lunes, 11 de abril de 2016

SINDROME DE CRONOS

Cronos corta las alas a Cupido



Rodolfo Fortunatti

Miedo a perder el poder es lo que se conoce como Síndrome de Cronos. En la mitología griega Cronos destronó a su padre, Urano, y, después, presa del temor a ser desplazado por sus hijos, como lo anunciaba la profecía, fue devorando a cada uno de ellos.

No bien hubieron concluido los rituales con que la Junta Nacional de la Democracia Cristiana inició una nueva etapa en el partido, se pusieron en actividad múltiples mecanismos de control destinados a rodear y a limitar la capacidad de movimiento de la nueva mesa.

Quizá una de las piezas más elocuentes de esta reacción esperada, sea el discurso del ministro Jorge Burgos a la Junta. Ese que nunca fue pronunciado y que, no obstante, fue publicitado una semana después. Nada impedía que el ministro lo leyera ante la asamblea. Aún más, por la defensa que hacía el jefe de gabinete de su agenda propia, de la política de los matices y de sus contrapuntos con los comunistas, no sólo existía amplio espacio y oportunidad para formularlo, sino que, a no dudarlo, el ministro habría contribuido al debate… y, naturalmente, a acaparar las críticas de sus camaradas.

¿Por qué no lo hizo? Porque tras un desenlace que cambió el balance y las proyecciones estratégicas de la colectividad, ya la audiencia no era receptiva a esas ideas.

¿Por qué decidió hacerlo fuera del contexto ofrecido por la máxima instancia de resolución democratacristiana? ¿Qué sentido tiene difundir ahora un planteamiento que no influirá en la decisión que adoptó el partido? ¿Por qué arriesgar así la máxima posición jerárquica que detenta el partido en el Gobierno?

Porque, al igual que la entrevista al senador Ignacio Walker en El Mercurio, el texto busca redibujar la cancha que rayó la Junta Nacional DC, un paso que es visto como la derrota terminal de las tesis que han alimentado las fricciones de los últimos meses.

En su entrevista, Walker procura reinterpretar el voto político aprobado y, lo que no puede parecer menos que simpático, intenta hacer una traducción de las palabras pronunciadas por la presidenta del partido. Algo así como Goic en versión Walker. Pero la  Junta desechó romper con la centroizquierda y rechazó aventurarse en el camino propio, como Walker y otros de su sector han insistido durante este período. Y si una palabra se le ha oído clara a Carolina Goic es que más que hablar de matices desea hablar de cambios. De este modo, el discurso ex post facto de Burgos y la exégesis de Walker, se convierten en los modelos más representativos de cómo dar un giro retórico y seguir diciendo lo que ya fue superado por las circunstancias.

Desde luego, no son puras palabras. Hay también conductas. Se ha anunciado la instalación de una especie de guarnición, integrada por expresidentes de la colectividad. Estos tendrían la tarea de reforzar a la directiva, lo cual puede ser entendido como sumarle fuerzas y dejarla gobernar o, en el extremo, como ir en auxilio de lo que, en apariencia, se ve débil y vulnerable y acabar ocupando su lugar. Hay que decir que aquella imagen de los expresidentes detrás de la nueva mesa, si acaso tuvo un valor iconográfico por reflejar el consenso del 2 de abril, no es en modo alguno determinante de la solución que, finalmente, concordó la máxima instancia de deliberación DC.

La figura de los expresidentes no existe en la institucionalidad partidaria y, por su carácter honorífico, sus opiniones no pueden ser vinculantes con lo que resuelve la directiva. Tampoco el comité programático que se pretende sea dirigido por el exministro de Hacienda Alejandro Foxley, existe en los estatutos, y sus propuestas estratégicas no podrían ir más allá de las que resulten del VI Congreso Nacional de la Democracia Cristiana.

Es el síndrome de Cronos. Fatal, sin embargo, pues el dios del tiempo terminó derrotado por sus hijos.

En un pasaje de su discurso ante la Junta DC, la Presidenta Bachelet apuntó a los próximos desafíos. «Tenemos aún un largo trecho por recorrer para hacer realidad el país que anhelamos —dijo—. Más largo que lo que abarca el actual Gobierno. Ahora es cuando Chile necesita una Nueva Mayoría sólida y una Democracia Cristiana fuerte y dinámica». Fue el momento cuando la audiencia rompió en aplausos mientras el diputado Andrade comentaba a algún escéptico —y aún más perplejo— que, de vez en cuando, sólo de vez en cuando, había que escuchar la voz de las bases.   

martes, 22 de marzo de 2016

REFORMA LABORAL: POR UNA DEMOCRACIA CRISTIANA COHERENTE CON SU HISTORIA



Nuevamente algunos militantes de la Democracia Cristiana reunidos en torno al Grupo «Progresismo con Progreso» han formulado severas críticas a otro proyecto del gobierno que busca complementar la tarea por una mayor igualdad en que nos encontramos empeñados para hacer de Chile un país más inclusivo y con mayor densidad democrática.

Esta vez fue el turno de la Reforma Laboral (RL). Sus argumentos por legítimos que sean no contribuyen al debate ponderado y razonable que necesitamos tener para crear las condiciones que nos permitan superar los desafíos de un país que ha agotado un ciclo político y que requiere revertir la tendencia de rendimientos decrecientes en lo económico (bajo crecimiento del PIB) y social (persistencia de una alta desigualdad).

Sorprende la similitud de sus argumentos críticos con los esgrimidos por sectores de derecha durante el actual período de tramitación legislativa.

Así es, argumentar que esta RL pone en riesgo el crecimiento de la economía, la creación de empleos y la capacidad para incrementar los salarios en el largo plazo es lo que hemos escuchado de parte de la derecha y de algunos sectores empresariales. Es por lo demás el mismo argumento que conocimos al inicio de nuestra transición democrática cuando el presidente Aylwin propuso reformas en el ámbito tributario y laboral, entre otras, y que la realidad demostró ser falsos pues el país creció a tasas históricas en la década de los noventa, lo que sólo se detuvo por efectos del contagio de la crisis asiática.

El error de este argumento está en su simplismo, pues omite la experiencia comparada del mundo desarrollado que nos muestra sistemáticamente que para saltar la trampa de los ingresos medios, los países requieren combinar simultáneamente tres logros, como son mantener un horizonte futuro de una década de altas tasas de crecimiento económico, acompañado de una reducción sostenida de la desigualdad y de una consolidación y perfeccionamiento de sus instituciones democráticas (Alejandro Foxley, 2012).

Por el contrario, nuestros camaradas critican la RL arguyendo que con ella Chile se aleja de los países agrupados en la OCDE. Nuevamente omiten la evidencia empírica que muestra que mientras en promedio estos países tienen una tasa de afiliación sindical del 17,1% y una tasa de cobertura de negociación colectiva de 62%, Chile presenta tasas promedio de 15,3% y 6%, respectivamente.

Demonizan el no reemplazo interno en huelga, pero omiten que en los países europeos donde este se ha permitido por vía de decisiones judiciales particulares, los sindicatos pueden votar huelgas sorpresivas sin previo aviso a los empleadores y que el proyecto del gobierno considera, en el peor de los casos, un plazo mínimo de 55 días antes de que ésta se haga efectiva. Omiten también que en la mayoría de estos países existe la negociación colectiva por rama o sector de actividad. Si no ¿cómo se explica sus altas tasas de cobertura en negociación colectiva?

Comparten además el argumento de la derecha al estigmatizar esta reforma como una reforma sindical por no incluir una modernización de los programas de capacitación laboral y que apunte directamente a incrementar la productividad de los trabajadores y sus ingresos, obviando que la actual reforma laboral sólo busca perfeccionar nuestra actual legislación en materia de derechos colectivos para alcanzar un mayor equilibrio de poderes entre la parte trabajadora y empleadora al interior de las empresas. Esto, en miras de facilitar las condiciones para una mejor distribución de los ingresos del trabajo o, dicho en otras palabras, disminuir las asimetrías de poder en las relaciones laborales.

Esta preocupación por muy válida que sea, sabemos que debe ser abordada en una agenda más bien vinculada al desarrollo productivo y de políticas de empleo y empleabilidad, pero jamás desde aquella que apunta exclusivamente al fortalecimiento de los derechos colectivos de los trabajadores. A menos que lo que se quiera decir, es que desmantelar o desregular completamente estos derechos, sí constituye una buena política de empleo.

Pero digámoslo claramente, no son sólo las razones técnicas las que determinan nuestra disposición favorable a esta reforma, también son fundamentales los principios y convicciones que nos alientan como demócratas cristianos. Está en nuestra esencia superar la dialéctica estado-mercado, lo nuestro es también la construcción de comunidad o dicho en lenguaje moderno, la acumulación de mayor capital social.

Esta reforma laboral no merece ser vista como una amenaza, sino que como una oportunidad para avanzar en igualdad y construcción de un mayor asociativismo y empoderamiento de los trabajadores y trabajadoras.

El temor al cambio es propio y consustancial a la derecha chilena y, por lo mismo, muy lejano al pensamiento e historia de la Democracia Cristiana.

Apoyamos esta Reforma Laboral porque creemos que es necesario cambiar las relaciones al interior de las empresas, las que se caracterizan por altos niveles de desconfianza, escasa colaboración y carencia de diálogo entre los actores, lo que no es de extrañar en un Chile en que el nivel de confianza interpersonal alcanza sólo al 13% y que muestra comparativamente con el mundo desarrollo un déficit significativo de capital social.

Apoyamos esta RL porque sabemos que la experiencia empírica y comparada muestra que sus orientaciones serán una fuente generadora de externalidades positivas en dos ámbitos. Primero, la evidencia empírica sugiere consistentemente que en las organizaciones donde se verifican buenos procesos de negociación colectiva acompañados de altas tasas de asociatividad de sus trabajadores -sindicatos fuertes- generan entornos que favorecen relaciones laborales modernas, justas y equilibradas. Segundo, empresas con sindicatos fuertes y profesionales (OIT, 2013) mejoran la redistribución vía remuneraciones, establecen con más facilidad incentivos por rendimiento e invierten más en capacitación de sus trabajadores. Por ello, se afirma que la existencia de sindicatos genera círculos virtuosos.

Para mayor abundamiento, David Kreps, académico de la Universidad de Stanford invitado recientemente a Chile, sostuvo a propósito del debate de la RL que "estudios recientes señalan que en promedio, los sindicatos mejoran la productividad y aumentan el total de ganancias a repartir. Entonces, cuando se ha dado al sindicato una voz fuerte, se ha producido una relación laboral más productiva. En el caso chileno, si los empresarios y los sindicatos tienen buenas relaciones, las reformas mejorarán la productividad hasta beneficiar a ambos. Sin embargo, donde no hay buenas relaciones, sufrirán ambos. En mi opinión, es deber de los empresarios buscar una relación positiva".

Asimismo, siempre es bueno recordar, que el contrabando ideológico y la contaminación técnica a nadie favorecen. Es más probable que se legisle mal si no hay espacio para un diálogo serio y constructivo a que si, por lo contrario, nos damos la oportunidad de escucharnos y abrirnos a la razón del otro. Varias de las indicaciones del Ejecutivo son una prueba de ese espíritu.

Es más necesario para un país que aún no alcanza su desarrollo la construcción de un consenso político y económico-social amplio a otro que ya lo consiguió. Peor aún, si ese país está expuesto a una crisis de legitimidad y representatividad de su sistema político, es responsabilidad de todos, especialmente de su elite, redoblar estos esfuerzos.
 

Lo paradójico del Chile actual es que estas obviedades anteriores no están presentes. La tramitación de la RL es un buen ejemplo de estos males que nos aquejan.

Cuantas barbaridades se han tenido que escuchar en nombre del crecimiento económico. En qué quedó el consenso manifestado en la elección presidencial pasada en el sentido que debíamos reforzar la búsqueda de una mayor igualdad sin descuidar el crecimiento económico, dejando así atrás definitivamente el paradigma neoliberal de la dictadura.

Por último, apoyamos esta Reforma Laboral para ser fieles con la historia del Partido y de sus grandes líderes sindicales como son Manuel Bustos, María Rozas y Pepe Ruiz Di Giorgio.

ALDO CORNEJO
ALEJANDRO GONZÁLEZ
BELISARIO VELASCO
CLAUDIO ARRIAGADA
CRISTIAN MORALES
DIEGO CALDERÓN
EDUARDO ABEDRAPO
ENRIQUE BERTRÁN
EVA JIMÉNEZ
FREDDY CAMPUSANO
GABRIEL RODRIGUEZ
GABRIEL SILBER
HECTOR GARATE
HUGO MUÑOZ
JOAQUIN CABRERA
JORGE BERAZALUCE
JORGE CONSALES
JOSE CASTRO
JOSE CRIADO REYES
JOSE SOTO SANDOVAL
JUAN DÍAZ BERRIOS
JUAN MANUEL SEPÚLVEDA
JUAN MORANO
JUAN PABLO SEVERIN
LUIS EDUARDO THAYER
LUIS PLATONI
MARCO SOTO
MARIANELA CERRI
MARIO VENEGAS
MAURICIO JELVEZ
NESTOR GUTIERREZ
NICOLÁS MENA LETELIER
OMAR JARA
OSCAR SOTO RIVEROS
PATRICIO VALLESPIN
PILAR MALLEA ARAUS
RAMÓN MALLEA
RAMON MALLEA ARAUS
RENE SAFFIRIO
RICARDO HALABI CAFFENA
RICARDO RINCÓN
RODOLFO FORTUNATTI
SERGIO OJEDA
SOLEDAD LUCERO
VICTOR TORRES
YASNA PROVOSTE CAMPILLAY

jueves, 28 de enero de 2016


Pugna DC-PC:
UN DEBATE ARTIFICIAL






1. La opinión pública ha vuelto a ser observadora de tensiones y conflictos entre las directivas de la Democracia Cristiana y del Partido Comunista. Ha visto acusaciones cruzadas entre quienes califican a unos de totalitarios y sectarios, y quienes replican con referencias al golpismo y la corrupción.

2. No es éste el lenguaje que debe primar en una convivencia democrática y, desde luego, no es el lenguaje que se estila entre aliados. Las descalificaciones dañan a miles de militantes de ambos partidos contra quienes —o en el nombre de quienes— se emplean. Las palabras desdeñosas envilecen el diálogo democrático y corrompen el espíritu de entendimiento. Jamás este tipo de expresiones puede ser considerado como una opinión política, porque no lo es. 

3. La Democracia Cristiana tiene diferencias doctrinarias, ideológicas y políticas con los comunistas, pero con los comunistas la une un programa, un gobierno y una coalición, que es la Nueva Mayoría, cuya importancia para Chile no se reduce a los dimes y diretes entre las autoridades y dirigentes de dos de sus colectividades. El debate de hoy no es sobre la Guerra Fría, la crisis de los misiles ni el puente de los espías, sino sobre las promesas de reforma comprometidas por el Gobierno de la Presidenta Bachelet.  

4. Una artificial controversia como ésta lo único que podría buscar es tender una cortina de humo para ocultar los graves frenos que le están imponiendo a las reformas laboral, de la educación superior, de la interrupción voluntaria del embarazo en tres situaciones límite y de la Ley de Pesca, personeros y representantes de la propia coalición de gobierno. Esto el país lo observa, lo juzga y se pronunciará en consecuencia en las urnas.

5. Queremos hacer un llamado a serenar los ánimos entre democratacristianos y comunistas. Un llamado a los partidos de la Nueva Mayoría para que contribuyan a la sensatez de las polémicas. Un llamado a nuestros militantes para fortalecer los lazos de cooperación con los aliados, y para sancionar en la Junta Nacional de abril la línea política del partido.

Renán Fuentealba Moena
Belisario Velasco Baraona
Ricardo Hormazábal Sánchez
Carlos Eduardo Mena
Rodolfo Fortunatti Molina

Santiago, 28 de enero de 2016.