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miércoles, 12 de agosto de 2020

LA DC EN LA CENTROIZQUIERDA

 Rodolfo Fortunatti


En vísperas del aniversario 63° de la fundación de la Democracia Cristiana, el 28 de julio pasado, el senador Francisco Huenchumilla envió una carta a la militancia del partido. En ella el exintendente de La Araucanía formula una propuesta que, en lo sustantivo, exhorta a la conformación de una directiva nacional «unitaria», término que alude a la concurrencia de la vasta diversidad de visiones políticas y estratégicas de la colectividad. Mesa «ampliada», además, a un consejo de presidentes regionales con facultades ejecutivas generales.

El exministro ofrece cuatro argumentos para sustentar esta propuesta. De entrada, señala que se precisa un cambio, a la luz del desgaste electoral y orgánico que viene exhibiendo el partido. Seguidamente, que la actual mesa tiene su mandato vencido, y que no corresponde que éste se prolongue por la vía de los hechos consumados. Luego, que se requiere integrar y representar a los distintos sectores para que todos se sientan reflejados en la nueva conducción. Por último, que una elección interna no es solución, porque se convertiría en una lucha de poder que postergaría el debate esencial sobre las definiciones de fondo.

Autocomplacencia: el freno al progreso

Cada una de estas razones tiene elementos a favor y en contra, que es conveniente aquilatar en su mérito —que lo tienen—, para formarse un juicio político ajustado a la realidad y actuar en consecuencia.

La preocupación del senador Huenchumilla por el declive de la DC es un hecho concreto que puede ser demostrado a la luz de las estadísticas electorales de la transición. Solo que este descenso no se inicia el año 2000, como sugiere el autor, sino en la segunda mitad del gobierno de Aylwin. Y si bien la promesa Para Los Nuevos Tiempos de Frei, consiguió atenuar esta caída, hacia el año 1997 la pendiente se hizo demasiado evidente como para desconocerla. Y no fue ignorada. O, mejor dicho, nadie quedó indiferente al debate que, por entonces, protagonizaron los calificados de modo peyorativo como autocomplacientes y autoflagelantes, y que ya daba cuenta de las insatisfacciones que empezaban a despertar en la población tanto la negociación como los límites de la democratización. No es posible entender el Estallido y el malestar social que lo alienta, sin tomarle el peso al daño que ha ocasionado a la centroizquierda, en términos de credibilidad y de resultados políticos y electorales, la proverbial actitud de los autocomplacientes. De cara al cambio de época, parece haber llegado la hora de procesarla.

«Esperaría que los hombres y mujeres que siguen añorando el pasado, dejen la conducción de esta transición —ha emplazado la senadora Yasna Provoste―. Tuvieron su tiempo, deben dejar paso para que la DC se fortalezca en una alianza para las transformaciones».

Fecha de vencimiento: 18/10/2019

La mesa conducida por el exdiputado Fuad Chahín se instaló hace más de dos años gracias a la alianza mayoritaria y representativa de las principales facciones de poder interno. Lo hizo con el sugestivo propósito de emprender «la revolución de la dignidad» y de poner al PDC en la primera línea del debate nacional. El Estallido del 18 de Octubre puso la revolución de la dignidad en primera línea, y empujó al PDC a firmar una salida institucional, que no otra cosa fue el acuerdo del 15 de noviembre por el cual se fijó un plebiscito para reformar la Constitución. El mandato de la actual mesa está vencido desde el Estallido, como superados y agotados están los programas y adhesivos de los grupos que le brindaron apoyo. De ahí la urgencia de la sucesión.

Es deseable, como indica el senador, que una nueva mesa refleje la diversidad interna, pero es también una aspiración muy sentida que no haya facultad de veto de ninguno de sus miembros sobre la gestión política, lo cual hoy se ve como un requisito difícil de satisfacer. Porque ha surgido una diversidad distinta, como la destacada por seis presidentes regionales, que no es conciliable con las antiguas fórmulas que llevaron al fracaso, y que debe abrirse paso para gobernar.

Otra diversidad, mayoritaria y unitaria

Aquella diversidad es la que se expresa en el cambio de la Constitución, a diferencia de su pura enmienda. Se manifiesta también, en una Convención Constituyente, enteramente elegida por la ciudadanía, a diferencia de una Convención Mixta, donde una parte de la asamblea esté compuesta por actuales parlamentarios, como se recordará era el camino aconsejado por los resabios autocomplacientes. Se revela en el retiro del diez por ciento de las AFPs, a diferencia del dogma liberal que considera intocable la herencia económica del régimen civil militar. Se expone en el deseo de construir una mayoría de centroizquierda para gobernar, a diferencia de quienes quisieran mantenerse en el confinamiento político y en un «virtual pacto por omisión», que permite a la derecha conquistar el poder y conservarlo. Se muestra en el futuro que nace después de esta crisis social, sanitaria, económica y política, a diferencia del pasado que muere con ella.

Esta nueva conducción debería clausurar la experiencia neoliberal y, por eso, su misión debería ser representar la identidad de vanguardia, reformadora y popular que ha encarnado en sus momentos estelares la Democracia Cristiana. Hoy por hoy, es perentorio para todos marcar estas diferencias.

Por último, el senador Huenchumilla ha planteado que no es conveniente realizar una elección interna que mantendría las cosas como están. Convengamos que siempre ha existido el riesgo de que la lucha por los cargos desatienda la renovación de las ideas. Sin embargo, admitamos que nada mantendría mejor las cosas como están que una mesa de integración que detuviera el tiempo en los equilibrios de poder —y en las ideas que le dieron origen— anteriores al Estallido. Sería un anacronismo a la luz de la actual coyuntura.

La elección de una nueva dirección política es imperativa para el aggiornamento de la centroizquierda, y lo es para un partido que aspira a ser parte de la historia política y constitucional que se abrió con el Estallido.

No hay nada que impida la renovación de la mesa de la Democracia Cristiana y, sí muchos desafíos futuros que la justifican.

Si el Plebiscito del 25 de octubre se realiza, y no hay comuna del territorio nacional en estado de cuarentena, entonces debería ser el momento de concretar dicho proceso, aun cuando no se haya efectuado la junta nacional pendiente.

Desde luego, el senador Francisco Huenchumilla, cuya misiva ha justificado estos párrafos, es una de las mejores opciones que posee la Democracia Cristiana para encabezar este desafío.

13 de agosto de 2020.


domingo, 1 de diciembre de 2019

LA BURBUJA DE LA VIEJA GUARDIA DC

Rodolfo Fortunatti




Bajo el título Orden público y paz social: en defensa de la democracia, dieciséis exministros de la Democracia Cristiana se pronuncian sobre la actual crisis. Se trata, sin embargo, y probablemente estimulado por el calor de las luchas de intereses y fuertes disputas ideológicas, de un planteamiento incoherente, extemporáneo y divorciado de la realidad.

Censuran a quienes no se sumaron al acuerdo por una nueva Constitución, pero no reparan que, a la luz de mediciones de opinión, estos sectores de la población representan al menos un tercio del país. Tampoco observan que los mismos dirigentes que lo firmaron todavía muestran insatisfacción con el acuerdo.

Alaban los consensos de la agenda social, pero admiten cuán insuficientes son, y precisamente en torno a lo medular de dicha agenda como son las pensiones e ingresos. No debiéramos olvidar que la mayoría de los exministros frenaron en el pasado, incluso en contra de sus propios gobiernos y alianzas políticas, iniciativas de justicia social tendentes a afianzar la paz y estabilidad de cuya pérdida hoy se lamentan.

Imputan en duros términos, y con un lenguaje propio de los tiempos de la Guerra Fría, a los sectores políticos que no firmaron el acuerdo la responsabilidad política de la violencia. Una acusación sin ningún fundamento, pues la violencia que aluden las ex personalidades es la de los saqueos, la destrucción, el vandalismo y la delincuencia, en los que participan anarcos, narcos, lumpen, delincuentes comunes, es decir, delitos comunes que afectan la seguridad de las personas y que todo el mundo condena. Procuran establecer un nexo entre los partidos y movimientos de izquierda y la violencia organizada, pero admitiendo que ésta aún no ha podido ser identificada y, de este modo, anulando automáticamente dicho nexo. Pero insisten en criminalizar la movilización y las protestas del mundo social organizado al sindicalizarlas como las causantes de los delitos en cuestión. Explícitamente acusan a los movimientos sociales de un “infantilismo revolucionario” (sic) que promueve y activa la violencia generalizada.

En un ya obsesivo anticomunismo, e ignorando la evidencia teórica y práctica acopiada, afirman que quienes se restaron del acuerdo son los mismos de la transición democrática de hace treinta años. Frente a esto habrá que recordarles dos cosas. Primero, que la mayoría de ellos —puros hombres— fueron los autores intelectuales y materiales de aquella transición que nos legó la ilegítima Constitución que nos rige y cuyas consecuencias hoy están a la vista. Segundo, que las formaciones políticas y sociales que se opusieron al acuerdo son nuevas, como jóvenes y mujeres son sus miembros y, por consiguiente, no podrían haber sido nunca los mismos de hace treinta años.

Pero la conducta más temeraria de los ex ministros ocurre cuando instalan un parteaguas, una fisura de arriba abajo, una brecha profunda, entre los buenos y malos democratacristianos. Los buenos, aquellos que aplauden a pie juntillas un acuerdo constitucional hasta ahora impreciso, y aquellos otros que lo cuestionan. Los buenos, aquellos que suscriben sin más la agenda militarista del gobierno, y aquellos que la ven como un retroceso de la democracia y las libertades civiles. Los buenos, los autocomplacientes que bloquearon el “frenesí de reformas”, como calificaron en su día el programa de Michelle Bachelet, y los autoflagelantes, que han venido criticando el modelo económico y el régimen político heredado de la dictadura, causantes del estallido social.

¿Cuáles son las motivaciones de las ex autoridades para formular tal admonición?

La reacción de los ex ministros obedece a un principio básico, cual es, que se aislaron del país y de su evolución moral, política y social. Aislaron sus propias ideas del curso que tomaron las nuevas manifestaciones del pensamiento. Se aislaron de la Democracia Cristiana, de su identidad, de su historia y de su proyecto, y, de este modo, se apartaron de la práctica política cotidiana. Se aislaron del sentido por el cual el país construye su pasado y su presente. Y así, se fueron envolviendo en una burbuja que aún los separa de su propia y fatal realidad: han perdido la gravitación que tuvieron, y ya no tienen trascendencia en el futuro de la política contemporánea.

lunes, 18 de febrero de 2019

DEMOCRACIA PARA VENEZUELA ¿QUÉ MEDIOS?

Por Rodolfo Fortunatti




Una de las influencias más cruciales de Jacques Maritain en la generación de jóvenes que fundó la Falange Nacional y, más tarde, la Democracia Cristiana, fue aquel principio doctrinario según el cual la acción política es una actividad moral. Que sea moral significa que debe proponerse fines buenos y verdaderos, tales como la democracia, como el respeto a los derechos humanos, o como la paz entre los pueblos. Pero de modo muy importante, que los medios sean proporcionados y apropiados al fin perseguido. 

Se preguntaba el filósofo francés en El Hombre y el Estado: ¿No es acaso un axioma universal e inviolable, un principio fundamental evidente, que los medios han de ser proporcionados y apropiados al fin, puesto que son vías hacia el fin y, de alguna manera, el fin mismo realizándose? Lo es tanto como emplear medios intrínsecamente malos para avanzar a un fin intrínsecamente bueno es una equivocación y un sinsentido concluía Maritain sin el menor atisbo.

Ningún democratacristiano formado en la vieja escuela ignora este principio, como nosotros no lo ignoramos cuando juzgamos la crisis venezolana y pronunciamos un rotundo ¡no! a la intervención ilegítima en el país caribeño, en contraste con la opinión de quienes han reconocido a Juan Guaidó como «presidente encargado». Entonces fijamos una diferencia esencial respecto de estos. Porque tal vez coincidimos en el mismo fin bueno para Venezuela, que es la democracia, pero discrepamos de los medios.

Si los medios no son proporcionados, o sea, equivalentes al fin, no se logra el fin perseguido. Si los medios no son apropiados, es decir, ajustados al fin y a sus condiciones, tampoco se logra el fin anhelado.

Reconocer a Juan Guaidó como «presidente interino» de Venezuela, es prestar legitimidad a una autoridad paralela a la existente dentro del Estado venezolano, lo que en Chile y en los regímenes constitucionales se considera un acto de sedición, en sí mismo una equivocación y un sinsentido pues se están empleando medios malos para conseguir un fin bueno.

Al reconocer a Guaidó, se acepta así se ignorenel plan y el itinerario concordado previamente entre Guaidó y Washington, más la OEA y el Grupo de Lima. Se acepta el liderazgo de Donald Trump y de sus asesores en el manejo de la operación, se aceptan los embargos de activos venezolanos en el exterior, se acepta la eventual intervención armada de Estados Unidos, se aceptan los llamados a la insurrección de los institutos militares, se acepta un golpe de Estado, se acepta como costo una guerra civil, se acepta la presión sobre las fronteras de convoyes extranjeros con donaciones, y se acepta la violación de la soberanía de una nación independiente desde 1810. Se acepta la violación del derecho internacional y del Sistema de Naciones Unidas, que son sus órganos, tratados, convenciones y protocolos.

Aceptado todo esto, resultará luego una interpretación forzada sostener que en realidad lo que se apoyaba era una solución política, constitucional, democrática y pacífica. Y, a todas luces, un sinsentido, como diría Maritain, afirmar que se buscaba restablecer el imperio de los derechos humanos mediante la violación de los derechos humanos. 

Portaaviones Abrahm Lincoln
Si los medios son el fin mismo realizándose, ¿qué fin democrático se está anticipando con el despliegue de portaaviones nuclear y destructores estadounidenses en operaciones navales de intimidación? ¿Acaso una democracia protegida, tutelada, semi-soberana, como la chilena? ¿Quizá el nuevo vigía de Occidente?

Nuestros críticos no podrán eludir las consecuencias que tendrá todo esto en América Latina y en el porvenir de los más pobres y desposeídos.

El día de mañana apelaremos al derecho internacional para defender nuestra soberanía. Entonces nos dirán, con qué cara, con qué moral, con qué autoridad viene Chile a exigir esto para sí o para otro Estado. 

Ustedes, los chilenos, que reconocieron a un «presidente encargado» y a su «representante diplomática», ambos activos promotores del alzamiento militar contra el gobierno constituido, incluso a través de una invasión de Estados Unidos que traería guerra civil y más sufrimiento. 

Ustedes que han instigado el embargo de bienes que pertenecen al pueblo venezolano. 

Ustedes que han tolerado que Estados Unidos entregue el manejo de esos recursos al «presidente encargado». 

Ustedes que, en su doble estándar, apoyan el estrangulamiento de la economía venezolana hasta el límite del hambre y la enfermedad de su población más vulnerable, y luego montan el espectáculo de la ayuda humanitaria, para cumplir su parte del trato en este drama. 

Ustedes no tienen derecho a pedir respeto por sus demandas, cuando hace mucho tiempo perdieron el respeto por sí mismos.

Debiéramos tenerlo claro, pero no lo tenemos. Por lo que fue la transición chilena, sabemos que medios violentos no conducen a la paz, como medios de fuerza no destinan a la democracia y a las garantías de seguridad y protección de las personas. De ahí nuestra convicción doctrinaria de que el fin no justifica los medios.

miércoles, 6 de febrero de 2019

FREI MONTALVA EN LA HISTORIA


Marco Antonio Roca

 



Un país sin Historia está destinado a ser siempre huérfano y derivar en la oscuridad de una tormenta nocturna sin nunca amanecer.

Marco Antonio Rocca
Por otra parte, por la puerta grande de la posteridad venerada por la multitud, entran sólo los elegidos por su pueblo y por incontables nuevas generaciones. Las que, aunque no los hayan conocido personalmente, sienten en el fondo de su alma la necesidad de participar de la grandeza humana, como tal pasajera y no siempre victoriosa, pero cuya luz que guía no se extingue.

Así con O´Higgins, con doña Javiera Carrera, con Prat, con Andrés Bello, con Balmaceda, con el Padre Hurtado, con Clotario Blest, con Alessandri del año 20, con Aguirre Cerda, con Gabriela y con Neruda. Con hombres públicos, Presidentes y políticos más cercanos en el tiempo.

Pero ya es la hora de hablar de Eduardo Frei Montalva, 33 años después de su muerte por asesinato. Ganando o perdiendo elecciones sus sucesores, y el pueblo que no olvida lo exalta en altar cívico.

Es necesario recordar, parodiando a Malraux cuando recibe en nombre de la Francia las cenizas de Jean Moulin el lider de la Resistencia torturado hasta morir, y dice: “¿Sin la ceremonia de hoy cuántos niños franceses sabrían su nombre?”

Después de la muerte de Eduardo Frei Montalva han nacido siete millones trescientos mil niños y niñas chilenos que, a su tiempo, van a querer saber de él y su tiempo.

Fue no solamente uno de los más notables en la historia de Chile desde O’Higgins, sino tal vez el único líder chileno reconocido en la esfera mundial entre los grandes del siglo XX. De él dijo el General De Gaulle, “El Presidente Frei es uno de los más grandes estadistas de nuestro tiempo”.

Quienes pertenecemos a las últimas generaciones que él formó, los que pudimos trabajar con él, tenemos que pasar la antorcha a quienes están ahora en la ruta y a los que vendrán. 

La relación de todo lo que Frei hizo en su vida pública está ya escrito, aunque no siempre en los textos escolares, incluídos elogios y críticas.

No fue solamente el gran estadista y Presidente de la República de grandes realizaciones, también fue un destacado intelectual, un creador de nuevas ideas, un cofundador de un nuevo partido político que ya tiene más de ochenta años y está plenamente activo, un formador e  inspirador de juventudes, un gran escritor. Desde “La Política y el Espíritu”, de gran impacto y permanencia, no dejó de publicar.

“Chile desconocido”, “Aún es tiempo”, “Sentido y forma de una política”, “Historia de los partidos políticos chilenos”, ”Pensamiento y acción”. “La verdad tiene su hora”. “Un mundo nuevo”. “América Latina: opción y esperanza”.

Pero hay mas: “El mandato  de la Historia y la exigencia del porvenir”.”Significación de Maritain en el mundo contemporáneo”. “La Universidad conciencia social de la nación”. “Discurso de la Patria Joven”, “La integración parte incumplida de la independencia nacional”.

Hay que tener en cuenta también la gran cantidad de editoriales y artículos en la Revista Política y Espíritu.

Tal vez su máximo legado es el proceso profundo que fue la Revolución en Libertad, que en gran medida modificó para siempre la historia de Chile. Trajo consigo la Reforma Agraria y la Sindicalización Campesina. La organización y participación organizada del pueblo con las Juntas de Vecinos y los Centros de Madres dentro del Programa de Promoción Popular.

La Chilenización del Cobre y de la Telefónica. El Impuesto al Patrimonio. La Reforma Educacional teniendo entre sus metas principales que no quedara ninguna niña y niño chileno sin Escuela Primaria lo cual se logró.

En el mismo sentido se aumentó la educación Primaria obligatoria y con programa de alimentación escolar de 6 a 8 años. 

Se puso en pleno funcionamiento la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas JUNAEB en todo el país.

Se creó el Centro de Perfeccionamiento del Magisterio y se organizó el Plan Extraordinario de Formación de nuevos Profesores para atender de inmediato el incremento sin precedentes de las Escuelas Primarias.

Se creó la Junta Nacional de Jardines Infantiles. Se dictó y se aplicó la primera Ley de Deportes y Recreación. En 1967 se creó por ley la Oficina Nacional de Planificación ODEPLAN.

Se construyeron 241.000 viviendas para los sectores más pobres y adicionalmente 71.000 soluciones habitacionales en la Operación Sitio. Se creó el Ministerio de Vivienda y Urbanismo y se continuó con el Sistema de Ahorro y Préstamo.

En el Gobierno de Frei se aprobó el Plan de Juan Parroquia para la construcción de un Metro en Santiago. En mayo de 1969 se inició su construcción.

En política internacional su gobierno impulsó los organismos latinoamericanos como el Pacto Andino. Estableció relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y otros países, fue el primer Gobernante chileno en efectuar visitas oficiales a Italia, Francia, Gran Bretaña y Alemania. Se opuso a la invasión norteamericana a la República Dominicana para derribar al gobierno constitucional, y así votó el Embajador Magnet en el Consejo de la OEA. 
  
Es imposible con la sola memoria de quien esto escribe recordar cada una de las grandes obras de su gobierno. Los invito fraternalmente a que las agreguen.

La grandeza de Frei tuvo sus más sólidos fundamentos en su honradez a toda prueba. Compartida por su familia. Su lealtad a la palabra empeñada. Su total transparencia.
Parece necesario citarlo en situaciones ejemplares. Todo el país lo oyó en un momento álgido de su campaña presidencial, afirmar: “No cambiaré ni una coma de mi Programa ni por un millón de votos”. Y así fue.

En un recurrente tema tan presente en nuestro días, en abril de 1963 en su Conferencia en la Universidad de Notre Dame, Estados Unidos, [revista  Ercilla, abril 24 de 1963] afirmó.

“Los anticomunistas del miedo, del < orden >, de la fuerza, están condenados al fracaso y van en permanente retirada. No tienen nada que decirle a la juventud y al pueblo. De ahí la frustración de regímenes creados para imponer el orden. Fundar, por ejemplo, toda una política en el concepto de la libre empresa, es absurdo. Esto no le llena el alma ni la inteligencia a nadie”.

“La Democracia Cristiana es una respuesta universal y profunda, una interpretación del hombre y su destino y, como reflejo de ella, una concepción de la persona humana que es la medida del orden social que no puede fundarse ni en el dinero, ni en la clase, ni en la raza, ni en el Estado. En América Latina lo que hay que levantar es al hombre.”

“Si se entiende que estar en la izquierda es estar con el pueblo, con los trabajadores, con los pobres, en su lucha por la justicia sin duda estamos en la izquierda.”

“Este continente debe hacer también su aporte en la experiencia y variada armonía universal. Yo sueño que ella sea una síntesis de la justicia y de la libertad”.  
    
A varias generaciones Frei junto al Maestro Castillo, entre otros, nos formó, nos enseñó a ser consecuentes, a discutir con él o con quien fuera si creíamos tener la razón y haberla estudiado a fondo. A sumar y no a restar.

A cumplirle siempre al pueblo, a nuestros dirigidos y a nuestros dirigentes. A entender que la política es una misión y no un trabajo más. A respetar la diversidad de los humanos.

Quisiera poder transmitir en lo profundo a nuestras y nuestros jóvenes camaradas lo que fue para nosotros haber trabajado con este hombre estimulante y grandioso que ya está para siempre en la Historia.

A continuación transcribo como sentía Frei a Chile citando tal como presenta sus palabras su biógrafo Óscar Pinochet de la Barra.

“Eduardo Frei ya es parte de la historia patria y no morirá. También es parte de esa otra historia humana, que tampoco muere y se transmite de boca en boca. Pasarán los años, las generaciones se irán sucediendo y una mañana cualquiera  en una modesta sala de clases de Lontué o Iquique, o de Santiago, un muchachito leerá estas palabras del Presidente Frei, pronunciándolas lentamente y mostrando las letras con su dedo.

“Tengo un inmenso amor por mi patria
“Este Chile es muy hermoso
“Tengo confianza en mi país y en los chilenos
 “Sobre todo en el pueblo
 “Creo que éste es un país de libertad
 “Un país que ama la justicia
 “Que ama la dignidad
 “Y que ama el trabajo y el esfuerzo
“Yo creo que este es Chile”. (Eduardo Frei en De Profundis)

martes, 5 de febrero de 2019

NO A LA ILEGÍTIMA INTERVENCIÓN EN VENEZUELA


Venezuela es una de las tierras más fértiles y ricas en recursos naturales


Frente a la campaña de desestabilización de la soberanía de Venezuela, promovida por el Gobierno de los EEUU y la derecha latinoamericana, contraria al derecho internacional y a la resolución pacífica de los conflictos entre los pueblos, los militantes de la Democracia Cristiana abajo firmantes, declaramos:


1.- El pasado 10 de enero el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, asumió un nuevo mandato de seis años, tras la elección y sectores de oposición han impugnado por no ofrecer garantías ni ajustarse a estándares internacionales mínimos.

2.- Los partidos de oposición que objetaron el proceso y que se abstuvieron de participar en la elección, han respondido proclamando al presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó Márquez, como su legítimo mandatario, también llamado «presidente encargado» o «presidente interino», quien entre sus primeras iniciativas ha nombrado «representantes diplomáticos» en diversos países.

3.- Este poder dual - o paralelo - dentro del Estado venezolano, ha sido reconocido por el gobierno de Estados Unidos como el interlocutor válido para las operaciones diplomáticas, militares, económicas y políticas emprendidas por Washington contra el gobierno de Maduro, reconocimiento al que se han sumado países del Grupo de Lima, países asociados a la OEA y la mayoría del Parlamento Europeo, pero que ha sido resistido por los estados miembros de Naciones Unidas y de la Unión Europea, y por la autoridad espiritual de El Vaticano.

4.- Se configura así en Venezuela un escenario de confrontación y guerra que amenaza y que genera ampliarse a Colombia, Brasil, sus cabezas de playa, y los países alineados con el presidente Trump e involucrados en el conflicto. Un escenario que acarreará más sufrimiento al pueblo venezolano. El dolor que provoca la guerra: invasión militar y resistencia armada. El dolor de una guerra civil prolongada, que es lucha genocida entre hermanos. El dolor que se suma a la crisis humanitaria con sus secuelas de hambre, enfermedad, migración y desamparo.

5.- El pueblo de Venezuela debe recuperar el bienestar, la seguridad y la paz que le caracterizaron en el pasado. Debe superar el autoritarismo que encarnan Nicolás Maduro y el chavismo, y transitar hacia la democracia y el régimen constitucional respetuoso de los derechos fundamentales de la persona humana.

6.- El único camino posible para lograr este propósito es el camino del diálogo y del entendimiento de los venezolanos y por los venezolanos en torno a una transición política que entraña acuerdos sobre plazos, metas y medidas urgentes para aliviar la crisis. Un diálogo que, crucialmente, debe avanzar hacia la unidad del pueblo venezolano, garantía de defensa frente a los múltiples apetitos que despiertan hoy sus riquezas naturales y principal motivación para una ocupación bélica. 

7.- Creemos que la más importante condición para el éxito de este diálogo es la presencia de interlocutores políticos ya constituidos, como lo son la mayoría del Congreso liderada por Juan Guaidó y la que representa el Ejecutivo encabezado por Nicolás Maduro.

8.- Por eso, apoyamos las iniciativas impulsadas por la Unión Europea, y las ofertas de mediación formuladas por el Papa Francisco y los presidentes de México y Uruguay. Su valor reside en frenar la anunciada intervención militar de Estados Unidos enmascarada por el caballo de Troya de la ayuda humanitaria, y frustrar el golpe de Estado fomentado por agentes externos en connivencia con sectores de oposición.

9.- En vísperas de cumplirse 30 años de la tragedia social y política que enlutó las calles de Caracas, exhortamos a los democratacristianos a tomar una decidida opción por los valores universales contenidos en su declaración de principios, y a censurar la legitimación de la violencia, del abuso imperial y del desprecio por la ley y el derecho. Les convocamos, porque solo un testimonio semejante nos hará dignos ante la historia y ante los pueblos.

Santiago de Chile, febrero de 2019.



1.-  Rodolfo Fortunatti 

2.-  Juan José Fernández

3.-  Julio Manques Maldonado

4.-  Néstor Aravena Jiménez

5.-  Tito Mario Ramírez

6.-  Claudio Aguirre Galván

7.-  Pedro Oyarzun Cornejo

8.   Juan Eduardo Romero

9.-  Enrique Bertran A.

10.-Eduardo Reyes

11.-Cecilia Montt

12.-Marcelo Pinto

13.-Monica Aguirre Galván

14.-Jaime Correa Díaz

15.-María Antonieta Escobar

16.-Jacqueline Saintard Vera

17.- Rodrigo Otayza Rodríguez

18.- Claudio Muñoz Donoso

19.- Marcel Young

20.- Marcelo Celedón

21.-Marcel Saintard Vera

22.- Juan Zuleta Andaur

23.- Claudia Améstica

24.- José Aguillon

25.- María Eugenia Parra

26.- Francisco Vásquez Olivares

27.- Enrique Fell Orellana

28.- Víctor Salazar Acuña

29.- Julia Panez Pérez

30.- Trinidad Parra Correa

31.- Fernando Romero Toro

32.- Eduardo Reveco

33.- Raúl Donkaster

34.- Juan Miguel Carril Rojas

35.- Ramón Espinoza Rocha

36.- Juan Ramón Fuentes

37.- Juan Díaz Berrios

38.- Marcelo Pérez Jiliberto

39.- Enrique Soto Donaire

40.- Marcela Piñeiro Fuenzalida

41.- María Beatriz Fuenzalida Cofré

42.- Juan Claudio Reyes

43.- Oscar Morales Nilo

44.- Héctor Santander Leytón

45.- Alexandra Núñez Sorich

46.- Francisco Vásquez Olivares

47.- Marcelo Yevénes Soto

48.- Oscar Osorio Valenzuela

49-  Patricio Pinilla Valencia

50.- Ernesto Enrique Castillo

51.- Victor Figueroa Villegas

52.- Miguel Humberto Saavedra

53.- Alejandro Gutiérrez Gatica

54.- Fernando Osorio Cristi

55.- Ricardo Barrientos Subiabre

56.- Eduardo Ramírez Falcón

57.- Patricio Argandoña R.

58.- Jaime Raúl Pinol Cañulef

59.- Raúl Collado Contreras

60.- Inés Oriana Pinares Rodríguez

61.- Paulo Donoso Osses

62.- Hernán Díaz Ortega

63.- Patricio Mancilla Velásquez

64.- Pedro Venegas Castro

65.- Eliecer Bahamondez Mansilla

66.- Verónica Lagos Chaura

67.-Juan Manuel Sepúlveda Malbran.

68.- Anselmo Muñoz

70.- Rene González González

71.- Alejandro Morales Rozas

72.- Víctor Manuel Leiva Maureira

73.- Galo Maureira González

74.- Luis Toro

75.- Laura García Pailamilla

76.- Atilio Garate

77.- Víctor Villalobos

78.- Urit Lacoa Meza

79.- Antonio Lara Bravo

80.- Marisol Acevedo Rojas

81.- Tencha Candia

82.- Luis Ernesto Hidalgo Toledo

83.- Arturo Molina Henríquez

84.- Gabriel Pozo Pérez

85.- René Morales Rozas

86.- Elena Fernández Gómez

87.- Osvaldo Fernández Silva

88.- Carlos Alvarado Julian

89- Daniel Morales Pinilla

90.- Alejandro Carril Rojas

91.- Claudio Salas González 

92.- Aurora Rojas Salgado

93-  Johnny Raúl Maldonado Pérez

94.- Jorge Ravanal Gallegos

95.- Francisco Garay RuizTagle

96.- Patricio Yáñez González

97.- Silvia Macuada Reyes

98.- Pedro Espinosa Gómez

99.- Camilo Espinosa Gómez

100.- Luis Horacio Atenas

101.- Verónica Díaz Carrasco

102.- Gladys Jaime Ruiz

103.- Miguel Alcayaga Squer

104.- Claudina Valdez

105.- Nelson Alcayaga Squer

106.- Héctor Patricio Santis

107.- Jaime Hales Dib

108.- Nury Álvarez

109.- María Fuenzalida

110.- Leonel Sánchez Jorquera

111.- Jorge Consales Carvajal

112.- Iván Veliz Vergara

113.- Richard Vargas Narváez

114.- Nolberto Díaz Sánchez

115.- Mauricio Díaz Verá

116.- Denys Yañez Dunstad

117.- Irene Celis