lunes, 14 de mayo de 2018

CHILLÁN, TIERRA FÉRTIL DE CLAUDIO HUEPE

Rodolfo Fortunatti

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Una generación prodigiosa, valiente y convencida del valor de los derechos de la persona y de la democracia, fue el aleteo de mariposa que cambió el rumbo de la protesta social y el destino de Chile.


12 de mayo, 11.00 horas, Salón de Reuniones de Cameduc 

El día anterior se han cumplido nueve años desde la partida de Claudio Huepe García, uno de los más grandes testimonios de coherencia y lealtad de la Democracia Cristiana. Su recuerdo se hace voz en la asamblea que ha convocado al distrito diecinueve. Se insinúa también en la presencia de Patricio Huepe, su hermano menor y actual concejal del municipio de Chillán, que ha seguido los pasos de generosidad y servicio de Claudio.

Se han cumplido nueve años desde la partida de Claudio Huepe García, uno de los más grandes testimonios de coherencia y lealtad de la Democracia Cristiana

Acaba de proyectarse el video que evoca a los mártires de Chicago y las luchas de reconocimiento de derechos de la clase trabajadora. Por eso, el nombre de Rodolfo Seguel y su combate contra el cáncer, pronunciados a propósito de la conmemoración del 1° de Mayo, son recibidos con gratitud y respeto.

Se cumplen 35 años de la Primera Protesta Nacional contra la dictadura liderada por la Confederación de Trabajadores del Cobre a cuya cabeza estuvo el joven Seguel.

Pero otro registro de la memoria, cual es la remembranza de Mayo del 68, la revolución de los jóvenes en el mundo que fijó un antes y un después, reconstituye otro antecedente crucial de la historia política y social de Chile. Y es que las protestas nacionales fueron protagonizadas por jóvenes. Líderes juveniles movilizaron a los trabajadores, a los pobladores, a los activistas por los derechos humanos, a los partidos políticos que ocuparon las calles y a los universitarios.

Una generación prodigiosa, valiente, convencida del valor de los derechos de la persona y de la democracia fue el aleteo de mariposa que cambió el rumbo de la protesta social y el destino de Chile.

Humberto Burotto —el mejor de los nuestros— fue grano fecundo de aquel semillero y pasó a ocupar la primera línea del movimiento en cierne. Ahora aparecía impreso en un pendón azul que llamaba la atención sobre su propuesta de cambio y de conducción para el Partido.

Ahora Humberto Burotto aparecía impreso en un pendón

¡Nosotros somos la renovación! Somos quienes devolveremos el poder, la decisión y la promesa de transformación que, en plena democracia, nunca debieron haber perdido los militantes.
Nosotros fortaleceremos y alimentaremos las raíces que dan vida al Partido. Porque, como dice la sentencia bíblica, «no se puede poner vino nuevo en odres viejos; el buen vino debe conservarse en buena fuente».

Una y otra vez se escucha en la sala que hemos abandonado la defensa de los derechos fundamentales. Se dice que la despenalización de la interrupción del embarazo en tres causales es un flagrante atentado contra el derecho a la vida. Que apoyar esa ley ha desperfilado nuestra identidad humanista cristiana.

¿Quiénes lo dicen? Lo dicen quienes han omitido, ignorado o desdeñado los derechos de las mujeres. Porque de esto hablamos: de derechos humanos indivisibles. Lo afirman quienes han defendido el lucro en educación. Por cierto, lo dicen quienes se han opuesto a la gratuidad de los derechos económicos, sociales y culturales. Los que no dejan de oponerle restricciones al acceso a la salud y la educación en un país con una renta cercana a los 25 mil dólares por habitante.

Hablamos de la inestabilidad de las instituciones provocada por la pérdida de credibilidad de autoridades y representantes. Advertimos del peligro que reviste para la democracia que de la noche a la mañana emerjan figuras públicas y, a la misma velocidad, sean derribadas por denuncias de corrupción o de faltas a la probidad.

¡Nosotros somos la renovación! Somos los que devolveremos el poder, la decisión y la promesa de transformación a los militantes.

Hemos hecho ver el riesgo de una corrupción que socava la política partidaria y que abre brechas con la sociedad civil que observa y opina sobre la decadencia moral, y que ya no tolera el abuso como modo de ejercer el poder en democracia.

Hablamos de seguridad y protección para una sociedad de derechos, y nos responden que estas son antiguas disputas ideológicas que no se ocupan de los problemas reales de la gente.

¿No es real la demanda de acceso a la salud? ¿No lo es el fin de las AFP como condición para una previsión digna? ¿No lo es la vulneración del derecho al agua de grupos cada vez más numerosos de población? ¿No es real la pobreza multidimensional que padecen 3 millones 600 mil compatriotas?

Quienes deben juzgar en el libre albedrío de sus conciencias, son los 32 mil democratacristianos con derecho a marcar su preferencia el domingo 27 de mayo.

miércoles, 2 de mayo de 2018

TIEMPO PARA UNA PROMESA


Rodolfo Fortunatti

El viernes 27 de abril, fecha en que se cerraba el plazo para la inscripción de candidaturas a la mesa nacional de la Democracia Cristiana, el escenario previsto —y querido por algunos— sufrió un vuelco crucial.

Al final de ese día, los nombres de un amplio elenco de dirigentes encabezados por Humberto Burotto, en la presidencia, y Cecilia Valdés, en la secretaría nacional, abrió una competencia inesperada, pero necesaria, y ofreció un cauce a la expresión de miles de militantes que anhelaban tener voz y voto en esta trascendental coyuntura.

Significativa, porque nadie duda que la Democracia Cristiana atraviesa por un trance difícil que, sin embargo, debe ser aquilatado en su real envergadura. Algunos militantes han abandonado la colectividad, pero muchísimos más, especialmente mujeres y jóvenes, se están incorporando a ella.

Por eso, el actual es un desafío que demanda fortalecer la autoridad y la legitimidad del ser democratacristiano: su institucionalidad, su organización, su patrimonio moral e intelectual y su convivencia interna. Una tarea que requiere vigorizar el compromiso de todos quienes creen en su destino y en el futuro de Chile al que está entrañablemente unido.

Y tal vez por eso, la salida de semejante atolladero no se construirá en salones y pasillos, y no será obra de las elites que han fracasado o renegado de sus mandatos. Surgirá de la voluntad libre, fiel y bien encauzada de sus militantes.

Este hecho en sí mismo constituye una alternativa. Una opción ante el vacío de ofertas, ante el desencanto y la renuncia, ante la inercia de los juegos de poder y ante la ausencia de cauces de diálogo y representación.

Con todo, la vía que se postula es más que una respuesta oportuna a la apatía y el desgano. Es el fruto maduro de una siempre anunciada puesta al día, de un esperado aggiornamento al que, por fin, le ha llegado la hora protagónica.

Representa la reflexión serena y profunda que brotó de la convocatoria de Curicó. Una que, a fines de marzo, congregó a los sectores progresistas de la DC con el propósito común de recuperar el instrumento partidario y de ponerlo al servicio del país. Un arco amplio y diverso de voluntades empeñadas en instalar lo esencial que une al partido por sobre lo adjetivo que lo divide.

Antes que todo, es una alternativa que busca renovar el compromiso de defensa sin reservas y sin eufemismos de la tradición socialcristiana presente en una de las más antiguas formaciones políticas de nuestra sociedad, la que, por obra de un diálogo intergeneracional, se plasmó, primero, en la Falange Nacional y, más tarde, en lo que hoy es el Partido Demócrata Cristiano.

«No renunciaremos a la concepción de partido popular, nacional y de vanguardia», se sostiene en la declaración que emanó del encuentro de marzo, y donde explícitamente se sella la promesa de «mantenernos en la Democracia Cristiana y desarrollar una estrategia de cambio, modernización y re-instalación del Partido en la sociedad, generando insumos valiosos para el trabajo a desarrollar en el VI Congreso Ideológico Radomiro Tomic, aspirando a que nuestras ideas se vean expresadas en la conducción de la próxima directiva nacional del partido».

Herederos de la Falange Nacional y del Partido Demócrata Cristiano, quienes se aglutinan en torno a esta expectativa, reivindican y se proponen realzar la memoria de la Revolución en Libertad, de la oposición pacífica y republicana al gobierno de Salvador Allende, de la condena al golpe de Estado de 1973, de la lucha contra la dictadura, de la recuperación democrática y del restablecimiento de los derechos humanos.

Honran, asimismo, los testimonios de sacrificio de las víctimas que, representadas por Hernán Mery, Edmundo Pérez Zujovic, Juan Millalonco, Eduardo Frei Montalva, Bernardo Leighton y Mario Martínez, han marcado las etapas más complejas y dolorosas de su larga trayectoria histórica.

Se declaran promotores y vigilantes de los grandes progresos de justicia, libertad, paz y democracia emprendidos por los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría, conquistas que no habrían podido realizarse sin el entendimiento llano y la colaboración recíproca entre la Democracia Cristiana y los partidos y movimientos de centroizquierda.

Se hacen, en consecuencia, responsables de las nuevas condiciones sociales, económicas, culturales y políticas que llevaron a Chile a los umbrales del desarrollo, dando origen a nuevas necesidades y aspiraciones que es preciso servir, a saber, la inclusión, la igualdad, la justicia, la previsión, y la nacionalización de recursos estratégicos como las aguas, el cobre y el litio, y también a nuevas concepciones teóricas, ideológicas y políticas. Miradas recientes, entre las cuales la Democracia Cristiana está llamada a ser vanguardia.

Esta actitud frente a la modernidad y, por ello, frente a la globalización, no pudo haber hallado mejor exponente que Humberto Burotto, prototipo de una generación franca, lúcida y arrojada como fue aquella que encendió las luces de la transición democrática en los sombríos y lacerantes años ochenta.

miércoles, 11 de abril de 2018

LOS JUECES FRENTE A LOS PODERES PUBLICOS




Lo que hay en el discurso de Larraín es la misma idea de un sistema binominal de equilibrios entre la izquierda y la derecha aplicada a la judicatura…, reminiscencia de una justicia intervenida durante diecisiete años por el poder político civil-militar.

El ministro de Justicia Hernán Larraín ha hecho afirmaciones de amplias repercusiones políticas y que, probablemente, acompañarán como una sombra a su cartera y a la nueva administración hasta el último día de su mandato. Desde luego, condicionarán el curso que tomará la reforma a la magistratura y la relación del Ejecutivo con el Poder Judicial y con el Parlamento. Pero, principalmente, fijarán los términos del debate ideológico acerca del orden constitucional por el cual los chilenos queremos gobernarnos.

El ministro Larraín ha empleado tres expresiones mínimas, desnudas y emblemáticas para dar cuenta de lo que se propone hacer. Tres nociones que cobran significado y gravedad a la luz de la historia que las precede y de las motivaciones ideólogicas y normativas de su exponente. Larraín las ha vertido ante una audiencia de su partido, la UDI, un espacio privado, según sus propias palabras, lo que le otorga mayor verosimilitud y credibilidad al relato.

Primero, ha dicho que el sistema de nombramiento de los jueces no es transparente. Luego, que producto de ello, la mayoría de los jueces es de izquierda, y, como corolario de lo anterior, que la composición de las Cortes debe ser «neteada», es decir, igualar sus cuotas. Obviamente, con jueces de derechas, puesto que previamente ha sostenido que durante 24 años quien ha gobernado y hecho las designaciones ha sido la izquierda.

Lo que hay en el discurso de Larraín es la misma idea de un sistema binominal de equilibrios entre la izquierda y la derecha aplicada a la judicatura. Lo suyo es reminiscencia de una justicia intervenida durante diecisiete años por el poder político civil-militar. Es la reproducción de la actual configuración del Tribunal Constitucional por el juego de mayorías, llevado a toda la estructura judicial. Larraín realmente piensa que la mayoría electoral que le ha permitido conquistar el gobierno, debería verse reflejada en las futuras nominaciones de jueces. Para él y su partido sería lo normal en una democracia representativa y en un Estado de derecho paleoliberal donde lo importante no es la generación como la sujeción de los jueces a la ley.

Sin embargo, en un Estado democrático y constitucional de derecho, la ideología de Larraín comportaría un atentado a la independencia del poder judicial. Bajo este prisma, los jueces designados políticamente, que no obstante deben ofrecer garantías de imparcialidad en la determinación de la verdad, carecerían de independencia respecto de los otros poderes del Estado y de los propios poderes que coexisten en la administración de justicia, y no podrían abrigar pretensiones de legitimidad democrática.

Esto es así porque en un Estado democrático y constitucional de derecho, el juez es garante de derechos que pueden ser vulnerados por el poder político —especialmente cuando tales derechos, como la salud, la educación o la previsión, no son exigibles ni  justiciables—, y cumple asimismo la función de subordinar los poderes públicos a la ley mediante controles que impiden los excesos y discrecionalidades.

Aquí el carácter democrático de la judicatura no deriva de decisiones consensuadas y representativas, ni de la voluntad mayoritaria, sino precisamente de aquello que no es decidible, o sea, los derechos fundamentales y la legalidad. Si no existieran estos límites al ejercicio del poder no podría hablarse del imperio de la Constitución.

Por eso el proyecto del ministro Larraín es visto como una amenaza y representa un parteaguas en el debate constitucional que se avecina.

lunes, 26 de marzo de 2018

DECLARACIÓN DE CURICÓ



Reafirmamos la absoluta voluntad de mantenernos en la DC y desarrollar una estrategia de cambio, modernización y reinstalación del Partido en la sociedad, generando insumos valiosos para el trabajo a desarrollar en el VI Congreso Ideológico Radomiro Tomic, aspirando a que nuestras ideas se vean expresadas en la conducción de la próxima directiva nacional del partido


Los participantes, militantes del Partido Demócrata Cristiano, autoconvocados en un encuentro de carácter Progresista, realizado en Curicó, motivados por la situación y los desafíos políticos de Chile, declaramos lo siguiente:

1. Constatamos que el PDC cuenta con una base militante reconocida mayoritariamente progresista, que hace una interpretación del humanismo cristiano con radicalidad de compromiso con los más necesitados. En este sentido, nos comprometemos a continuar trabajando en la profundización y difusión de estas ideas.

2. Chile nos puso en la oposición, en este contexto el PDC debe ponerse de pie y desde ese lugar continuar ejerciendo su compromiso con la nación.

3. Emplazamos al gobierno a terminar con las arbitrariedades y las contradicciones a su discurso de la Unidad Nacional, entre ellos, la propuesta de ley antiterrorista, el eventual retroceso en la gratuidad en educación superior y la reposición del lucro ese ámbito, el retiro de la urgencia a la Ley de Identidad de Género, la modificación a la normativa de ejecución de la ley de aborto en 3 causales y las trabas al proceso constituyente ya en curso.

4. No renunciaremos a la concepción de partido popular, nacional y de vanguardia. Reafirmamos la absoluta voluntad de mantenernos en la DC y desarrollar una estrategia de cambio, modernización y reinstalación del Partido en la sociedad, generando insumos valiosos para el trabajo a desarrollar en el VI Congreso Ideológico Radomiro Tomic, aspirando a que nuestras ideas se vean expresadas en la conducción de la próxima directiva nacional del partido.

5. Tenemos temas pendientes en que urge hacerse cargo, hacemos un llamado a nuestra dirigencia a abordarlos, entre ellos, la inclusión, la igualdad, la justicia social, el imperativo cambio al sistema previsional vigente, la nacionalización de nuestros recursos naturales, litio, cobre y agua para Chile.

6. El país cuenta con urgentes desafíos a los que el sistema político debe responder con una nueva mirada, en que la DC está llamada a ser vanguardia, entre ellos se encuentra, la creación de una nueva carta fundamental legitima en su origen; la sustentabilidad medioambiental como desafío Estado-Mercado-Sociedad; la inclusión y la identidad de género, que permitan desnaturalizar prácticas que vulneran a las mujeres y así potenciar el desarrollo integral sin distinción; la descentralización expresada en más poder a los niveles subnacionales con sus correspondientes contra pesos de poder, mecanismos de control y participación ciudadana en todos los niveles; el desarrollo de una política migratoria integral y con enfoque de derechos; la necesidad de instalar la ética en el servicio público para el enfrentamiento de la corrupción sin dobleces, ni privilegios, de manera permanente y el establecimiento de un “nunca más” para ellos.

7. Asumimos el desafío de la profundización de la democracia y la reconstrucción del tejido social, potenciando el sindicalismo y la organización social como herramienta para enfrentar la concentración de la riqueza, el poder y la desigualdad en Chile.

8. Hacemos un fuerte llamado a la fraternidad interna, el establecimiento de acuerdos mínimos para la continuidad, la necesaria modernización partidaria, y a nuestros camaradas en reflexión, a hacerlo en conjunto al interior del partido para sacar lo mejor para la sociedad chilena.

Curicó, 24 de marzo de 2018.

lunes, 26 de febrero de 2018

MI PADRE, ALDO MORO, MURIÓ POR LA DEMOCRACIA

Agnese Moro

El cadáver de Aldo Moro apareció en un maletero (EFE)


 Hace 40 años las Brigadas Rojas secuestraron y dieron muerte al estadista. Su hija Agnese recuerda su visión humana y política.

Agnese Moro
Aldo Moro, como muchos de su generación, era un luchador. Compartió con los italianos y con una multitud de innovadores de todos los continentes, el deseo de construir un mundo en paz, donde el centro de la atención y del cuidado fuera la persona humana, todas las personas, a quienes defendía la posibilidad de vivir, la dignidad, el reconocimiento de condiciones de vida dignas y la protección de sus derechos; la libertad de crecer y de desarrollar su propia personalidad, de asumir responsabilidades, de ser una parte integral e indispensable del gobierno del país.

Estas son las esperanzas que animan nuestra Constitución, a cuya formulación mi padre contribuyó decisivamente con la claridad de sus ideas y con su sólida cultura jurídica.
Esperanzas opuestas a las de la triste experiencia fascista (no es coincidencia que nuestra Constitución sea antifascista) donde la vida de las personas contaba menos que nada, mientras que el Estado, rico y poderoso, era todo. Para decirlo en palabras de Benito Mussolini: «todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado».


En la nueva Italia, sin embargo, el Estado dejó de ser considerado un fin para convertirse en un instrumento con el que la República (todos nosotros) se organizó para conquistar sus objetivos.

Las esperanzas que animan nuestra Constitución han inspirado los objetivos de vida de Aldo Moro, y también han guiado su compromiso político, su actividad como docente universitario, su militancia en la sociedad y su vocación como cristiano. La democracia republicana ha necesitado mucho de este tipo de combatientes, porque el nuevo mundo tan profundamente anhelado tuvo que enfrentarse a las a menudo feroces resistencias de aquellos que perdieron sus privilegios y recursos.

La República, tras mil tropiezos y contradicciones, ha debido luchar de hecho para cambiar aquel equilibrio de poder, poniendo en el centro de sus preocupaciones, a través del voto y de la acción militante, a millones de personas hasta ahora excluidas de todo, redistribuyendo los recursos materiales (energía, uso de la tierra) e intangibles (educación y salud para todos), protección del trabajo (derechos de los trabajadores) y libertad de las mujeres (voto, nueva ley de familia, acceso a profesiones como las del poder judicial).


Moro escribe en 1975:

«En el transcurso de estos treinta años, un creciente número de ciudadanos y de grupos sociales, a través de la mediación de los partidos y de las grandes organizaciones de masas que animan la vida de nuestra sociedad, ha aceptado al Estado nacido de la Resistencia.
 
En ocasiones, la Resistencia se ha reconciliado con la democracia instigada por amenazas autoritarias y cierres clasistas. Pero, sobre todo, las clases largamente excluidas han ingresado como titulares plenos de derechos en la vida del Estado. Grandes multitudes lideradas por los partidos, los sindicatos, las organizaciones sociales, hoy garantizan ese Estado que un día vieron con hostilidad como un opresor irreductible.

Si todo esto sucedió en la lucha, en el sacrificio, es el mérito de la Resistencia, un movimiento que se ha movido en el sentido de la historia, poniendo la opresión antidemocrática al margen y dando cabida a las fuerzas emergentes y vivas de la nueva sociedad».

Aldo Moro, fue un luchador. ¿Con que armas? Con medios pacíficos, pero exigentes con la acción política: conocer los problemas, trabajar, viajar, reflexionar, desarmar, escuchar, debatir, respetar al interlocutor y reconocer su igual dignidad, dialogar, explicar, convencer, comprometer.

Libró batallas. ¿Pero qué batallas? Obviamente, aquí no es posible evocar todos los momentos y testimonios de su vida pública. Me remito de buen grado al hermoso trabajo realizado por el Centro de Documentación y Archivos Flamigni, diseñado para jóvenes y disponible para todos en el sitio web http://www.aldomoro.eu/mostra .

Me limito a recordar algunos puntos de fricción que iluminan en algo el sentido de sus luchas y soledades, incluidas los horrorosos 55 días de su cautiverio.

Muchas de las enemistades que se granjeó derivan de su insistencia en extender el espacio de la responsabilidad política a todos, como en el caso de la apertura de la DC a los socialistas a finales de la década de 1950 (que también lo llevó al borde de la excomunión); la crítica radical a los partidos por su incapacidad para acoger lo nuevo que provenía de una sociedad más participativa y exigente, y la demanda de justicia de los jóvenes de la década de 1960; la incorporación de las nuevas democracias poscoloniales a un diálogo respetuoso; aún más, la integración de la singularidad de los países del área soviética a una política de distensión y paz; la estrategia de apertura al PCI de mediados de los 70.

La gran derecha lo detestó durante toda su vida (y aún lo detesta). La "gran derecha", la que defiende los viejos intereses, la que quiere retroceder y quedarse allí para que nada cambie. Lo han detestado quienes practican la política tibia, cuyo horizonte es aquel donde termina el mundo de los grupos y de los pasillos. Lo ha detestado la izquierda —aquella promotora de la lucha armada— que ha visto en la democracia un freno al sueño de la revolución.

¿Cuáles fueron sus victorias? El haber contribuido con su compromiso y con toda su humanidad para que un pueblo humillado, pobre, desanimado y oprimido, hallara la manera de levantarse y, solidariamente, incluso con muchas dificultades, crecer unido.

Tal vez por esta razón durante estos largos 40 años desde su asesinato, tantas mujeres y tantos hombres "comunes" de las más diversas edades y orígenes, me han hablado de él como "uno de nosotros", oración que revela cuántas familias y cuántas personas han sentido que sus esfuerzos personales por mejorar y realizarse fueron acompañados por el trabajo y el compromiso sin reservas de mi padre, porque todos, todos podían tener "su aliento de libertad".


“La Stampa” del 25 febbraio 2018.

sábado, 15 de abril de 2017

CARTA ABIERTA DE RICARDO HORMAZÁBAL A LOS MILITANTES DC





Los grupos colorines, guatones y príncipes están en una campaña desatada para tomar acuerdos que aíslen a la DC y que los neoliberales han exigido como precio para apoyar a la candidata elegida en la Junta Nacional. Si eso se concreta, ya que tienen mayoría para ello en la Junta, será tremendamente perjudicial para Chile y la DC. Piñera puede ganar, incluso en primera, por el efecto negativo de los grupos iluminados o dogmáticos.


Con tristeza pero convencido de mi decisión, les informo que NO me refiché, por lo que después de 55 años de militancia en el PDC, de acuerdo al SERVEL, tengo suspendido mis derechos de afiliado al partido” y, por cierto, liberado de las obligaciones consiguientes. No comuniqué antes mi decisión para no afectar el difícil proceso de reunir las firmas, pero el Partido ya ha cumplido con las exigencias legales así que no hay problema en informarles.

Lo decidí luego de un proceso de reflexión exclusivamente personal, en el que consideré la situación nacional, el programa que la actual Directiva Nacional ha promovido, las actuaciones de militantes en temas como la probidad, la política de alianzas, la democracia y la fraternidad interna.

Al no reficharme, me libero de los compromisos políticos partidarios con la actual DC, sin tener que renunciar al Partido que escogí a los 14 años, ya que No dejaré jamás de ser Demócrata Cristiano. Pero no seguiré participando en una entidad que ha dejado de ser, para mí, el valioso instrumento de cambio democrático y promotor de la Justicia Social al que ingresé.

Mantendré siempre mis convicciones doctrinarias de Demócrata Cristiano ya que al conocerlas, a partir de los 14 años, mi vida cobró un sentido profundo: me convertí en una mejor persona, en un chileno comprometido con la justicia social y la democracia, con ciudadanía universal y como mejor servidor en lo social y político.

Nunca olvidaré lo que aprendí de los grandes líderes, como Eduardo Frei Montalva, Radomiro Tomic, Patricio Aylwin, Renán Fuentealba y, sobre todo, Bernardo Leighton. También, aprendí de muchos camaradas que conocí en mi larga militancia y jamás olvidaré todo lo que recibí del PDC en ideales y responsabilidades. Los costos personales que pagué en estos años son ínfimos comparado con lo que recibí, tanto por las oportunidades que el partido me entregó en la constitución de mi propia familia y en los cargos que desempeñé.

Chile necesita partidos prestigiados, con propuestas serias, procedimientos democráticos y disciplina consciente. A los actuales partidos – incluido el PDC –les cuesta abrir espacios a personas e ideas distintas, favoreciendo a los que han sido actores por muchos años y cargan con la responsabilidad del modelo cultural que crea el malestar ciudadano que enfrentamos.

¿Por qué no permiten, por ejemplo, que se doblen los espacios para candidatos nuevos, de modo que el ciudadano pueda decidir con más opciones?

El mal es de muchas instituciones y de todos los partidos, pero más grave para mí, es la situación de la DC, ya que debe ser un partido con más exigencias éticas que el resto. Las encuestas y los datos electorales oficiales son una señal de alerta que las élites partidarias no han querido reconocer. En la última elección nacional participó menos del 40% de los chilenos con derecho a voto. Eso es muy grave para la democracia chilena, pero muy apropiado para la minoría que manda.

Los resultados de elecciones parlamentarias y de concejales grafican el malestar ciudadano. Para diputados, en 1993 obtuvimos 1.827.373 votos que corresponden al 27,12%. El año 2013, recibimos 967.003 votos, que corresponden al 14,33%. 900 mil voluntades menos. En las municipales del año 1992, votaron por la DC 1.854.679 ciudadanos, lo que representó un 29%. En las municipales del 2016, el partido recibió 579.398 votos, un tercio de los votantes, un millón doscientos mil votos menos. En pleno apogeo de los gobiernos de Lagos y de la señora Bachelet, con Directivas que respaldaron Ministros del ala neoliberal o pragmáticos del partido, dos de cada tres votantes nos abandonaron. También en las elecciones internas, la participación se ha reducido de una manera significativa. En las últimas elecciones votaron casi 23 mil militantes, el 18% del padrón existente. A esta fecha, se superó la meta legal de inscritos, logro conseguido con mucho esfuerzo y ubicando a la DC como el sexto partido en número de inscritos.

¿Por qué miles de antiguos militantes no se inscribieron? Conozco las razones de algunos, a quienes escuché con afecto y paciencia, sin decirles nada acerca de mi estado de reflexión que culminaría en la decisión de tampoco reficharme.

Ya he anticipado mis razones y puedo añadir que me es inaceptable que se haya negado, una vez más, la participación de los militantes en la elaboración del programa. Rechazo las propuestas de las Comisiones Técnicas, copadas principalmente por funcionarios del gobierno y lobistas, pues son contrarias a los acuerdos del V Congreso de 2007 y a lo que los chilenos exigen del PDC.

No puedo apoyar un programa y candidaturas que son “Más de lo Mismo”, que no enfrentan la tremenda desigualdad generada por el modelo económico inhumano, a las AFP, a las ISAPRES, a la cultura del lucro y al abuso de los grandes grupos económicos. Además, una candidatura que excluye a militantes valiosos que conozco y están dispuestos a cooperar.

No puedo seguir junto a personas que encabezan o representan a las organizaciones empresariales que abusan de los chilenos ni de los que promueven y defienden empresas que dañan los intereses del país.

No puedo apoyar a una dirigencia que se aísla en vez de escuchar el clamor popular y cambiar de conducta. En 3 de 4 primarias hemos ido solos contra nuestros aliados, ganamos 2 de ellas, y cuando perdimos, los DC asumimos la derrota, no amenazamos con irnos y trabajamos con los aliados.

Es cierto que Adolfo Zaldívar, cuando él quería ser candidato presidencial, apoyado por su grupo, los colorines, planteó ir solos a las presidenciales, pero el PDC lo rechazó. Los miembros de ese sector que se quedaron, han sido leales al PDC, aunque ya no critican el modelo y llevan años compartiendo el poder con sus archirrivales internos, príncipes y guatones. Ahora, parece que retornaron al “Camino Solo”.

El clima humano y valórico interno en la DC ha cambiado. Las conductas impropias de algunos personeros destacados me hacen sentirme incómodo, molesto, a veces avergonzado, sentimiento que, según constato, no es compartido mayoritariamente ni enfrentado por los órganos pertinentes. Recibir dinero de empresas vinculadas al pinochetismo o a los grupos económicos más poderosos, hacer lobby en contra de los intereses del país, no causa en la dirigencia del Partido el mismo repudio que yo siento.

He notado, también, que a esos militantes y algunos de sus dependientes, les desagradan mis posiciones e incluso mi presencia. Durante mis 55 años de militancia viví experiencias duras y humanamente difíciles, pero siempre logramos superarlas. Hasta ahora, en que es distinto, por la magnitud de la crisis ética y política que se vive en medio de un cambio de época como el actual y del creciente y fundado repudio ciudadano hacia los políticos.

Se rechazó nuestra propuesta para que los dirigentes sociales pudieran integrar por derecho propio las Juntas Nacionales, como había sido la tradición y normativa del PDC hasta la dictadura; y se quitó el derecho de voto a los ex Presidentes del PDC, buscando limitar su capacidad para cooperar con acuerdos en momentos de crisis, como lo hicimos cuando asumió Carolina Goic.

También excluyeron a los parlamentarios de la Junta Nacional, lo que es un grave error, ya que al margen de su mala imagen actual, se debe contar con ellos para la toma de decisiones, si se quiere que obedezcan al partido en sus acciones políticas. Estas decisiones rompen con la historia y aumentan el poder de los administradores de currículos y operadores de las distintas facciones que han ocupado espacios importantes en donde no hay ideas, sólo reparto crudo de cargos.

Participé como candidato en la última elección de Directiva Nacional porque no quise legitimar la “unanimidad” que negociaban las distintas facciones para mantener ese continuismo. Acaté los resultados, a pesar de las serias limitaciones para el debate y la comunicación que dejaron en evidencia la precariedad de nuestra democracia interna.

En la “mini campaña” difundí estas ideas y sostuve que una candidatura DC a la Presidencia de la República se justificaba si cambiábamos, si recogíamos el sentir popular y promovíamos una alianza amplia con el PRSD y otras fuerzas que quisieran también cambiar, ya que la profundización de la democracia y la mayor justicia social requiere de mayorías políticas, institucionales y sociales. En estos días hemos visto como el PS elige líderes nuevos, valientes y abiertos para escuchar a los chilenos y trabajar para respuestas apropiadas a esas demandas, sin el extremismo clásico y sin pretensiones hegemónicas.

Lamentablemente, una mayoría importante en el partido inclinarse a otra opción. Ya en la Junta Nacional de marzo, se abandonaron acuerdos unánimes anteriores que eran: primero un Programa, una estrategia de alianzas y luego la candidatura. Se terminó en un nombre, se postergó la definición estratégica y se dilató la aprobación de un programa que sabemos que ya está definido por los de siempre, en una propuesta que abandona los lineamientos doctrinarios y programáticos acordadas por el V Congreso.

Siempre dije que si un Congreso, más alta autoridad partidaria, que debía reunirse cada 4 años, adoptaba el modelo de los neoliberales, me retiraría de las tareas políticas por tres años, ya que soy respetuoso de las decisiones orgánicas, pero al cuarto año volvería para tratar que un nuevo Congreso retomara el camino apropiado. Después de 10 años sin Congreso, con los acuerdos programáticos y políticos actuales, no puedo seguir acatando lo que considero como desviación doctrinaria y política.

Mi tiempo físico se agota. Tengo ya casi 71 años.

En estos días se ha citado a una nueva Junta Nacional para el 29 de abril, sin temario, incumpliendo los plazos que el estatuto exige. Los grupos colorines, guatones y príncipes están en una campaña desatada para tomar acuerdos que aíslen a la DC y que los neo liberales han exigido como precio para apoyar a la candidata elegida en la Junta Nacional. Si eso se concreta, ya que tienen mayoría para ello en la Junta, será tremendamente perjudicial para Chile y la DC. Piñera puede ganar, incluso en primera, por el efecto negativo de los grupos iluminados o dogmáticos. El eventual apoyo de Ciudadanos, el derechista partido de Andrés Velasco, No evitaría un desastre electoral para la DC, como ya lo vimos antes.

He sido un militante disciplinado y responsable. Cuando representé una mayoría promoví con entusiasmo, seriedad y fuerza las propuestas de justicia social de la JDC y el PDC, y acaté cuando mis posiciones fueron minoría, apoyando, incluso, candidaturas que no incluían esos acuerdos. Tenía la esperanza que la realidad convencería a sus promotores del daño que le hacían a Chile, pero he llegado a la convicción que no lo harán.

Hace dos años publiqué en mi página de Facebook: “He tomado la decisión de no votar por ningún candidato presidencial o parlamentario que no se comprometa a eliminar el lucro en Educación, Salud y Pensiones” La propuesta actual de la DC en previsión, por ejemplo, se salta los acuerdos del V Congreso y otorga más ventajas a las AFP. Inaceptable.

Respeto el legítimo derecho que tienen los sectores ideológicos diversos a la DC a promover sus ideas o el de los diferentes sectores económicos a defender sus intereses particulares, pero no los acepto en el Partido, ya que la DC nació optando por la clase media y los pobres, en el marco del Bien Común del país. Antes eran solo las fuerzas de derecha las que defendían esos valores e intereses propios del capitalismo, pero en la actualidad lo hacen junto con sectores de la Nueva Mayoría y de la Democracia Cristiana en particular.

Practico lo que predico: La imposibilidad de convivir en un mismo partido con personas que profesaran una doctrina distinta Así lo hice con los marxistas del MAPU, con los de la IC, con los cómplices de Pinochet, con los seguidores de caudillos individualistas. Ellos se fueron del Partido y, aun siendo mis amigos algunos, los enfrenté con claridad. Lo mismo hago con los neo capitalistas que han ido concretando alianzas increíbles con otras facciones internas en busca de nuevos aliados externos, para imponer nuevamente su programa, su poder y sus prácticas en la DC. Por eso quien debe apartarse soy yo.

Seguiré trabajando para eliminar la “democracia semi soberana” que vivimos, en la que los representantes del pueblo le otorgan un rol esencial a la tecnocracia neoliberal y marginan a los ciudadanos de las decisiones, como método para mantener un modelo económico social que incrementa la injusticia social y se sostiene en el egoísmo. Creo que el feudalismo político instalado en los partidos, también en la DC, debilita la unidad nacional, afecta la dignidad de las personas y daña al Bien Común. Aprendí, creo y enseño que los partidos son necesarios para la democracia, pero hoy tienen que renovarse y cambiar, abandonando las malas prácticas que los ciudadanos condenan.

Pido, con respeto, a los militantes refichados que voten en las elecciones primarias por Carolina Goic, ya que aunque discrepo de su forma de dirigir y de las propuestas que promueve, creo que es una persona honesta, que no ha ejecutado actos personales contrarios a la probidad. Espero que la DC no apoyará la otra meta de los neoliberales que ya describí: aislar a la DC, ligar a la DC con sectores de la derecha y facilitar el triunfo de Piñera.

Me entristece mi decisión, pero ello no hace sino valorar lo feliz que he sido por haberle entregado 55 de los 70 años de mi vida al PDC. Seguiré estando orgulloso del papel que éste cumplió en la historia de Chile hasta ahora y jamás olvidaré lo mucho que recibí de él. Más allá de mis limitaciones, siempre traté de retribuirle con mi entrega total, mi lealtad a sus principios y decisiones. Continuaré, en los años que me queden de vida, trabajando, en buena onda, en el mundo social y para el mundo social, orientado por las ideas de siempre.

En lo inmediato, trabajaré por una candidatura presidencial que impulse los cambios, que renueve las élites, derrote a la derecha y fortalezca la gobernabilidad democrática.

Me encantaría que la DC recupere en el futuro cercano su esencia y conducta, que cambie, ya que de ser así firmaría gustoso como nuevo militante. Si no, a menos cumpliré otro de mis deseos: No morir en un partido conservador. NO. No moriré en un partido neo liberal.

El Papa Francisco ha señalado hace poco: “Latinoamérica está sufriendo los efectos de un sistema económico en cuyo centro está el dios dinero, y entonces se cae en las políticas de exclusión muy grande. Y se sufre mucho. Y, evidentemente, hoy día Latinoamérica está sufriendo un fuerte embate de liberalismo económico fuerte, de ese que yo condeno en Evangelii gaudium cuando digo que “esta economía mata”. Mata de hambre, mata de falta de cultura. La gente emigra buscando. Porque los sistemas liberales no dan posibilidades de trabajo y favorecen delincuencias. Y están los que se prestan a eso. Así que Latinoamérica tiene que rearmarse con formaciones de políticos que realmente den a Latinoamérica la fuerza de los pueblos”.

Convencido del fracaso del capitalismo y del marxismo y de la vigencia de esas enseñanzas papales, continuaré aportando en la formación de nuevos líderes, que entiendan que el poder es para servir al Bien Común y que la filosofía cristiana nos impulsa a hacer política por amor al prójimo.

Estaré siempre agradecido de esa “minoría profética” con la que compartí tantas luchas internas, limpias, valientes y fraternales, dadas superando las amenazas y a sabiendas que eran testimoniales. Les deseo que tengan éxito en las tareas internas en las que yo fracasé. Sé que me comprenderán. Les reitero mi cariño, respeto y comprensión por su decisión, entrega y lealtad.

Asimismo, valoro mucho a esos militantes DC que, discrepando conmigo en lo político, mantienen una conducta honesta, ya que la ética no es patrimonio de ninguna persona ni grupo. A los DC probos que han asumido el neo liberalismo de buena fe, mi respetuosa y definitiva discrepancia, con la esperanza que puedan recapacitar.

Por mi parte, seguiré intentando ser Doctrinariamente: Cristiano; Ideológicamente: Comunitario; Políticamente: Vanguardia.

Un abrazo fraternal a los amigos con los que trabajamos tantos años y una cordial despedida para los demás.

En estos días tan significativos para los cristianos, con Fe, Amor y Esperanza, te digo
Hasta siempre, Camarada Partido.

RICARDO HORMAZÁBAL SÁNCHEZ.