace tres años, que mantuvo encerrados en sus profundidades a 33 mineros por 70 días, es paradigmático. No sólo porque demuestra cómo el empleo precario ha devenido en elemento estructural de la economía —sin generar ningún cambio legal relevante—, sino por la tolerancia de la justicia que resolvió la causa como un mero accidente. 


Así, ya no se trata de un crimen de lesa humanidad ejecutado por asociaciones ilícitas, propio de la economía ‘sommersa’, con tráfico de personas o secuestro de nacionales. Dos décadas atrás, éstas eran las denuncias ante la ONU, respecto de la minería clandestina en Bolivia, Brasil y el Congo, o en el rubro textil y tecnológico en China y la India. Tampoco se reprocha la migración laboral bajo constante vulneración de checos, polacos y búlgaros que prestan servicios medianamente calificados en países avanzados como Holanda o Suecia. Al contrario, hoy esta precarización es condición de rentabilidad y un objetivo de las políticas públicas destinadas al crecimiento y pleno empleo. Sin duda, un modo abusivo de entender la libertad de trabajo y la flexibilidad laboral tan recomendadas por el FMI y la OCDE.


Bangladesh y el retorno del capitalismo temprano


La huella de Bangladesh nos retrotrae a los tiempos del capitalismo temprano, cuando el estado de necesidad de los trabajadores los aguijoneaba a aceptar condiciones miserables de venta de mano de obra. Ese modelo de explotación industrial usado por los colonizadores anglosajones —denunciado por Marx y por la Encíclica Rerum Novarum (1891) —, donde los riesgos eran de cuenta del trabajador y ni el empleador ni el Estado se hacían responsables de sus derechos fundamentales, se ha reinstaurado. Se trata de ‘la economía política de la precariedad’ —como le ha llamado la OIT—, que con distintos niveles de erosión de las políticas sociales de protección del trabajador, acepta la precarización del empleo como parte de su estructura macroeconómica.


Lo paradójico es que mientras las sociedades se enriquecen, la inversión real desaparece, pues el crecimiento es financiero y no productivo, y la brecha de desigualdad y concentración de la riqueza aumenta. Esa es la realidad de países como Chile, Irlanda, Singapur o Vietnam, todos con modelos económicos idénticos, alabados por su liberalización y competitividad post década del 90, pero donde los sueldos de los trabajadores más pobres no experimentan aumentos reales y el acceso a bienes se logra sólo a través del microcrédito. Aquí la precarización se torna un estado permanente y no de transición, como debiera ser para países desarrollados. Por ejemplo, si antes miles de chinos construían las líneas férreas de las colonias inglesas, ahora —en sede nacional— ensamblan carcasas de modernísimos celulares norteamericanos bajo el mismo sistema esclavo de hace dos siglos.


Desde esta perspectiva, el drama de Bangladesh, es haber seguido las directrices del FMI, abandonando la agricultura y la industria productiva para centrarse en la exportación de ropa y el trabajo a maquila. Así fue que alcanzó el ideal de la gran industria de la moda: la conjunción del ‘low cost’ (bajísimo costo) y el ‘prestige’ (prestigio). Es decir, confección de calidad para marcas extranjeras, que imita el trabajo de alta costura, en manos de finas bordadoras, pero a precio de supermercado y financiable en su compra a través del crédito. Esta reducción de costes se logra sometiendo a los trabajadores a largas jornadas sin incentivos ni pago de horas extras, con nulas medidas de seguridad e higiene, además de restricciones ilegales a sus derechos laborales más básicos. Una ventaja competitiva ilegítima que le ha convertido en el segundo mayor exportador de vestuario del mundo, detrás de China. Un sector que da trabajo a más del 40% de la población activa, dentro del cual el 80% son mujeres menores de 30 años, y que reciben el sueldo mínimo más bajo del mundo: 28 euros mensuales que fueron aumentados a 35 tras la tragedia. Dicha maquinaria de explotación posee un PIB que se expande a un nivel superior al 6%, es decir unos 15.000 millones de euros que reditúan a polémicas sociedades de inversiones controladas por parlamentarios y políticos locales.


Medio año después del derrumbe del Rana Plaza en las afueras de Dacca, el paraíso de la ropa ‘trendy’ —la misma que repleta las vitrinas de las tiendas que en Chile causan furor con la idea del ‘masstige’ (prestigio y exclusividad para las masas)—, la cifra final de muertos alcanza a 1130 personas, mientras los heridos llegan a 2438, cientos de ellos mutilados y sin posibilidad de rehabilitación.


La precariedad chilena confundida con flexibilidad


En Chile, la huella de Bangladesh, excede el ámbito de comercialización del vestuario y alcanza a todo el mercado laboral. Precisamente, la temporada de Navidad es la de mayor exhibicionismo del empleo precario confundido con flexibilidad. Los centros comerciales se llenan de promotores y vendedores captados por empresas de ‘enganche’ que, sin control de riesgos, les obligan a permanecer de pie toda la jornada y restringen el uso de servicios higiénicos, transformando en ilusoria la humilde Ley de Silla de 1906.


La flexibilidad horaria del trabajo, que tanto se recomienda, es un mecanismo jurídico que nada tiene que ver con la liberalidad de aplicar causales de despido, con la carencia de contrato de trabajo, la negativa del empleador a pagar las cotizaciones de salud y previsión, o los apremios contra la sindicalización. Es así que subcontratación, inestabilidad, desprotección e informalidad definen parte importante del mercado del trabajo chileno.

Según la Fundación Sol, sólo el 39% de los ocupados tiene empleo protegido, es decir contrato de trabajo cumplido a cabalidad por el empleador. Por su parte, el gobierno ha reconocido que el 45,5% de los 825.840 empleos creados desde el 2010 son tercerizados, es decir, subcontratados con mínimas protecciones. Además, a nivel nacional conforme a la encuesta Casen del 2011, el 50% de los trabajadores gana menos de $ 251.620 y son ellos quienes ubican al país en el tercer lugar del ‘ranking’ de la OCDE de las naciones con mayores jornadas, superando las dos mil horas anuales.

En octubre pasado, el secretario general de la OCDE estuvo en nuestro país recalcando que era necesaria mayor flexibilidad laboral dado el crecimiento a la baja proyectado para Chile. El punto es que las políticas de austeridad y empleo, disfrazadas de flexibilidad, ya no son tolerables. Ha emergido una nueva cuestión social con una ciudadanía más educada que exige un debate profundo sobre la desigualdad y el ejercicio de sus derechos. Será tarea del Parlamento y del próximo Gobierno proponer una nueva estrategia de desarrollo que erradique la huella de Bangladesh en Chile.



lunes, 2 de diciembre de 2013

UN BALANCE ELECTORAL



Consejo Nacional PDC y VIII Región: Desastre Electoral, Ético y Político

JORGE VERA CASTILLO*

Los Batros en San Pedro de la Paz, Concepción


Históricamente, la Democracia Cristiana siempre tuvo una importante presencia política y un significativo respaldo electoral, en lo que hoy se conoce como Región del Biobío u VIII Región, en particular desde 1964 hasta 1973, y, posteriormente, desde 1990 hasta las elecciones parlamentarias del 2009. La Región llegó a contar, durante varios años en ese período, con cuatro legisladores demócratas cristianos, dos senadores y al menos dos diputados, siendo reelegidos en variadas ocasiones, con buenas evaluaciones personales.

Ciertamente, los cambios ocurridos en las coaliciones políticas en esta segunda década del siglo XXI, también han repercutido y seguirán repercutiendo en la Democracia Cristiana, a veces con aparentes y engañosos ‘buenos resultados’. Así, en la última elección de alcaldes y concejales, del domingo 28 de octubre de 2012, resultó elegido Alcalde de Concepción, ciudad capital de la VIII Región, el demócrata cristiano Álvaro Ortiz Vera, con un muy alto resultado electoral en votos y porcentaje. En los hechos fue candidato de una gran mayoría de la oposición, aunque fuera en un Pacto denominado Concertación Democrática, alcanzado un total de 39.363 votos, que representaron nada menos que un 55.15%. Dirigentes nacionales actuales del PDC —especialmente su Presidente— se han apoyado en algunos resultados como éste, para sentirse satisfechos y seguir ‘controlando’ ese partido político.

Sin duda, el autoengaño en política es un muy mal compañero, especialmente en lo analítico y lo conductual. No deja ver adecuadamente la realidad, no permite prever escenarios electorales y políticos y, por tanto conlleva a malas conclusiones para implementar la toma de decisiones políticas estratégicas.

El caso, que nos sirve de antecedente cercano, es muy revelador de lo que criticamos y denunciamos. El muy buen resultado de la elección de ese Alcalde fue un ejemplo muy anticipatorio de algo mucho más amplio, que fue la construcción posterior de una Nueva Mayoría política, como se conoce a la nueva coalición triunfadora. No debemos olvidar que ese Alcalde fue elegido en un contexto de especiales condiciones electorales y políticas: haber sido Concejal de la Municipalidad de Concepción y ser hijo de un Diputado con fuerte arraigo político distrital e identificado nacionalmente como ejemplo de desempeño en sus funciones y tareas, en cuanto al cumplimiento de máxima asistencia a sesiones y comisiones permanentes de la Cámara de Diputados, por una parte y, por otra, al haber contado con un amplísimo apoyo político, que incluyó incluso a dirigentes y votantes del Partido Progresista y de otras expresiones políticas organizadas, en un primer ejercicio de una amplia mayoría política opositora, más que la emergente en esta campaña presidencial.

La Democracia Cristiana no supo analizar, ni entender ni proyectar aquel resultado, teniendo en perspectiva que el 17 de noviembre de 2013 se iban a realizar elecciones parlamentarias, junto con elección presidencial, llevándola a un desastre electoral, ético y político en la VIII Región, en sus resultados. Con ese triunfo del 28 de octubre, del anterior año 2012, ¿se analizó cuánta era y fue realmente la votación propiamente pro demócrata cristiana? Y si se agrega el resultado de la elección primaria presidencial de la Nueva Mayoría del domingo 30 de junio de 2013, ¿no se pudieron tomar mejores decisiones? 

Los resultados de las elecciones senatoriales  en la Región del Biobío son extremadamente muy aleccionadores, ética y políticamente, para esta conducción actual de la Democracia Cristiana. La componenda impuesta centralmente y la transparencia puesta en duda han sido silenciosa pero brutalmente rechazadas, especialmente en la Circunscripción Senatorial 12 - Región del Biobío Costa.

En efecto, las mismas cifras de votos y de porcentajes lo demuestran. En la Circunscripción Senatorial 12 resultó elegido, por el Pacto Nueva Mayoría, el actual Senador Alejandro Navarro Brain con 156.280 votos, que equivalen a un 33.93%. En cambio, el actual Senador Camilo Escalona Medina, apoyado oficialmente por el Partido Demócrata Cristiano, fue ampliamente derrotado, al obtener solamente 82.052 votos, que representan un precario 17.81%. El candidato Navarro fue primera mayoría electoral y política, superando a la candidata Jacqueline van Rysselberghe Herrera, elegida por la Alianza con 128.117 votos, que representan un 27.81%. A su vez, ésta superó por exactos 10 puntos porcentuales al derrotado candidato Camilo Escalona, propuesto por la DC.

Escalona Medina es militante del Partido Socialista. Su 17.81%, ¿representa la fuerza electoral del llamado y pretendido “eje PS-PDC” en esa tan importante Circunscripción de la VIII Región? ¿Cuál es la real fuerza electoral del PDC en esa votación de 82.052 votos? ¿Los habrán ya calculado los que impusieron esa candidatura, que trae a la memoria, en sus tristes derroteros, a los políticos italianos Giulio Andreotti, demócrata cristiano, y Bettino Craxi, socialista? ¿Qué pensarán de la diferencia de 74.228 votos, expresivos de un 16.12%, que separaron a los actuales Senadores Navarro Brain y Escalona Medina?

Con estos resultados, y mirando los alcanzados por el reelecto Diputado Fidel Espinoza Sandoval (Distrito 56) y el electo Senador Rabindranath Quinteros Lara (Circunscripción 17), también militantes socialistas, ¿comprenderán hoy el o los artífices de la operación ‘salvataje’ de Escalona, las reales razones de su gran berrinche, con penosas imágenes de escenificaciones casi decadentes, en los actuales tiempos vertiginosos, para no someterse a elecciones primarias dentro del Pacto Nueva Mayoría y/o dentro de su Partido Socialista?

Esa argumentación  de que el derrotado Escalona Medina sería un político con estatura de ‘estadista’ y representante de un bien escaso, el ‘republicanismo’, elaborada por unos muy pocos demócratas cristianos - seguida sin mayor discernimiento por su Presidente Nacional y la Directiva - y alabada por representantes de la peor derecha política, resultó un fiasco. El gran Pueblo penquista y regional no se compró ni tragó algo tan espurio, falaz y nefasto.

El Senador Alejandro Navarro Brain obtuvo un buen y merecido resultado, en un contexto de especial complejidad. Su infatigable labor parlamentaria, aun con aspectos críticos que muchos pudieran tener legítimamente al respecto, ha sido ampliamente reconocida y retribuida. Su actitud posterior ha sumado humildad, madurez y sabiduría, como atributos complementarios y necesarios. Ciertamente muchos de los habituales votantes demócratas cristianos también le otorgaron su reconocimiento, al ser un bravo luchador desde sus tiempos de dirigente estudiantil en la Universidad de Concepción, durante la dictadura.

En la Circunscripción Senatorial 13, de la Región del Biobío Cordillera, la DC tuvo otro muy mal resultado, dentro del Pacto Nueva Mayoría. En efecto, resultó ampliamente triunfador el actual Diputado Felipe Harboe Bascuñan, del Partido por la Democracia, con 121.521 votos, equivalentes a un 37.79%. El actual Senador Hosain Sabag Castillo, del PDC, solo obtuvo 53.115 votos, expresivos de  un bajo 16.51%. Se trató de una derrota más aplastante: el Diputado Harboe más que dobló al Senador Sabag, superándolo por 68.406 votos. Sabag ha sido por dos períodos Senador por la Circunscripción 12, en la misma VIII Región. Harboe es actual Diputado por el Distrito 22, en Santiago, Región Metropolitana.

Todo lo anterior expresa un muy equivocado enfoque político-estratégico de la dirigencia nacional demócrata cristiana actual, en relación a la realidad de la Región del Biobío. La dirigencia regional, provincial y comunal fue sumisa ante el error, la majadería y la testarudez política, impuestos desde Santiago. Y además, contribuyeron a la pérdida de un doblaje senatorial, que se tenía, y que era relevante seguir manteniendo en esa VIII Región.

Unas pocas advertencias no fueron consideradas ni siquiera contestadas, es decir ignoradas.

A todo lo expuesto, no abordamos aquí las dos concluyentes derrotas en las elecciones senatoriales en las Circunscripciones 7 y 8 de la Región Metropolitana, necesitadas de un abierto, desapasionado y exhaustivo análisis electoral, ideológico y político-programático. 

Ojalá que el Consejo Nacional del PDC, de lunes 2 de diciembre de 2013, se atreva a sacar las lecciones de tan errados emprendimientos políticos y no los esconda, en aras de esa malsana idiosincrasia resultante del “humanismo de la tibieza” —fuertemente denunciado por Jacques Maritain—, que siempre encuentra un motivo para adormecer a los camaradas con aquello que “no es conveniente, por ahora”, o, “veámoslo más adelante mejor”, después de tal o cual evento, como expresión de una conducta política caracterizada por su ambigüedad, su dilación y su vacilación.

En la hora presente, el Partido Demócrata Cristiano ya no resistirá seguir auto engañándose. Ni seguir postergando sus definiciones para después del 15 de diciembre de 2013, del 11 de marzo de 2014 o de la fecha de su 6° Congreso, fijado para abril del 2014.

Con un recuerdo profundo de Radomiro Tomic Romero, podemos señalar que su Tesis de la Unidad Social y Política del Pueblo, para aquel 4 de septiembre de 1970, comienza ya a hacerse realidad, sin exclusiones, por las Anchas Alamedas —que prefigurara el Presidente Salvador Allende Gossens el martes 11 de septiembre de 1973— de la Democracia chilena, a la cual se refiriera Gabriela Mistral en sus primeras palabras al recibir el Premio Nobel de Literatura, en Estocolmo, el miércoles 12 de diciembre de 1945, como “Hija de” aquella. Llegó la hora de recomenzar en este nuevo ciclo político y social. Con la voz de Pablo Neruda, “Subamos, hermanas y hermanos, por que ha llegado la hora de nacer de nuevo, con toda la memoria y todo el porvenir iluminando el presente.” ¡Demócrata Cristiano, levántate y mira tus manos, para crecer, tómalas junto a las de tu Hermano, sin demoras! ¡No le temáis nunca al Pueblo trabajador, mirad su abnegación, su ardiente paciencia y su sabiduría, y atrévete por el futuro de Chile, sin ambigüedades, dilaciones y vacilaciones!





Con nuestra Presidenta Michelle Bachelet Jeria lo iremos construyendo, día tras día. Es ella quien nos señalara, en su Discurso de agradecimiento al recibir el “Premio Internacional a una Trayectoria Humana 2012”, en Nueva York, el 27 de diciembre de 2012: “Me comprometo a seguir bregando por la paz, los derechos humanos, la igualdad y la democracia. La lucha por la libertad late en el corazón de cada ser humano. Es una lucha universal y el compromiso no tiene fecha de vencimiento. Como decimos en mi Patria, en Chile: No hay marcha atrás. Seguiremos avanzando.”

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*Jorge G. A. Vera Castillo
Miembro Comisión Internacional PDC.
Militante y ex Primer Vicepresidente
Primera Comuna "Santa Lucía".
Santiago Centro PDC.