lunes, 14 de mayo de 2018

LOS ANGELES, PADRES DE UN MUNDO QUE NACE

Giovanna Flores Medina

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Ha valido la pena el debate. Principalmente por ese puñado de jóvenes que comienzan a amar el testimonio histórico de quienes fundaron la DC.

  
Los Ángeles, sábado 12 de mayo, 19:00 horas, Casa de la Democracia Cristiana

Ambiente cálido, una chimenea con leños encendidos nos espera en esa casa que fue el hogar de Bernardo Leighton: he regresado después de 13 años y todo sigue casi igual. Aunque lo cierto es que en esa ciudad escasamente algo puede cambiar. Allí la lucha de ideas siempre es ahogada por las estructuras de poder económico y su cooptación política. El nepotismo, el pinochetismo y el esnobismo se entremezclan y se alzan como los pilares de las ciudadelas amuralladas de Italo Calvino. El tiempo es imperturbable en mantener una falsa quietud. La derecha es dueña de la moral y sus virtudes. Las calles se repletan de autos, las poblaciones crecen, pero el abolengo y el servilismo perviven. Allí en la Plaza Pinto, a pocos metros del Liceo Alemán que concentró a los niños bien que integraron la elite fundadora de Patria Libertad, caminé pausadamente. Esos fueron los pasos que desde la infancia aprendí a dar. Mi conciencia política y mis orígenes solo me llevaban a un destino: reivindicar los derechos humanos y hacer de la política mi leit motiv. Y eso jamás me ubicaría en la derecha.

Justamente, en la puerta, me he encontrado con aquel profesor de filosofía que realizó el primer taller de doctrina humanista cristiana en el Fundo Palermo a principios de los 60’ y que invitó a varios de sus obreros campesinos a participar de la marcha de la Patria Joven, entre ellos, mi padre. En ese predio se protagonizó la primera toma violenta de un fundo en el sur de Chile. Le estrecho la mano y le digo que hace 23 años, cuando aún estaba en la enseñanza media, yo ingresé a militar en la DC para ayudar a cambiar aquella pesada bruma del inmovilismo… dos décadas estuve en sus filas. Él sonríe y, tras unos minutos, recuerda quien soy. Nos despedimos. En ese momento pienso que no es correcto entrometerme en la discusión que se abrirá, pues he retornado como fotógrafa de una actividad. Aunque, como lo retratara tan claramente Carlo Levi, vuelvo a sentir que Cristo se ha detenido en Eboli o, en este caso, en Los Ángeles. La sociedad agraria persiste sin espacio para la libre competencia o para un modelo social de ésta con pequeños productores agrícolas. Tal y como cuando dejé la ciudad siendo una adolescente, los dueños de ella son los mismos que se enriquecieron con la dictadura y a ella le deben lealtad, aunque aprovecharon su hegemonía en el tablero de la transición política con total desembozo. Los demás deben obedecerles. El porvenir, la determinación y la sombra, tienen el nombre del patrón que para el golpe militar y sus horrores fue partícipe, y hoy dueños de la riqueza tras los discursos de la OCDE y el Chile de la APEC, el destino de la derecha también lleva la firma de ellos.

Mientras deambulo entre los asistentes a la reunión mi pesimismo se aplaca. No solo porque aquellos que han sido testaferros de una noche que muere en el ayer apenas marcan su nefasta presencia; sino porque hay mujeres de todas las edades, jóvenes y muchos antiguos dirigentes de la CORA. Han venido de distintas comunas del extenso Distrito 19, que para cubrirlo bien podrían recorrerse unos 500 kilómetros. Todos han llegado para presenciar el debate entre dos candidatos que se enfrentarán en las elecciones de directiva nacional el próximo 27 de mayo. Por la Lista 1 encabezada por Humberto Burotto el representante es Rodolfo Fortunatti; por la lista 2 de Fuad Chahín, la diputada Joanna Pérez. Ambos disputan el cargo de tercer vicepresidente.

Observo también la bondad de aquellos históricos dirigentes que han evitado las venalidades del poder, la inconsecuencia y el frenesí anti-izquierdista que la propaganda de los 90’, de tanto en tanto, viene a revitalizar. Ahí están quienes siempre han defendido la opción de la centroizquierda. Entre ellos, Ramón Espinoza y Patricio Pinilla, los primeros en ser mis amigos en el partido. A medida que avanza el debate, descubro la savia nueva, las promesas de rostros que cambiarán a la DC, un semillero que tiene claro el problema del partido y las necesidades de los más pobres.


Observo la bondad de aquellos históricos dirigentes que han evitado las venalidades del poder.
Ahí están quienes siempre han defendido la opción de la centroizquierda: Ramón Espinoza y Patricio Pinilla


Otros, en cambio, son víctimas del reconcomio, del balance de culpas, de las imputaciones falsas. Viven en un mundo donde la cleptocracia de los otros es abrumadora, lo abyecto sería la regla de las alianzas con la Concertación y la Nueva Mayoría, o peor con el Frente Amplio; mas no aplican el mismo juicio a la corrupción de sus pequeños caudillos siempre concupiscentes con las derechas. Son pocos, pero actúan como si fueran muchos. Les molesta la presencia de quienes defienden la opción de la Lista 1. Les causa urticaria la sola voz de Fortunatti y, no obstante, sonríen a las cámaras en cada captura. Sin duda, se escudan en una falsa noción de la «pérdida de valores» a manos de una izquierda que le habría expoliado toda bien a la DC. Pero eso no es otra cosa que el germen de la derecha en ellos

Probablemente se hayan ido antes que Soledad Alvear y Gutenberg Martínez, antes incluso que Progresismo con Progreso, a quienes los más severos les acusan de traición por haberles abandonado.


Un semillero que tiene claro el problema del partido y las necesidades de los más pobres

La vida es lucha, enseñaba San Pablo apóstol, y en este caso la principal lucha quizá sea en contra de aquellos resabios: este partido tiene sectores que se niegan a despertar a los tiempos y a sus desafíos.

Ha valido la pena el debate. Principalmente por ese puñado de jóvenes que comienzan a amar el testimonio histórico de quienes fundaron la DC.

Ha valido la pena porque ellos serán la respuesta contra el neoliberalismo en la cuna del neoliberalismo, porque eso es Los Ángeles.

Ahí está el huevo de la serpiente. Ahí nació Patria y Libertad, ahí están las raíces de Avanzada Nacional, ahí está la fuerza más sólida de Kast. Ahí está el cofre de donde manan los recursos de la ultraderecha.


Ahí está el huevo de la serpiente. Ahí nació Patria y Libertad, ahí están las raíces de Avanzada Nacional, ahí está la fuerza más sólida de Kast. Ahí está el cofre de donde manan los recursos de la ultraderecha.


Ha quedado claro que la crisis que quieren ver entre los militantes de la DC no es sino la justificación precaria de quienes se han ido y de quienes lamentan su partida, desdeñando el valor de quienes se quedan.

Ha quedado claro que la Lista 1 no es un ejercicio de nostalgia ni un precario ensayo de renovación, ya que está integrada por quienes han dedicado su vida política a cambiar Chile. Ya en el gobierno militar, ya en democracia.

Ha quedado claro que la Lista 1 no cree en la falsa paradoja del centro político versus la izquierda, porque el centro es una veleta y la izquierda es el camino hacia una sociedad de derechos garantizados.

Ha quedado claro que la Lista 1 no posee vínculo alguno con agentes de corrupción y menos omite sancionarla.

Ha quedado claro que la Lista 1 está preocupada de los derechos humanos de última generación, entre ellos, el derecho a un medio ambiente libre de contaminación, tomando por hoja de ruta la Encíclica Laudato Si. En ella la economía del cambio climático no es la única solución. La soberanía sobre los recursos naturales debe volver a radicarse en el Estado; no en el sistema privado. Ese será el eje de una lucha que podrá ser protagonizada por quienes adhieran a su opción.

Ha quedado claro que la Lista 1 se compromete a llevar el Estado de Derecho hasta su último límite, garantizando los derechos políticos y civiles de la militancia, algo casi silenciado entre quienes toman las decisiones dentro de la Democracia Cristiana.

Ha quedado claro que la Lista 1 cree firmemente en la sociedad de derechos garantizados y en las reformas necesarias para la gratuidad y universalidad de los derechos económicos y sociales hoy en disputa.


CHILLÁN, TIERRA FÉRTIL DE CLAUDIO HUEPE

Rodolfo Fortunatti

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Una generación prodigiosa, valiente y convencida del valor de los derechos de la persona y de la democracia, fue el aleteo de mariposa que cambió el rumbo de la protesta social y el destino de Chile.


12 de mayo, 11.00 horas, Salón de Reuniones de Cameduc 

El día anterior se han cumplido nueve años desde la partida de Claudio Huepe García, uno de los más grandes testimonios de coherencia y lealtad de la Democracia Cristiana. Su recuerdo se hace voz en la asamblea que ha convocado al distrito diecinueve. Se insinúa también en la presencia de Patricio Huepe, su hermano menor y actual concejal del municipio de Chillán, que ha seguido los pasos de generosidad y servicio de Claudio.

Se han cumplido nueve años desde la partida de Claudio Huepe García, uno de los más grandes testimonios de coherencia y lealtad de la Democracia Cristiana

Acaba de proyectarse el video que evoca a los mártires de Chicago y las luchas de reconocimiento de derechos de la clase trabajadora. Por eso, el nombre de Rodolfo Seguel y su combate contra el cáncer, pronunciados a propósito de la conmemoración del 1° de Mayo, son recibidos con gratitud y respeto.

Se cumplen 35 años de la Primera Protesta Nacional contra la dictadura liderada por la Confederación de Trabajadores del Cobre a cuya cabeza estuvo el joven Seguel.

Pero otro registro de la memoria, cual es la remembranza de Mayo del 68, la revolución de los jóvenes en el mundo que fijó un antes y un después, reconstituye otro antecedente crucial de la historia política y social de Chile. Y es que las protestas nacionales fueron protagonizadas por jóvenes. Líderes juveniles movilizaron a los trabajadores, a los pobladores, a los activistas por los derechos humanos, a los partidos políticos que ocuparon las calles y a los universitarios.

Una generación prodigiosa, valiente, convencida del valor de los derechos de la persona y de la democracia fue el aleteo de mariposa que cambió el rumbo de la protesta social y el destino de Chile.

Humberto Burotto —el mejor de los nuestros— fue grano fecundo de aquel semillero y pasó a ocupar la primera línea del movimiento en cierne. Ahora aparecía impreso en un pendón azul que llamaba la atención sobre su propuesta de cambio y de conducción para el Partido.

Ahora Humberto Burotto aparecía impreso en un pendón

¡Nosotros somos la renovación! Somos quienes devolveremos el poder, la decisión y la promesa de transformación que, en plena democracia, nunca debieron haber perdido los militantes.
Nosotros fortaleceremos y alimentaremos las raíces que dan vida al Partido. Porque, como dice la sentencia bíblica, «no se puede poner vino nuevo en odres viejos; el buen vino debe conservarse en buena fuente».

Una y otra vez se escucha en la sala que hemos abandonado la defensa de los derechos fundamentales. Se dice que la despenalización de la interrupción del embarazo en tres causales es un flagrante atentado contra el derecho a la vida. Que apoyar esa ley ha desperfilado nuestra identidad humanista cristiana.

¿Quiénes lo dicen? Lo dicen quienes han omitido, ignorado o desdeñado los derechos de las mujeres. Porque de esto hablamos: de derechos humanos indivisibles. Lo afirman quienes han defendido el lucro en educación. Por cierto, lo dicen quienes se han opuesto a la gratuidad de los derechos económicos, sociales y culturales. Los que no dejan de oponerle restricciones al acceso a la salud y la educación en un país con una renta cercana a los 25 mil dólares por habitante.

Hablamos de la inestabilidad de las instituciones provocada por la pérdida de credibilidad de autoridades y representantes. Advertimos del peligro que reviste para la democracia que de la noche a la mañana emerjan figuras públicas y, a la misma velocidad, sean derribadas por denuncias de corrupción o de faltas a la probidad.

¡Nosotros somos la renovación! Somos los que devolveremos el poder, la decisión y la promesa de transformación a los militantes.

Hemos hecho ver el riesgo de una corrupción que socava la política partidaria y que abre brechas con la sociedad civil que observa y opina sobre la decadencia moral, y que ya no tolera el abuso como modo de ejercer el poder en democracia.

Hablamos de seguridad y protección para una sociedad de derechos, y nos responden que estas son antiguas disputas ideológicas que no se ocupan de los problemas reales de la gente.

¿No es real la demanda de acceso a la salud? ¿No lo es el fin de las AFP como condición para una previsión digna? ¿No lo es la vulneración del derecho al agua de grupos cada vez más numerosos de población? ¿No es real la pobreza multidimensional que padecen 3 millones 600 mil compatriotas?

Quienes deben juzgar en el libre albedrío de sus conciencias, son los 32 mil democratacristianos con derecho a marcar su preferencia el domingo 27 de mayo.

miércoles, 2 de mayo de 2018

TIEMPO PARA UNA PROMESA


Rodolfo Fortunatti

El viernes 27 de abril, fecha en que se cerraba el plazo para la inscripción de candidaturas a la mesa nacional de la Democracia Cristiana, el escenario previsto —y querido por algunos— sufrió un vuelco crucial.

Al final de ese día, los nombres de un amplio elenco de dirigentes encabezados por Humberto Burotto, en la presidencia, y Cecilia Valdés, en la secretaría nacional, abrió una competencia inesperada, pero necesaria, y ofreció un cauce a la expresión de miles de militantes que anhelaban tener voz y voto en esta trascendental coyuntura.

Significativa, porque nadie duda que la Democracia Cristiana atraviesa por un trance difícil que, sin embargo, debe ser aquilatado en su real envergadura. Algunos militantes han abandonado la colectividad, pero muchísimos más, especialmente mujeres y jóvenes, se están incorporando a ella.

Por eso, el actual es un desafío que demanda fortalecer la autoridad y la legitimidad del ser democratacristiano: su institucionalidad, su organización, su patrimonio moral e intelectual y su convivencia interna. Una tarea que requiere vigorizar el compromiso de todos quienes creen en su destino y en el futuro de Chile al que está entrañablemente unido.

Y tal vez por eso, la salida de semejante atolladero no se construirá en salones y pasillos, y no será obra de las elites que han fracasado o renegado de sus mandatos. Surgirá de la voluntad libre, fiel y bien encauzada de sus militantes.

Este hecho en sí mismo constituye una alternativa. Una opción ante el vacío de ofertas, ante el desencanto y la renuncia, ante la inercia de los juegos de poder y ante la ausencia de cauces de diálogo y representación.

Con todo, la vía que se postula es más que una respuesta oportuna a la apatía y el desgano. Es el fruto maduro de una siempre anunciada puesta al día, de un esperado aggiornamento al que, por fin, le ha llegado la hora protagónica.

Representa la reflexión serena y profunda que brotó de la convocatoria de Curicó. Una que, a fines de marzo, congregó a los sectores progresistas de la DC con el propósito común de recuperar el instrumento partidario y de ponerlo al servicio del país. Un arco amplio y diverso de voluntades empeñadas en instalar lo esencial que une al partido por sobre lo adjetivo que lo divide.

Antes que todo, es una alternativa que busca renovar el compromiso de defensa sin reservas y sin eufemismos de la tradición socialcristiana presente en una de las más antiguas formaciones políticas de nuestra sociedad, la que, por obra de un diálogo intergeneracional, se plasmó, primero, en la Falange Nacional y, más tarde, en lo que hoy es el Partido Demócrata Cristiano.

«No renunciaremos a la concepción de partido popular, nacional y de vanguardia», se sostiene en la declaración que emanó del encuentro de marzo, y donde explícitamente se sella la promesa de «mantenernos en la Democracia Cristiana y desarrollar una estrategia de cambio, modernización y re-instalación del Partido en la sociedad, generando insumos valiosos para el trabajo a desarrollar en el VI Congreso Ideológico Radomiro Tomic, aspirando a que nuestras ideas se vean expresadas en la conducción de la próxima directiva nacional del partido».

Herederos de la Falange Nacional y del Partido Demócrata Cristiano, quienes se aglutinan en torno a esta expectativa, reivindican y se proponen realzar la memoria de la Revolución en Libertad, de la oposición pacífica y republicana al gobierno de Salvador Allende, de la condena al golpe de Estado de 1973, de la lucha contra la dictadura, de la recuperación democrática y del restablecimiento de los derechos humanos.

Honran, asimismo, los testimonios de sacrificio de las víctimas que, representadas por Hernán Mery, Edmundo Pérez Zujovic, Juan Millalonco, Eduardo Frei Montalva, Bernardo Leighton y Mario Martínez, han marcado las etapas más complejas y dolorosas de su larga trayectoria histórica.

Se declaran promotores y vigilantes de los grandes progresos de justicia, libertad, paz y democracia emprendidos por los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría, conquistas que no habrían podido realizarse sin el entendimiento llano y la colaboración recíproca entre la Democracia Cristiana y los partidos y movimientos de centroizquierda.

Se hacen, en consecuencia, responsables de las nuevas condiciones sociales, económicas, culturales y políticas que llevaron a Chile a los umbrales del desarrollo, dando origen a nuevas necesidades y aspiraciones que es preciso servir, a saber, la inclusión, la igualdad, la justicia, la previsión, y la nacionalización de recursos estratégicos como las aguas, el cobre y el litio, y también a nuevas concepciones teóricas, ideológicas y políticas. Miradas recientes, entre las cuales la Democracia Cristiana está llamada a ser vanguardia.

Esta actitud frente a la modernidad y, por ello, frente a la globalización, no pudo haber hallado mejor exponente que Humberto Burotto, prototipo de una generación franca, lúcida y arrojada como fue aquella que encendió las luces de la transición democrática en los sombríos y lacerantes años ochenta.

miércoles, 11 de abril de 2018

LOS JUECES FRENTE A LOS PODERES PUBLICOS




Lo que hay en el discurso de Larraín es la misma idea de un sistema binominal de equilibrios entre la izquierda y la derecha aplicada a la judicatura…, reminiscencia de una justicia intervenida durante diecisiete años por el poder político civil-militar.

El ministro de Justicia Hernán Larraín ha hecho afirmaciones de amplias repercusiones políticas y que, probablemente, acompañarán como una sombra a su cartera y a la nueva administración hasta el último día de su mandato. Desde luego, condicionarán el curso que tomará la reforma a la magistratura y la relación del Ejecutivo con el Poder Judicial y con el Parlamento. Pero, principalmente, fijarán los términos del debate ideológico acerca del orden constitucional por el cual los chilenos queremos gobernarnos.

El ministro Larraín ha empleado tres expresiones mínimas, desnudas y emblemáticas para dar cuenta de lo que se propone hacer. Tres nociones que cobran significado y gravedad a la luz de la historia que las precede y de las motivaciones ideólogicas y normativas de su exponente. Larraín las ha vertido ante una audiencia de su partido, la UDI, un espacio privado, según sus propias palabras, lo que le otorga mayor verosimilitud y credibilidad al relato.

Primero, ha dicho que el sistema de nombramiento de los jueces no es transparente. Luego, que producto de ello, la mayoría de los jueces es de izquierda, y, como corolario de lo anterior, que la composición de las Cortes debe ser «neteada», es decir, igualar sus cuotas. Obviamente, con jueces de derechas, puesto que previamente ha sostenido que durante 24 años quien ha gobernado y hecho las designaciones ha sido la izquierda.

Lo que hay en el discurso de Larraín es la misma idea de un sistema binominal de equilibrios entre la izquierda y la derecha aplicada a la judicatura. Lo suyo es reminiscencia de una justicia intervenida durante diecisiete años por el poder político civil-militar. Es la reproducción de la actual configuración del Tribunal Constitucional por el juego de mayorías, llevado a toda la estructura judicial. Larraín realmente piensa que la mayoría electoral que le ha permitido conquistar el gobierno, debería verse reflejada en las futuras nominaciones de jueces. Para él y su partido sería lo normal en una democracia representativa y en un Estado de derecho paleoliberal donde lo importante no es la generación como la sujeción de los jueces a la ley.

Sin embargo, en un Estado democrático y constitucional de derecho, la ideología de Larraín comportaría un atentado a la independencia del poder judicial. Bajo este prisma, los jueces designados políticamente, que no obstante deben ofrecer garantías de imparcialidad en la determinación de la verdad, carecerían de independencia respecto de los otros poderes del Estado y de los propios poderes que coexisten en la administración de justicia, y no podrían abrigar pretensiones de legitimidad democrática.

Esto es así porque en un Estado democrático y constitucional de derecho, el juez es garante de derechos que pueden ser vulnerados por el poder político —especialmente cuando tales derechos, como la salud, la educación o la previsión, no son exigibles ni  justiciables—, y cumple asimismo la función de subordinar los poderes públicos a la ley mediante controles que impiden los excesos y discrecionalidades.

Aquí el carácter democrático de la judicatura no deriva de decisiones consensuadas y representativas, ni de la voluntad mayoritaria, sino precisamente de aquello que no es decidible, o sea, los derechos fundamentales y la legalidad. Si no existieran estos límites al ejercicio del poder no podría hablarse del imperio de la Constitución.

Por eso el proyecto del ministro Larraín es visto como una amenaza y representa un parteaguas en el debate constitucional que se avecina.

lunes, 26 de marzo de 2018

DECLARACIÓN DE CURICÓ



Reafirmamos la absoluta voluntad de mantenernos en la DC y desarrollar una estrategia de cambio, modernización y reinstalación del Partido en la sociedad, generando insumos valiosos para el trabajo a desarrollar en el VI Congreso Ideológico Radomiro Tomic, aspirando a que nuestras ideas se vean expresadas en la conducción de la próxima directiva nacional del partido


Los participantes, militantes del Partido Demócrata Cristiano, autoconvocados en un encuentro de carácter Progresista, realizado en Curicó, motivados por la situación y los desafíos políticos de Chile, declaramos lo siguiente:

1. Constatamos que el PDC cuenta con una base militante reconocida mayoritariamente progresista, que hace una interpretación del humanismo cristiano con radicalidad de compromiso con los más necesitados. En este sentido, nos comprometemos a continuar trabajando en la profundización y difusión de estas ideas.

2. Chile nos puso en la oposición, en este contexto el PDC debe ponerse de pie y desde ese lugar continuar ejerciendo su compromiso con la nación.

3. Emplazamos al gobierno a terminar con las arbitrariedades y las contradicciones a su discurso de la Unidad Nacional, entre ellos, la propuesta de ley antiterrorista, el eventual retroceso en la gratuidad en educación superior y la reposición del lucro ese ámbito, el retiro de la urgencia a la Ley de Identidad de Género, la modificación a la normativa de ejecución de la ley de aborto en 3 causales y las trabas al proceso constituyente ya en curso.

4. No renunciaremos a la concepción de partido popular, nacional y de vanguardia. Reafirmamos la absoluta voluntad de mantenernos en la DC y desarrollar una estrategia de cambio, modernización y reinstalación del Partido en la sociedad, generando insumos valiosos para el trabajo a desarrollar en el VI Congreso Ideológico Radomiro Tomic, aspirando a que nuestras ideas se vean expresadas en la conducción de la próxima directiva nacional del partido.

5. Tenemos temas pendientes en que urge hacerse cargo, hacemos un llamado a nuestra dirigencia a abordarlos, entre ellos, la inclusión, la igualdad, la justicia social, el imperativo cambio al sistema previsional vigente, la nacionalización de nuestros recursos naturales, litio, cobre y agua para Chile.

6. El país cuenta con urgentes desafíos a los que el sistema político debe responder con una nueva mirada, en que la DC está llamada a ser vanguardia, entre ellos se encuentra, la creación de una nueva carta fundamental legitima en su origen; la sustentabilidad medioambiental como desafío Estado-Mercado-Sociedad; la inclusión y la identidad de género, que permitan desnaturalizar prácticas que vulneran a las mujeres y así potenciar el desarrollo integral sin distinción; la descentralización expresada en más poder a los niveles subnacionales con sus correspondientes contra pesos de poder, mecanismos de control y participación ciudadana en todos los niveles; el desarrollo de una política migratoria integral y con enfoque de derechos; la necesidad de instalar la ética en el servicio público para el enfrentamiento de la corrupción sin dobleces, ni privilegios, de manera permanente y el establecimiento de un “nunca más” para ellos.

7. Asumimos el desafío de la profundización de la democracia y la reconstrucción del tejido social, potenciando el sindicalismo y la organización social como herramienta para enfrentar la concentración de la riqueza, el poder y la desigualdad en Chile.

8. Hacemos un fuerte llamado a la fraternidad interna, el establecimiento de acuerdos mínimos para la continuidad, la necesaria modernización partidaria, y a nuestros camaradas en reflexión, a hacerlo en conjunto al interior del partido para sacar lo mejor para la sociedad chilena.

Curicó, 24 de marzo de 2018.

lunes, 26 de febrero de 2018

MI PADRE, ALDO MORO, MURIÓ POR LA DEMOCRACIA

Agnese Moro

El cadáver de Aldo Moro apareció en un maletero (EFE)


 Hace 40 años las Brigadas Rojas secuestraron y dieron muerte al estadista. Su hija Agnese recuerda su visión humana y política.

Agnese Moro
Aldo Moro, como muchos de su generación, era un luchador. Compartió con los italianos y con una multitud de innovadores de todos los continentes, el deseo de construir un mundo en paz, donde el centro de la atención y del cuidado fuera la persona humana, todas las personas, a quienes defendía la posibilidad de vivir, la dignidad, el reconocimiento de condiciones de vida dignas y la protección de sus derechos; la libertad de crecer y de desarrollar su propia personalidad, de asumir responsabilidades, de ser una parte integral e indispensable del gobierno del país.

Estas son las esperanzas que animan nuestra Constitución, a cuya formulación mi padre contribuyó decisivamente con la claridad de sus ideas y con su sólida cultura jurídica.
Esperanzas opuestas a las de la triste experiencia fascista (no es coincidencia que nuestra Constitución sea antifascista) donde la vida de las personas contaba menos que nada, mientras que el Estado, rico y poderoso, era todo. Para decirlo en palabras de Benito Mussolini: «todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado».


En la nueva Italia, sin embargo, el Estado dejó de ser considerado un fin para convertirse en un instrumento con el que la República (todos nosotros) se organizó para conquistar sus objetivos.

Las esperanzas que animan nuestra Constitución han inspirado los objetivos de vida de Aldo Moro, y también han guiado su compromiso político, su actividad como docente universitario, su militancia en la sociedad y su vocación como cristiano. La democracia republicana ha necesitado mucho de este tipo de combatientes, porque el nuevo mundo tan profundamente anhelado tuvo que enfrentarse a las a menudo feroces resistencias de aquellos que perdieron sus privilegios y recursos.

La República, tras mil tropiezos y contradicciones, ha debido luchar de hecho para cambiar aquel equilibrio de poder, poniendo en el centro de sus preocupaciones, a través del voto y de la acción militante, a millones de personas hasta ahora excluidas de todo, redistribuyendo los recursos materiales (energía, uso de la tierra) e intangibles (educación y salud para todos), protección del trabajo (derechos de los trabajadores) y libertad de las mujeres (voto, nueva ley de familia, acceso a profesiones como las del poder judicial).


Moro escribe en 1975:

«En el transcurso de estos treinta años, un creciente número de ciudadanos y de grupos sociales, a través de la mediación de los partidos y de las grandes organizaciones de masas que animan la vida de nuestra sociedad, ha aceptado al Estado nacido de la Resistencia.
 
En ocasiones, la Resistencia se ha reconciliado con la democracia instigada por amenazas autoritarias y cierres clasistas. Pero, sobre todo, las clases largamente excluidas han ingresado como titulares plenos de derechos en la vida del Estado. Grandes multitudes lideradas por los partidos, los sindicatos, las organizaciones sociales, hoy garantizan ese Estado que un día vieron con hostilidad como un opresor irreductible.

Si todo esto sucedió en la lucha, en el sacrificio, es el mérito de la Resistencia, un movimiento que se ha movido en el sentido de la historia, poniendo la opresión antidemocrática al margen y dando cabida a las fuerzas emergentes y vivas de la nueva sociedad».

Aldo Moro, fue un luchador. ¿Con que armas? Con medios pacíficos, pero exigentes con la acción política: conocer los problemas, trabajar, viajar, reflexionar, desarmar, escuchar, debatir, respetar al interlocutor y reconocer su igual dignidad, dialogar, explicar, convencer, comprometer.

Libró batallas. ¿Pero qué batallas? Obviamente, aquí no es posible evocar todos los momentos y testimonios de su vida pública. Me remito de buen grado al hermoso trabajo realizado por el Centro de Documentación y Archivos Flamigni, diseñado para jóvenes y disponible para todos en el sitio web http://www.aldomoro.eu/mostra .

Me limito a recordar algunos puntos de fricción que iluminan en algo el sentido de sus luchas y soledades, incluidas los horrorosos 55 días de su cautiverio.

Muchas de las enemistades que se granjeó derivan de su insistencia en extender el espacio de la responsabilidad política a todos, como en el caso de la apertura de la DC a los socialistas a finales de la década de 1950 (que también lo llevó al borde de la excomunión); la crítica radical a los partidos por su incapacidad para acoger lo nuevo que provenía de una sociedad más participativa y exigente, y la demanda de justicia de los jóvenes de la década de 1960; la incorporación de las nuevas democracias poscoloniales a un diálogo respetuoso; aún más, la integración de la singularidad de los países del área soviética a una política de distensión y paz; la estrategia de apertura al PCI de mediados de los 70.

La gran derecha lo detestó durante toda su vida (y aún lo detesta). La "gran derecha", la que defiende los viejos intereses, la que quiere retroceder y quedarse allí para que nada cambie. Lo han detestado quienes practican la política tibia, cuyo horizonte es aquel donde termina el mundo de los grupos y de los pasillos. Lo ha detestado la izquierda —aquella promotora de la lucha armada— que ha visto en la democracia un freno al sueño de la revolución.

¿Cuáles fueron sus victorias? El haber contribuido con su compromiso y con toda su humanidad para que un pueblo humillado, pobre, desanimado y oprimido, hallara la manera de levantarse y, solidariamente, incluso con muchas dificultades, crecer unido.

Tal vez por esta razón durante estos largos 40 años desde su asesinato, tantas mujeres y tantos hombres "comunes" de las más diversas edades y orígenes, me han hablado de él como "uno de nosotros", oración que revela cuántas familias y cuántas personas han sentido que sus esfuerzos personales por mejorar y realizarse fueron acompañados por el trabajo y el compromiso sin reservas de mi padre, porque todos, todos podían tener "su aliento de libertad".


“La Stampa” del 25 febbraio 2018.