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viernes, 29 de julio de 2016

UNIDOS SOMOS MAS FUERTES

En el 59° Aniversario de la Democracia Cristiana


En cuatro meses más se realizarán las elecciones de alcaldes y concejales, iniciando un ciclo electoral que se extenderá hasta el final del mandato de la Presidenta Michelle Bachelet. Los que advienen serán por ello meses decisivos. Meses para evaluar las gestiones municipal, regional y del gobierno central. Será el escrutinio a los partidos políticos y a su desempeño.

Lealtad con lo realizado

La mayor parte de la senda que emprendimos en marzo de 2014 está hecha. La mayor parte de los cambios que comprometimos con el país está realizada. Pronto empezarán a verse los frutos de la reforma tributaria destinada a financiar las transformaciones de la educación. Veremos que pese a las dificultades que ha debido sobrellevar, la reforma laboral traerá mejores relaciones de asociación y cooperación entre el capital y el trabajo.

Conseguiremos despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales, y consolidaremos el régimen proporcional que vino a remplazar al sistema binominal. Y no abrigamos dudas de que daremos pasos progresivos desde el pilar solidario hacia el pilar contributivo de la reforma previsional. Como no nos asisten irresoluciones acerca de la necesidad y justicia de la gratuidad en la educación superior. Porque la educación, la salud, el trabajo decente, la protección integral de la infancia y adolescencia, son derechos universales que, en la era del conocimiento, de la tecnología y de la productividad del trabajo, deben ser garantizados, exigibles y justiciables, como parte del progreso humano hacia la sociedad de personas y comunidades que anhelamos.

Opción de centroizquierda y primarias

Para afianzar estos logros necesitamos de una coalición mayoritaria. Y para resolver nuestra opción presidencial dentro de esta coalición mayoritaria, no existe mejor medio que el mecanismo de primarias que contribuimos a institucionalizar y a fijar como un atributo más de nuestra democracia desde que, en 1993, postulamos a Eduardo Frei como candidato y acogimos a Ricardo Lagos como su leal competidor. Que nadie se confunda: ¡este debe ser el procedimiento para seleccionar la carta democratacristiana, y también el que permita elegir a quien encabezará el programa del conglomerado para el periodo 20182022!

La vocación política de la Democracia Cristiana es servir al país desde una opción preferente por lo más pobres, defendiendo el progreso y la seguridad de las clases medias que viven de su trabajo y esfuerzo. Creemos, y así lo confirman los gobiernos de la Concertación y de la Nueva Mayoría, que la eficacia de este servicio está dada por una coalición de centro-izquierda amplia, unitaria y clara en sus objetivos programáticos. Por eso, luchamos para que sus aspiraciones sean coronadas con éxito y su quehacer se proyecte más allá de la actual administración. Así lo hemos reiterado en nuestras máximas instancias de decisión.

Es el camino correcto. Es la vía buena y verdadera que no deja espacio a las ofertas erráticas y aventureras, y que responde a la sensatez básica de los ciudadanos frente a las involuciones populistas, principalmente a las experiencias neo-autoritarias.

La Democracia Cristiana es un partido político institucionalizado. En consecuencia, es una organización que cuenta con estructuras y normas a través de las cuales canaliza la deliberación pública, de modo que nadie más que sus órganos legítimos tiene la autoridad para representar los intereses de la colectividad ante el Gobierno, el Parlamento, la Magistratura y las demás instituciones del Estado.  

En momentos de grandes turbulencias como el actual sólo quienes se mantienen unidos se hacen más fuertes y vencen la adversidad.

Por eso, debemos poner fin a la captura que un puñado de militantes ejerce sobre nuestro Partido. Por eso, exigimos que se respeten las decisiones emanadas del Consejo Nacional y de los votos políticos ratificados por la Junta Nacional.

No basta con pedir perdón

En el actual escenario, cuando enfrentamos una de las peores crisis de legitimidad y de credibilidad del sistema político, cuesta mantener la motivación en alto. Ser joven y militar en un partido político parece ser hoy en día una excentricidad. A ratos, un absurdo. Se torna difícil seguir bregando porque, al igual que el resto de la ciudadanía, también sentimos decepción, rabia y frustración al ver cómo otros han arruinado el espacio político, el amor por lo público y una actividad que, por definición, debiera ser noble, de entrega, de servicio y no de satisfacción de intereses personales.

Debemos aprovechar esta oportunidad y lograr separar el poder económico del poder político. Debemos poner fin a la servidumbre de la política al dinero. Estamos postulando una convivencia cívica a la altura del Estado democrático y constitucional de derecho que proclamamos. Estamos exhortando a un comportamiento mínimamente respetuoso de los principios éticos, dentro de los cuales, la consistencia entre lo que dicen y lo que hacen los partidos y sus dirigentes, debe ser un hecho palpable.

Porque la gente juzga el contraste entre un partido que valora su reforma agraria, su sindicalización campesina, su promoción popular —en suma, la libertad y autonomía con que defiende y promueve estas grandes conquistas de justicia—, y el modo desembozado con que poderosos intereses económicos y redes financieras intervienen en las campañas de sus candidatos y disciplinan su voto en las asambleas deliberantes. En ocasiones, incluso pisoteando a las personas y mancillando su dignidad. Como reza el dicho, quien pone la plata pone la música. Y ésta es la más importante lección que nos dejan PENTA, SQM, KDM, CAVAL y las compañías pesqueras, gracias a la resuelta acción del ministerio público, sin duda, el actor más relevante de esta etapa de regeneración moral y política que atraviesa el país.  

Quienes practican estas oscuras conexiones, generando con ello la subordinación de la actividad política partidaria, parlamentaria y gubernamental a los negocios, se alejan del pluralismo amplio y unitario que impregnó la vida de la Falange Nacional y de la Democracia Cristiana.

Son grupos herodianos, genuflexos a poderes externos, y cuyas motivaciones e ideales no deben hallar cabida en la Democracia Cristiana. Sus malas prácticas políticas deben ser erradicadas.


Santiago, 28 de julio de 2016.




martes, 22 de marzo de 2016

REFORMA LABORAL: POR UNA DEMOCRACIA CRISTIANA COHERENTE CON SU HISTORIA



Nuevamente algunos militantes de la Democracia Cristiana reunidos en torno al Grupo «Progresismo con Progreso» han formulado severas críticas a otro proyecto del gobierno que busca complementar la tarea por una mayor igualdad en que nos encontramos empeñados para hacer de Chile un país más inclusivo y con mayor densidad democrática.

Esta vez fue el turno de la Reforma Laboral (RL). Sus argumentos por legítimos que sean no contribuyen al debate ponderado y razonable que necesitamos tener para crear las condiciones que nos permitan superar los desafíos de un país que ha agotado un ciclo político y que requiere revertir la tendencia de rendimientos decrecientes en lo económico (bajo crecimiento del PIB) y social (persistencia de una alta desigualdad).

Sorprende la similitud de sus argumentos críticos con los esgrimidos por sectores de derecha durante el actual período de tramitación legislativa.

Así es, argumentar que esta RL pone en riesgo el crecimiento de la economía, la creación de empleos y la capacidad para incrementar los salarios en el largo plazo es lo que hemos escuchado de parte de la derecha y de algunos sectores empresariales. Es por lo demás el mismo argumento que conocimos al inicio de nuestra transición democrática cuando el presidente Aylwin propuso reformas en el ámbito tributario y laboral, entre otras, y que la realidad demostró ser falsos pues el país creció a tasas históricas en la década de los noventa, lo que sólo se detuvo por efectos del contagio de la crisis asiática.

El error de este argumento está en su simplismo, pues omite la experiencia comparada del mundo desarrollado que nos muestra sistemáticamente que para saltar la trampa de los ingresos medios, los países requieren combinar simultáneamente tres logros, como son mantener un horizonte futuro de una década de altas tasas de crecimiento económico, acompañado de una reducción sostenida de la desigualdad y de una consolidación y perfeccionamiento de sus instituciones democráticas (Alejandro Foxley, 2012).

Por el contrario, nuestros camaradas critican la RL arguyendo que con ella Chile se aleja de los países agrupados en la OCDE. Nuevamente omiten la evidencia empírica que muestra que mientras en promedio estos países tienen una tasa de afiliación sindical del 17,1% y una tasa de cobertura de negociación colectiva de 62%, Chile presenta tasas promedio de 15,3% y 6%, respectivamente.

Demonizan el no reemplazo interno en huelga, pero omiten que en los países europeos donde este se ha permitido por vía de decisiones judiciales particulares, los sindicatos pueden votar huelgas sorpresivas sin previo aviso a los empleadores y que el proyecto del gobierno considera, en el peor de los casos, un plazo mínimo de 55 días antes de que ésta se haga efectiva. Omiten también que en la mayoría de estos países existe la negociación colectiva por rama o sector de actividad. Si no ¿cómo se explica sus altas tasas de cobertura en negociación colectiva?

Comparten además el argumento de la derecha al estigmatizar esta reforma como una reforma sindical por no incluir una modernización de los programas de capacitación laboral y que apunte directamente a incrementar la productividad de los trabajadores y sus ingresos, obviando que la actual reforma laboral sólo busca perfeccionar nuestra actual legislación en materia de derechos colectivos para alcanzar un mayor equilibrio de poderes entre la parte trabajadora y empleadora al interior de las empresas. Esto, en miras de facilitar las condiciones para una mejor distribución de los ingresos del trabajo o, dicho en otras palabras, disminuir las asimetrías de poder en las relaciones laborales.

Esta preocupación por muy válida que sea, sabemos que debe ser abordada en una agenda más bien vinculada al desarrollo productivo y de políticas de empleo y empleabilidad, pero jamás desde aquella que apunta exclusivamente al fortalecimiento de los derechos colectivos de los trabajadores. A menos que lo que se quiera decir, es que desmantelar o desregular completamente estos derechos, sí constituye una buena política de empleo.

Pero digámoslo claramente, no son sólo las razones técnicas las que determinan nuestra disposición favorable a esta reforma, también son fundamentales los principios y convicciones que nos alientan como demócratas cristianos. Está en nuestra esencia superar la dialéctica estado-mercado, lo nuestro es también la construcción de comunidad o dicho en lenguaje moderno, la acumulación de mayor capital social.

Esta reforma laboral no merece ser vista como una amenaza, sino que como una oportunidad para avanzar en igualdad y construcción de un mayor asociativismo y empoderamiento de los trabajadores y trabajadoras.

El temor al cambio es propio y consustancial a la derecha chilena y, por lo mismo, muy lejano al pensamiento e historia de la Democracia Cristiana.

Apoyamos esta Reforma Laboral porque creemos que es necesario cambiar las relaciones al interior de las empresas, las que se caracterizan por altos niveles de desconfianza, escasa colaboración y carencia de diálogo entre los actores, lo que no es de extrañar en un Chile en que el nivel de confianza interpersonal alcanza sólo al 13% y que muestra comparativamente con el mundo desarrollo un déficit significativo de capital social.

Apoyamos esta RL porque sabemos que la experiencia empírica y comparada muestra que sus orientaciones serán una fuente generadora de externalidades positivas en dos ámbitos. Primero, la evidencia empírica sugiere consistentemente que en las organizaciones donde se verifican buenos procesos de negociación colectiva acompañados de altas tasas de asociatividad de sus trabajadores -sindicatos fuertes- generan entornos que favorecen relaciones laborales modernas, justas y equilibradas. Segundo, empresas con sindicatos fuertes y profesionales (OIT, 2013) mejoran la redistribución vía remuneraciones, establecen con más facilidad incentivos por rendimiento e invierten más en capacitación de sus trabajadores. Por ello, se afirma que la existencia de sindicatos genera círculos virtuosos.

Para mayor abundamiento, David Kreps, académico de la Universidad de Stanford invitado recientemente a Chile, sostuvo a propósito del debate de la RL que "estudios recientes señalan que en promedio, los sindicatos mejoran la productividad y aumentan el total de ganancias a repartir. Entonces, cuando se ha dado al sindicato una voz fuerte, se ha producido una relación laboral más productiva. En el caso chileno, si los empresarios y los sindicatos tienen buenas relaciones, las reformas mejorarán la productividad hasta beneficiar a ambos. Sin embargo, donde no hay buenas relaciones, sufrirán ambos. En mi opinión, es deber de los empresarios buscar una relación positiva".

Asimismo, siempre es bueno recordar, que el contrabando ideológico y la contaminación técnica a nadie favorecen. Es más probable que se legisle mal si no hay espacio para un diálogo serio y constructivo a que si, por lo contrario, nos damos la oportunidad de escucharnos y abrirnos a la razón del otro. Varias de las indicaciones del Ejecutivo son una prueba de ese espíritu.

Es más necesario para un país que aún no alcanza su desarrollo la construcción de un consenso político y económico-social amplio a otro que ya lo consiguió. Peor aún, si ese país está expuesto a una crisis de legitimidad y representatividad de su sistema político, es responsabilidad de todos, especialmente de su elite, redoblar estos esfuerzos.
 

Lo paradójico del Chile actual es que estas obviedades anteriores no están presentes. La tramitación de la RL es un buen ejemplo de estos males que nos aquejan.

Cuantas barbaridades se han tenido que escuchar en nombre del crecimiento económico. En qué quedó el consenso manifestado en la elección presidencial pasada en el sentido que debíamos reforzar la búsqueda de una mayor igualdad sin descuidar el crecimiento económico, dejando así atrás definitivamente el paradigma neoliberal de la dictadura.

Por último, apoyamos esta Reforma Laboral para ser fieles con la historia del Partido y de sus grandes líderes sindicales como son Manuel Bustos, María Rozas y Pepe Ruiz Di Giorgio.

ALDO CORNEJO
ALEJANDRO GONZÁLEZ
BELISARIO VELASCO
CLAUDIO ARRIAGADA
CRISTIAN MORALES
DIEGO CALDERÓN
EDUARDO ABEDRAPO
ENRIQUE BERTRÁN
EVA JIMÉNEZ
FREDDY CAMPUSANO
GABRIEL RODRIGUEZ
GABRIEL SILBER
HECTOR GARATE
HUGO MUÑOZ
JOAQUIN CABRERA
JORGE BERAZALUCE
JORGE CONSALES
JOSE CASTRO
JOSE CRIADO REYES
JOSE SOTO SANDOVAL
JUAN DÍAZ BERRIOS
JUAN MANUEL SEPÚLVEDA
JUAN MORANO
JUAN PABLO SEVERIN
LUIS EDUARDO THAYER
LUIS PLATONI
MARCO SOTO
MARIANELA CERRI
MARIO VENEGAS
MAURICIO JELVEZ
NESTOR GUTIERREZ
NICOLÁS MENA LETELIER
OMAR JARA
OSCAR SOTO RIVEROS
PATRICIO VALLESPIN
PILAR MALLEA ARAUS
RAMÓN MALLEA
RAMON MALLEA ARAUS
RENE SAFFIRIO
RICARDO HALABI CAFFENA
RICARDO RINCÓN
RODOLFO FORTUNATTI
SERGIO OJEDA
SOLEDAD LUCERO
VICTOR TORRES
YASNA PROVOSTE CAMPILLAY

domingo, 13 de septiembre de 2015

POR LA RAZÓN DE LA VOLUNTAD POPULAR Y LA FUERZA DE NUESTRAS IDEAS

El Triunfo de la República, Plaza de la Nación, París.


Se dice de Chile que es un pueblo resiliente a las catástrofes, dotado de una especial capacidad  para enfrentar terremotos, incendios, inundaciones y otros desastres semejantes, y para sobreponerse a ellos. Se puede decir de Chile que, lo mismo que frente a los golpes de la naturaleza, es también un país resistente a las tragedias políticas que han oscurecido momentos cruciales de su historia, y de las cuales, gracias a su sensatez y flexibilidad, ha conseguido imponerse al dolor y restablecer sus equilibrios.

En contra del poder de una minoría que cambió el curso de nuestro desarrollo económico, político e institucional, amparada en el uso de la fuerza, Chile fue capaz de movilizarse y de reconquistar la libertad, el respeto por la dignidad esencial de las personas y la paz social. La suya fue una lucha épica, pero también dolorosa por el sufrimiento de tantos chilenos víctimas de la represión, vivos en nuestra memoria a través de los testimonios de Eduardo Frei Montalva y Bernardo Leighton.  

A ese Chile pertenece también el mérito de haber logrado una transición a la democracia sin enfrentamientos fratricidas que, aunque prolongada, ha permitido ir cerrando heridas, combatir la pobreza, mantener la estabilidad política y garantizar la alternancia en el poder. Luego, no al margen, sino en la trayectoria de esta evolución madura que le brindó a la derecha y a Sebastián Piñera la oportunidad de retornar al poder y de realizar sus planes, fue que la ciudadanía respaldó a la Presidenta Michelle Bachelet, a su programa de gobierno y a la Nueva Mayoría.

Este paso trascendental fue ratificado en las urnas en tres momentos sucesivos del debate y de la formación del juicio ciudadano: en las elecciones primarias, en la primera vuelta presidencial, y en el balotage, cuando la Presidenta recibió el 62 por ciento de respaldo. Para quienes abrigamos convicciones democráticas y republicanas, dicho veredicto y la autoridad que inviste, tienen un valor imperativo que no admite relativismos, pues constituyen la expresión política de la soberanía popular que reside en el pueblo y se manifiesta a través de elecciones libres, periódicas e informadas.

Hoy, la pérdida de confianza en la actividad política y en sus representantes, ha podido crear una atmósfera de intolerancia que amenaza con despojar a nuestra cultura cívica del espíritu de diálogo, respeto y entendimiento que nutre la convivencia democrática y preserva la legitimidad de las instituciones republicanas. Nadie puede ser indiferente a este hecho, menos quienes tuvieron participación en la formación del gobierno.

Los militantes democratacristianos firmantes queremos declarar al país lo siguiente:

1. La Democracia Cristiana fue, es y será un partido político de vanguardia social, por lo que expresamos nuestra absoluta lealtad y respaldo al actual Gobierno dirigido por la Presidenta Michelle Bachelet Jeria, gobierno el cual contribuíamos a elegir, participando activamente en el programa y en la campaña presidencial.

2. Asimismo, declaramos nuestro apoyo a  las reformas económicas, sociales y políticas impulsadas por el actual Gobierno, entendiendo que éstas son necesarias para avanzar hacia un país más equitativo y democrático, que propenda a disminuir las desigualdades económicas y sociales, integrando a los sectores más desposeídos de nuestra sociedad al progreso material y espiritual.

3. Nos declaramos como un partido político fundador y miembro de la Nueva Mayoría, reconociendo en esta alianza a una coalición política, que por la pluralidad y compromiso con las transformaciones sociales de sus partidos integrantes, constituye la alianza  política natural de la Democracia Cristiana. Por lo mismo, creemos importante su proyección política más allá del actual Gobierno.

4. Manifestamos nuestro irrestricto apoyo a las propuestas emanadas del Consejo Asesor Presidencial contra los Conflictos de Interés, el Tráfico de Influencias y la Corrupción, conocida como Comisión Engel, para lo cual abogamos por su materialización como Leyes de la República, en el periodo más breve posible.

5. Afirmamos la identidad de la Democracia Cristiana, de la que son tributarias la Revolución en Libertad, la oposición honesta y responsable al gobierno de Salvador Allende, la lucha por los derechos humanos, la movilización política y social contra la dictadura, la Concertación Democrática, los gobiernos de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet, y la Nueva Mayoría. Esta memoria moldea el carácter plurinacional y popular de nuestra colectividad, y la sitúa entre las grandes corrientes humanistas contemporáneas. 

Estos compromisos constituyen una guía para la acción, que llevaremos a la práctica en toda instancia política de decisión.



Renán Fuentealba Moena, ex presidente del PDC
Ricardo Hormazábal Sánchez, ex presidente del PDC
Belisario Velasco Baraona, ex secretario nacional del PDC
Carlos Eduardo Mena, ex secretario nacional del PDC
Mariano Ruiz-Esquide Jara, ex senador
Andrés Aylwin Azócar, ex diputado
Andrés Palma Irarrázabal, ex diputado
Víctor Torres, diputado
Fuad Chaín, diputado
Gabriel Silber, diputado
Yasna Provoste, diputada
Soledad Lucero, vicepresidenta del PDC
Diego Calderón, presidente de la JDC
Abdón Anaís Rojas, militante
Alejandra Miranda, consejera nacional del PDC
Alejandro Carrasco, dirigente social
Alejandro Carril, presidente comunal La Reina
Alejandro Godoy Urrutia, militante
Alejandro González González, dirigente social
Alejandro Gutiérrez, militante
Alejandro Casanova Toro, militante
Alfredo Medina, militante
Ana Elgueta Pradenas, vicepresidenta comunal de Temuco
Andrés Mosqueira, militante de la 1ª comuna de Santiago
Braulio Contador, cirujano dentista
Camila Briceño, consejera nacional de la JDC
Carlos Eduardo Contador Casanova, militante
Carlos Espinoza Jara, ex consejero nacional del PDC
Carlos Haefner Velásquez, doctor en sociología
Carolina Romero, militante
Cecilia Agüero, concejala de Valdivia
Cecilia González Hansen, militante
Cecilia Valdés, ex consejera nacional del PDC
César Vargas Neira,  ex presidente de la JDC de San Bernardo
Clara Almuna López, militante
Claudio Acuña Le Blanc, consejero regional de Arica y Parinacota
Claudio Bahamondes Camus, vicepresidente comunal de El Monte
Claudio Barahona, militante
Claudio Muñoz, ex presidente de la  JDC de La Florida
Cristian Bisquertt Zavala, ex secretario general de la JUDCA
Cristian Maureira, vicepresidente comunal de Recoleta
Cristian Morales, militante
Danilo Chamia López, ex presidente del PDC de Puerto Montt
David Herrera Barrientos, ex consejero nacional del PDC
Edith Rivera, presidenta Adulto Mayor FPT
Edmundo Leiva Seguel, vicepresidente de la región de Magallanes del PDC
Eduardo Salas López,  profesor
Enrique Álvarez, ex vicepresidente de la JDC
Enrique Bertrán, ex presidente Comisión de Cultura del PDC
Enrique Fell, militante
Esteban Tumba, dirigente social
Felipe Vallespir, dirigente de la JDC
Fernando Arzola Burgos, ex presidente de la JDC del Ñuble
Fernando Martínez Mercado, abogado
Florencio Ceballos, abogado
Francisco Garay, presidente de la 9ª Comuna de Santiago
Francisco Javier Rodríguez, militante
Gastón Alvear, militante
Germán Venegas, presidente comunal de San Bernardo
Gonzalo Tello, ex presidente de PAC
Graciela Bórquez, ex consejera nacional del PDC
Guillermo Uribe Peralta, profesor y dirigente social
Héctor Otárola, profesor
Hernán Kohenenkampf, ex concejal
Hugo Maturana Aguilar, militante
Hugo Muñoz Sandoval, presidente de la JDC Biobío
Humberto Burotto, ex consejero nacional del PDC
Isabel Velasco, ex presidenta de la SECH
Jocelyn Espinoza, presidenta comunal de Renca
Jorge Consales Carvajal, vicepresidente de la ANEF
Jorge Donoso Pacheco, periodista
Jorge Lagos, ex presidente regional de la JDC
Jorge Lozano Ibacache, ex candidato a concejal por Renca
Jorge Pinochet Jiménez, ex consejero nacional de la JDC
José Luis Suárez Muñoz, militante
José Soto Sandoval, consejero regional metropolitano
Juan Antonio Puig Valenzuela, ex candidato a concejal por Providencia
Juan Claudio Reyes, militante
Juan Díaz Berrios, militante
Juan Esteban Bravo Menéndez, ex secretario regional Metropolitano
Juan Esteban Moreno, vicepresidente comunal de Aysén
 Juan Carlos Hernández, militante
Juan Humberto Mera Lucero, vicepresidente de la comuna de Valdivia del PDC
Juan Imilán Paisil, militante
Juan Manuel Sepúlveda, sindicalista
Juan Miguel Carril, militante
Juan Miguel Jara, ex subsecretario del PDC
Juan Pablo Ceballos, ex presidente regional de la JDC
Juan Pablo Fuentealba Evans, historiador
Karina Aedo, militante
Laura Albornoz, ex vicepresidenta nacional del PDC
Laura Gárate Pereira, secretaria comunal 10ª comuna de Santiago
Laura Lubi, militante
Luis Moya Santander, militante
Luis Plattoni Flores, presidente Provincial Maipo
Luxem Burgos, ex concejal de Ñuñoa
Manuel Andrés Zaldívar, publicista
Manuel Tobar Leiva, vicepresidente regional V Costa
Marcel Young, ex embajador
Marcela Uribe, militante
Marcia San Martín, presidenta de la JDC Pemuco
Marco Ensignia, ex dirigente universitario
Marco Soto, militante
María Angélica Fernández Amunátegui, militante
María Antonieta Escobar Silva, vicepresidenta del Frente de Trabajadores del PDC
María Eugenia Toledo Villar,  ex directora del Departamento de la Mujer de San Javier
Marianela Cerri, militante
Mario Cañas Wahl, profesor
Mauricio Díaz, militante
Miguel Francisco Vásquez González, militante
Miguel Vega Fuentes, dirigente sindical
Miguel Vidal Miranda, ex presidente del PDC de Magallanes
Myriam Verdugo, consejera nacional del PDC
Néstor Sepúlveda Sepúlveda, militante 1ª comuna de Santiago
Nicolás Mena, ex consejero de la JDC
Nicolás Torrealba, militante
Oscar Osorio, militante
Osvaldo Aravena, ex presidente distrital de Talagante
Paola García Alcerreca, encargada electoral del PDC de Cartagena
Patricio Huepe, ex gobernador
Patricio Mierzejewski, militante
Pedro Espinoza Gómez, profesor y dirigente sindical
Pedro Hernández González, militante
Pedro Olea, militante
Pilar Mallea Araus, ex vicepresidenta de la JDC
Ramón Espinoza Rocha, secretario distrital del Biobío
Ramón Mallea Araus, ex candidato a presidente JDC
Ramón Mallea Santibañez, concejal de Melipilla
Ranulfo Monsalve, militante
Raúl Donckaster, alcalde de La Reina
René González González, ex dirigente del Colegio de Profesores
Ricardo Moreno, vicepresidente del Frente de Trabajadores
Ricardo Silva Campos, militante
Roberto Astudillo Oyarzún, ex concejal de Estación Central
Roberto Ramos González, militante
Rodolfo Fortunatti, vicepresidente del Frente de Profesionales del PDC
Rodolfo Salgado, profesor
Rodrigo Albornoz, ex consejero nacional del PDC
Rodrigo Lagos Fuentes, presidente comunal  y concejal de PAC
Ronald Ravilet, militante
Rosita Guzmán Cubillos, profesora
Santiago Mejías, ex dirigente universitario
Sergio Hinojosa, militante
Silvana Vidal, militante
Tomás Rogers, militante
Tonci Tomic, militante
Verónica Mallea, delegada a la Junta JDC
Verónica Montecinos, militante
Víctor Hermosilla Arévalo, militante
Víctor Hugo Márquez Altamirano, ex gobernador provincial de Chiloé
Víctor Manuel Leiva Maureira, militante
Viviana Andrade Moll, presidenta del distrito 56 del PDC
Viviana Quiero Zárate, profesora y secretaria comunal de Los Andes
Waldo Crisóstomo, ex concejal


                                               13 de septiembre de 2015