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sábado, 13 de junio de 2020

PALABRAS A LUCHO, NUESTRO QUERIDO GORDO

ÓSCAR OSORIO



"Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado”…
Elegía, poema de Miguel Hernández



No te perdono Lucho esta partida. No puedo, me niego. Te perdono todos los envoltorios de dulces con los que aparecía tu camioneta, cuando salíamos  a terreno en la búsqueda de algún proyecto; o todas las bebidas de fantasía en tu refrigerador; o las sopaipillas con las  amenizábamos nuestras sobremesas, mientras escuchábamos algunos de tus discos favoritos;  o incluso algún pastel o facturitas que aparecían junto a un café cortado. O aquel causeo de patitas con un vaso de chicha y pipeño en el “Wonder Bar, por allá en la calle Balmaceda”. En fin, todo lo que “teóricamente” no podías comer. Todo te perdono, pero esta partida no. Muy temprano la muerte levantó el vuelo y nos ha dejado desolados.

La última vez que nos vimos en persona fue unos días después de tu llegada de Australia en el mes de marzo. Almorzamos en el mítico Bar La Unión de Nueva York 11 y me entregaste algunos recuerdos para Pamela, mi señora y Daniela, mi hija mayor. Ambas le envían a Gisela, Alejandra y Francisca, toda su ternura y consuelo. Luego, de manera virtual el miércoles 27 de mayo, día en que Marcos Mora nos invitó a una reunión para hablar del futuro del  mundo rural post pandemia del Covid 19. Tú fuiste el de la idea y Marcos la implementó. Quedamos en escribir algunas cosas y estábamos muy entusiasmados.  Nos veríamos de nuevo el lunes 1 de junio. Pero no apareciste. Te llamé el martes, miércoles y jueves por la mañana. Luego Ramiro nos contó la infausta noticia: Estabas en la clínica con Covid19. De ahí todo fue una caída libre. Qué paradoja más grande de la vida Lucho. Pero estamos convencidos con Marcos, querido Lucho, que la única forma de honrar tu memoria es terminar  o más bien, empezar a trabajar en esto.

A Lucho lo conocí hace mucho tiempo, por allá en los 80 en INPROA. Pero nuestra amistad comenzó a consolidarse en el Ministerio de Agricultura allá por finales de los 90. Y sobre todo  durante estos últimos 20 años, en donde coincidimos en INDAP hasta mediados del primer gobierno de Piñera. Después volvimos al Ministerio, él a Indap, para ser jefe de la División de Asistencia Financiera,  yo a la Subsecretaria. Tuvo una gran gestión Lucho. De una gran solidez técnica y profesional, como ex alumno del Instituto Nacional, de la carrera de agronomía en la Universidad de Chile y posteriormente de un Magister en Finanzas, en la misma Universidad, aunque nunca hizo halago de esto, sino que sobresalía  fundamentalmente por una gran calidad humana. El  diseñó y redactó la primera política del segundo gobierno de la Presidenta Bachelet hacia el mundo campesino: Resolver el gran problema de la deuda histórica de los productores y organizaciones campesinas. Además, por supuesto, de implementar todo una arquitectura de soporte y ayuda financiera a la actividad campesina. ¡¡¡Fue un gran directivo público!!!!

Luego, a partir de marzo de 2018, de nuevo a la incertidumbre y a guarecernos del chaparrón. Sin embargo, Lucho salió con una ala herida. La nueva autoridad, inventó una acusación en contra de algunos funcionarios de Indap, entre los cuales se encontraba él también. Esto lo dejó muy mal, muy decaído, muy decepcionado. Por eso cuando la Contraloría General de la República, al revisar el caso después de un año, decreta la nulidad de lo obrado, es decir, que no había  méritos para la acusación,  Lucho estaba más tranquilo. Pero quienes lo  acompañamos en todo este trance, durante toda este tiempo de felonía y  mentiras, no podemos ni debemos olvidar, que una de las consecuencias de  esta ominosa acusación fue  una parálisis facial que lo tuvo recluido en su hogar por meses y de la cual finalmente se recuperó. Esperamos que la autoridad política de Indap, retire esta acusación. Es lo menos que merece una persona de la calidad,  estatura moral y probidad de Lucho, de la que todos los trabajadores y funcionarios  de Indap, junto a las organizaciones de campesinos del país, dan fe.

Un rasgo que caracteriza a Lucho era ser querendón: de su familia por supuesto, de sus hijas Alejandra y Francisca, lo mismo de sus hermanos Jorge, Marcela y Pablo. De Gisela, su esposa por años, de quien siempre hablaba con orgullo de sus logros  Pero cuando hablaba de sus hijas, se iluminaba. Por eso estaba tan contento con el viaje a Australia para  visitar a su hija Alejandra, ingeniera civil industrial y que trabaja allá en una empresa minera y acompañado también por Francisca, quien está terminando la carrera de Veterinaria. Y cuando lo llamé por el deceso de su madre, me comentó lo feliz que se sentía  de conversar tanto con sus hijas. Al respecto, me recuerdo que en el mes de agosto del año pasado, que nos encontramos para armar algún proyecto o sueño, de los tantos que teníamos, que le dije: Luchito, hoy está de mi cumpleaños mi “taita”, acompáñeme a servirme una copa de vino en su recuerdo. Por supuesto fuimos de inmediato y nos conversamos la amistad en una botella de vino. Me comentaba de la trayectoria de su Padre, de su huella como abogado, de su trabajo en el sindicato de Tranviaros de Chile y en el Ministerio de Obras Públicas y recordábamos además que su padre y yo teníamos un amigo común, sin conocerlo yo a él, por supuesto y sin que Lucho supiera. En efecto se trataba de Mardoqueo Cáceres, abogado y escritor, de quien fui amigo allá por los 80’. Mardoqueo, visitaba su casa cuando lucho era niño. El mundo es un pañuelo.

En fin, en cada momento honrábamos la amistad. En cada rincón de Chile generábamos nuevos amigos y concitábamos entusiastas adhesiones a nuestras ideas, más bien a las suyas: Que la fábrica de alimentos para ganado en Convento Viejo; que las ovejas en Temuco, que la lechería en Los Ríos y la Araucanía, para familias mapuches;  que el cordero Kunco en San Juan de la Costa, para un grupo de mapuches –huilliches; que las cabras en el Choapa, o en Florida o también en María Pinto. Inventaba posibilidades, generaba conversaciones con sentido. Tenía una capacidad inmensa para comunicar el propósito de un negocio. Siempre con respeto y poniéndose en el lugar de los otros. Sobre todo cuando estos otros eran campesinos o comunidades indígenas. Con ellos Íbamos a iniciar un par de proyectos en la Araucanía y otro en el norte, con la comunidad indígena de ChiuChiu, allá por Calama hacia el interior. Estábamos lanzados a terminar esos proyectos, mientras no se repusiera el  anhelado proyecto de Leasing ganadero, que desarrollaba con Jaime Leal. Sobre este proyecto me decías: “profesor, aquí le vamos a pegar el palo al gato”. Nos recordábamos una gira oficial que hizo Lucho, a algunos países de Europa, el año 2016 con otro gran amigo de Lucho, Ramiro Sanhueza, justamente para obtener antecedentes de seguros agrícolas.  Por ahí circulan algunas fotos, donde Lucho aparece  muy elegante.

Estimado amigos y amigas, familiares, hijas de Lucho. Hoy,  la amistad está de luto, aquella de la mano abierta y cálida;  hoy, la generosidad (creo que este es uno de los rasgos más característicos de su personalidad) tan necesaria en nuestro país pierde a uno de sus más grandes representantes; hoy,  el compromiso con los más necesitados, con los campesinos, con el mundo indígena, pierden a uno de los directivos más comprometidos con su causa; hoy la democracia cristiana, pierde a uno de su más nobles y comprometidos militantes, esos que son imprescindibles y que tanta falta le hacen en estos tiempos;  hoy, hemos perdido al gran Lucho Alfaro Lucero,  y yo he perdido a un amigo entrañable, a un hermano.

Sé, que ningún dolor será comparable como el que en estos  momentos sufren  sus hijas y familiares más cercanos. Por eso quiero recordar una anécdota. Por estos días, pero el año pasado, Lucho vino a mi cumpleaños y casi al final del evento, hizo un discurso que lo dirigió a mis hijos, y del cual todavía se recuerdan. Fue muy emotivo.

Es por esto que hoy, en esta esta infausta fecha, con un dolor que me lacera el alma, le digo lo mismo a Alejandra y Francisca: Vuestro padre fue un gigante, un insustituible, una persona valiente, por hay que ser muy cojonudo para decirle a la autoridad, ¡No! de mi división no se va nadie, cuando durante el primer gobierno de Piñera nos pedían gente (grasa como acostumbran a decir ellos) para echar. Y Lucho se negó. Eso es honrar al Indap, eso es  honrar a los trabajadores; eso es honrar las convicciones,  y por supuesto,  honrar como nadie, la dignidad.

Por donde anduvo nuestro querido gordo, dejó huellas: Hugo Ramos, nuestro común amigo de Inproa y del IICA, te envía sus abrazos emocionados desde Freirina, junto a un ramo de flores del desierto florido; Julio Cárcamo, desde Puerto Montt, nuestro “propio” en la zona mientras preparábamos proyectos para pescadores artesanales de la comuna de Maullin, allá por el 2013,  envía lágrimas de amistad, historias de temporales, y si pudiera, un cajón de “piures”, esos que te gustaban tanto y que tú preparabas, como gran Chef que eras,  con tanto cariños para los comensales; Edgardo Lienlaf, desde el Temuco profundo, envía sabias palabras y nos dice que ahora estarás en el Wenumapu, lugar donde reposan el espíritu de los guerreros; Agustín Mariano Quinchao, también de Temuco, quien es además el presidente de Campocoop, envía abrazos emocionados, también agua, harina y miel para tu viaje; Daniel Rebolledo, vicepresidente de Campocoop, un asado de costillar de vacuno y vacío, como dicen los cuyanos, y unos chamamés para que los escuches y te acompañen. Bernardo Candia, alcalde de San Juan de la Costa, además de las condolencias, envía sopaipillas, pebre y chica de manzana, de ese hermoso territorio al cual querías llegar a vivir.

Lucho querido, gordo añorado, nos va a costar mucho rearmar nuestras vidas sin tu presencia cotidiana, sin tu lucidez, sin tu alegría, sin tus historias. No es así Ramiro; no es así Rodrigo; no es así Tonci; no es así, Claudio; no es así Dionisio; no es así Jorge M; no es así Jorge V; no es así Marcos; no es así Monchito; no es así Juan Carlos; no es así Lucho. 

Profesor, como decía él, la vida no termina con la muerte, sino con el olvido y tú permanecerás vivo,  no solo en nuestros corazones, sino en cada brindis, y en cada abrazo que celebremos la amistad, aparecerá tu rostro y tu nombre: Luis Alfaro Lucero.

Lucho querido, hermano del alma, descansa en paz. Termino estas palabras con los versos finales del poema Elegía, de Miguel Hernández 

“A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero”…
Oscar Osorio (Oso) Valenzuela

Junio 13,  2020

viernes, 12 de junio de 2020

VIVIR EN CHILE CON CIEN DOLARES AL MES

Rodolfo Fortunatti
















En un acuerdo político con los neoliberales, todo es negociación, y toda negociación es un canje de garantías de derechos por lucro. Son las dos caras de una misma moneda, incluso ―y tal vez con mayor razón― en condiciones de inseguridad humanitaria, de recesión económica y de ingobernabilidad. Porque, si no hay nada de utilidad a cambio, para qué negociar, dicen ellos.

La máxima la aplican en todos los niveles. Basta ver cómo los intendentes ―en especial el intendente de Santiago― están elaborando los presupuestos regionales para confirmar el modo discrecional e inconsulto con que se recortarán las actuales finanzas públicas, y las dotaciones de personal, en proporciones de 10, 15 ó 20 por ciento, según la gravedad del escenario previsto para 2021.

Si se trata de proteger a los trabajadores de los nocivos efectos del despido, la moneda de canje es saber cómo irán en ello los empleadores, por cierto, también las grandes fortunas. Si lo que se busca es socorrer con un ingreso familiar de emergencia a los más pobres y vulnerables, el precio de concederlo es incluir en la transacción la suerte del empresariado en una futura reactivación económica.      

¿Y quién, si no la retórica e ingeniosa vocera de gobierno, es la más indicada para instruir sobre los términos del trato que se discute en el Congreso? Advierte la ministra que «la voluntad del gobierno siempre, desde el minuto que el presidente hizo este llamado, es llegar a un acuerdo, pero no se les olvide que es llegar a un acuerdo en las dos caras de una misma moneda, extremadamente importante hoy para la ciudadanía, que es la protección de las familias y la reactivación de la economía».

¿Cuál es el problema de este canje? El mismo que se vio en la mesa de los economistas, conformada mayoritariamente por liberales: si no se aceptan las condiciones del oferente, estas igualmente se imponen. Así ocurrió hace un mes en la votación del ingreso familiar de emergencia, cuando la oposición se vio obligada a abstenerse para no obstaculizar la asignación del mezquino subsidio de 65 mil pesos por persona destinado a los hogares más pobres y necesitados.

Aunque en el grupo se hizo presente que el monto del ingreso familiar de emergencia debía ser superior al de la línea de la pobreza, la mayoría de los profesionales convocados por el Ejecutivo se inclinó por un ingreso familiar de indigencia.


Actualmente, la línea de pobreza para un hogar de cuatro personas está fijada por la Subsecretaría de Evaluación Social en $451.570 mensuales, mientras que la línea de extrema pobreza está trazada en $301.047 mensuales.

En el documento de 19 carillas, Propuestas Para la Protección y Reactivación, los técnicos sugieren una asignación por persona de 80 a 90 mil pesos mensuales que, tratándose de una familia de cuatro miembros, oscilaría entre 320 y 360 mil pesos. Este monto se sitúa ligeramente por encima del límite que separa a la franja de pobreza de la banda de pobreza extrema, lo que lo convierte en un auxilio de indigencia. Dicho de otra manera, el ingreso de 100 dólares per cápita está imaginado para que las familias en situación de pobreza no desciendan a un estado de subsistencia.

En consecuencia, la política pública propuesta desampara a la mayor parte de las familias con carencias de educación, salud, trabajo, seguridad social, vivienda y calidad de vida, una realidad que afecta a 3.530.889 personas, el 20,7 por ciento de la población chilena según la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional. Para formarnos conciencia cierta de la magnitud de la pobreza en Chile, habría que agregar que, de acuerdo a cifras del Instituto Nacional de Estadísticas, la mitad de los trabajadores y trabajadoras gana menos de 350 mil pesos al mes, y también la mitad de quienes reciben pensiones contributivas obtiene menos de 170 mil pesos.

Luego, cómo se puede vivir en Chile con 100 dólares al mes. En Brasil consigue hacerlo a duras penas la mitad de su población, 104 millones de seres humanos. Pero, en Chile, cuyo dilema para los liberales era hasta no hace mucho cómo huir de la trampa de los países de ingresos medios, ¿qué se hace? ¿Qué se puede hacer, cuando la cesantía, la quiebra de tu microempresa, la enfermedad, el abandono y la muerte, te empujan a la pobreza? ¿Cómo se puede vivir con cien dólares, cuando el pasaje te cuesta un dólar, el kilo de pan, dos dólares, un balón de gas, 16 dólares, y un litro de parafina 63 centavos de dólar?

Sólo la gente lo sabe.




miércoles, 10 de junio de 2020

INGRESO FAMILIAR BÁSICO

Rodolfo Fortunatti

El derecho humano a un ingreso familiar básico tiene como correlato de su realización práctica en el Presupuesto de la nación, el deber humano de quienes poseen las más grandes fortunas, de contribuir responsablemente con sus impuestos a la justicia social, la paz civil y la supervivencia del régimen de libertades.







CONSECUENCIAS (ESPERADAS) DE LA IMPLEMENTACIÓN EN CHILE DEL MODELO ULTRANEOLIBERAL Y EL CONTEXTO DE PANDEMIA POR LA COVID-19


Oscar Osorio




Introducción

El modelo de sociedad de los últimos 40 años, basado en el ultraneoliberalismo, ha generado consecuencias inesperadas y perversas para la mayoría de la población. Incluso, más allá de las transformaciones que los gobiernos democráticos realizaron, en sus aspectos más bien secundarios, tanto porque no era posible por el peso excesivo de la derecha en virtud de la constitución del 80, como por cierta desidia y falta de voluntad política de su elite, no se modificó el núcleo central del modelo. La emergencia de la pandemia del Covid19 y lo errado de las propuestas diseñadas, no han hecho más que agravar estas consecuencias. Nos referimos básicamente a consecuencias perversas en los siguientes ámbitos: económicos-sociales, políticos y culturales.

1.      Económicas-sociales

La ineptitud de este gobierno para hacerse cargo de los problemas que ha generado la pandemia del Covid19, es de tal magnitud que ha sido incapaz de ponerse en los zapatos de los trabajadores del país. No le interesa, además, establecer empatía con los problemas de la gente. Esto aún cuando prácticamente el 50% de la población al año 2019 se encontraba en una situación de alta vulnerabilidad, toda vez que, conforme a datos oficiales del INE, la mitad de los trabajadores de Chile, gana menos de $350.000 líquidos mensuales y el 50% de las personas que reciben pensiones contributivas obtienen menos de $170.000 (datos CASEN 2017) . Es decir, se sitúan, apenas por $5.000 sobre la línea de la pobreza ($165.000) Y esta vulnerabilidad ha aumentado  notablemente, con este evento sanitario externo que no sólo se manifiesta en las altas cifras de  cesantía, sino que fundamentalmente en la caída de la actividad económica, que ubicará inmediatamente a una gruesa parte de los trabajadores, bajo la terrorífica línea de la pobreza ($365.000 para un hogar compuesto por tres personas y $472.000 para un hogar compuesto por 4 personas).

Por qué, después de tres décadas de recuperación de la democracia, cuando se nos insistió que el crecimiento era condición fundamental para llegar a ser un país desarrollado y estable, cómo es que nos encontramos en esta situación de tan alta vulnerabilidad. ¿Qué sucedió con nuestro país con un PIB per cápita cercano a los 25.000 dólares? Bastó que ocurriera esta pandemia y todo el tinglado de cifras, promedios y equilibrios macroeconómicos, certezas económicas  y apologías al mercado, temblara y se viniera al suelo de manera estrepitosa. Aparentemente no habían cimientos, solo humo.

La respuesta está en la profunda desigualdad social y económica que existe en el país, a propósito de la concentración de ingreso y riqueza en el 1% más rico. Se trata de una dimensión que no mide la encuesta Casen, puesto que las encuestas de hogares subestiman o no logran registrar los ingresos de la población más acomodada. Para su medición se usan los registros tributarios, y para Chile estos datos muestran que el 33% del ingreso que genera la economía chilena lo capta el 1% más rico de la población. A su vez, el 19,5% del ingreso lo capta el 0,1% más rico.

Y este drama estructural, no leído ni menos asumido por las autoridades gobernantes,  para nada ha sido incorporado en las propuestas de solución, tanto en el tema de salud como en el económico. Al contrario, todo es mediatizado por el mercado, sea éste de vanidades y caridades (cajas de mercadería, profusamente amplificado por los canales de la televisión abierta), del trabajo, vía seguros de cesantía, o financieros vía préstamos ominosos de la banca, o bonos miserables del Covid. Pero en nada aparece la mano amiga del estado, que ante la incertidumbre y la caída abrupta, ayuda y protege. 

Entonces ahora, en medio de la mayor de la crisis sanitaria, social y económica de los últimos 100 años, nos percatamos que en Chile los frutos y las oportunidades del progreso no han alcanzado a todos por igual. Y que esta pandemia,  por supuesto no democrática, toda vez que tanto el número de contagiados y fallecidos, en un alto porcentaje, corresponden a personas que viven en comunas de más bajos ingresos. Aunque no exclusivamente, por supuesto. Porque lo que contemplamos, de manera dramática, es como ancianos mueren botados en conventillos y cites que creíamos eran parte del pasado y que, sin embargo, hoy proliferan no solo en las comunas del poniente o norte de la capital, sino que en todas aquellas catalogadas como de “clase media” (Santiago, Macul, Ñuñoa).

Entonces, los niveles de pobreza ya no están cercanos al 9%. En otras palabras, si las personas en Chile dependieran sólo de los ingresos del trabajo (que en su etapa de jubilación se refleja en el monto de las pensiones), 3 de cada 10 personas no superaría la línea de la pobreza; lo anterior permite ponderar de manera más precisa los resultados de la aplicación del “modelo” chileno, ya que el volumen de personas en situación de pobreza pasaría de 1,5 millones a 5,2 millones[1]. Esto es particularmente relevante toda vez que la población más afectada por los estragos de la pandemia es la perteneciente a la tercera edad. Por lo tanto, no podemos sino referimos a la situación de las pensiones, donde las palabras y conceptos recurrentes son pauperización, pérdida de status y de niveles de consumo; es decir, movilidad social descendente.

Tal situación, ha puesto al país de nuevo, como en las primeras décadas del siglo pasado, a hablar de la cuestión social. Es decir, pobreza, vulnerabilidad social y precarización. Ha quedado de manifiesto, cuando el manto de la “parca” se posa en los hombros de los abuelos, de los pobres, de los que arriendan piezas por años,  la incapacidad del sistema de AFP para dar respuesta a los dilemas de la seguridad social. Para eso no sirve, sí para transformarse en la base de sustentación del sistema financiero que sostiene, con recursos de los trabajadores, el modelo ultraneoliberal
.
2.      Políticas

La pérdida de confianza en las instituciones políticas, tal como lo muestran las encuestas, particularmente en el Presidente de la Republica, es de una magnitud nunca antes conocida en el país, ya que apenas cuenta con un 6% de aprobación (CEP enero 2020) o un 20 o 25% de aprobación (CADEM junio 2020). En la misma paupérrima situación de adhesión se encuentran el Congreso y los partidos políticos. Lo anterior da cuenta de una absoluta desafección de las elites políticas del sentir de la mayoría del país. Cuando las instituciones políticas no son capaces de dar respuestas a las demandas de la ciudadanía; cuando no se les asigna o reconoce la legitimidad para abordar y solucionar la crisis, como ha quedado de manifiesto con esta crisis sanitaria, es la democracia la que se resiente y quedan abiertas la puertas para cualquier intento populista, sea éste guiado por algún líder carismático o un grupo o partido u organización que se arme para tales fines.

El discurso populista apela a lo inmediato, a lo próximo, a lo concreto y a las certezas de una mayoría, de la multitud. Más aún cuando se trata de una multitud desesperada y desesperanzada, en donde cualquier solución, no sólo no puede esperar ni menos ser negociada, sino que debe implementarse de manera inmediata. En este sentido, el principal argumento usado por los populistas, es la demagogia. Por esta razón, cualquier acuerdo entre gobierno y oposición, debe tener un horizonte de tiempo limitado. Se trata de una acción coyuntural, cuyo único destino es enfrentar la pandemia, que la gente se quede en casa y luego un plan de ayuda para recuperar empleos. Pero esto, bajo ningún punto de vista, significa más de lo mismo: más mercado, más AFP, más Isapres, más soluciones “ominosas” de la banca.

Por esta razón es que nos interesa desenmascarar cualquier intento populista  de salida de la crisis, aprovechándose de la desesperación de la gente, que signifique no cambiar las bases del modelo ultraneoliberal. Sabemos que esta práctica consiste en identificar las preocupaciones de la gente y, para aliviarla, proponer soluciones fáciles de entender, pero difíciles de aplicar. A pesar de ser tan antigua como la democracia, la demagogia ha recibido un impulso impresionante a través de las comunicaciones de masas, fundamentalmente la televisión y particularmente las llamadas “redes sociales “e internet, ya que la difusión de la información escapa a todo control centralizado y al consenso democrático. Es decir, nadie se hace responsables por las consecuencias, ni menos por los contenidos de los discursos.

La demagogia y el populismo se ven fortalecidos ante la caída y desplome que ha experimentado la institución “Presidente de la República”. En efecto, hoy se encuentra absolutamente desfondada, sin respuesta ni empatía con el sentir de la ciudadanía, que exige cambios profundos. No sólo se llega tarde con medidas que previamente instituciones médicas habían insistido en que se implementasen, sino que todas las medidas se diseñan desde la perspectiva del pro mercado, dejando ausente todo vestigio de humanidad. Se está en presencia entonces de una suerte de tormenta perfecta: desconfianza en las elites, en el presidente y en todas las instituciones, la clase política gobernante principalmente oficialista, insistiendo en su plan de políticas públicas sin modificar mayormente el modelo, no respondiendo a la demanda mayoritaria. Sin embargo, esta desconfianza también alcanza a los partidos de la oposición. Es decir, nadie se salva. De esta manera, el país sin densidad democrática, sin tejido social, ni capital social, queda sin posibilidad de defenderse de un intento de refundación populista, que solo traerá autoritarismo, disfrazado de “orden”; más pobreza y concentración de la riqueza, disfrazada de “oportunidades para todos” y más precariedad, disfrazada de  “mérito y emprendimiento” y todo su fetiche adosado.

3.      Culturales

Asociado al tema de la desigualdad social, el país se ha venido estructurando en barrios y territorios altamente segregados y segmentados socialmente. Es decir, se trata de un país y barrios para nosotros (la elite) y otros varios países y barrios para los otros, los que no son como nosotros, los demás. El mercado se convierte en el único asignador de los privilegios y recursos, y la emergencia de la pandemia no ha hecho más que desnudar esta realidad. No es lo mismo vivir el confinamiento obligatorio y la cuarentena en los barrios de las comunas con más ingresos, que en aquellos donde el hacinamiento y la pobreza son la normalidad. Al respecto, basta un recorrido por los matinales de la TV abierta para percatarse de la realidad y de las conversaciones que allí ocurren, donde no existe mayor cuestionamiento al “modelo”,  que naturaliza realidades tan complejas como las situaciones de pobreza y hacinamiento que son explicadas con conceptos tan ideológicos como:” no ha habido esfuerzo, disciplina, merito, etc.” Donde, lamentablemente, salvo honrosas excepciones, los personajes de oposición no hacen más que legitimar, a través de sus “bufonescas apariciones”, el ideario político y comunicacional del gobierno. Sin hacer mención alguna que nuestra cotidianidad ha estado mediada por  un modelo de mercado desregulado e individualizado, obsesionado con el crecimiento, con el consumo, la competencia y la desigualdad.

Y cuando la autoridad sanitaria, de manera irresponsable y sin realizar ningún ejercicio de autocrítica nos traspasa a todos los chilenos la responsabilidad de no infectarnos con el virus, tratando de hacer una “verónica” a las erradas políticas previas, se olvida de que para quedarse en casa, se requieren ingresos dignos y no migajas. Pero también se olvida la autoridad,  al hacer mención a cierta irresponsabilidad de los chilenos por no respetar como se debe la cuarentena, que el modelo deseado de “no sociedad”, preconizado por ellos mismos, está basado en el individualismo llevado a su máxima expresión, que, junto con la codicia, la avaricia, el arribismo y la competitividad, constituyen los pilares ideológicos del modelo. Para ellos la sociedad no existe, solo el individuo, narcisista, que persigue el consumo de sus deseos sin importar nada. “Responsabilidad con los demás, solidaridad con los otros, ¿qué es eso?; para eso está el mercado genera instituciones donde cuidar a los mayores y abuelos. Es tarea de otros, no mía”, son las frases que se escuchan de manera recurrente. Por lo tanto ausencia absoluta de cohesión social, de un nosotros para enfrentar este flagelo.  Es decir, el ideal perseguido por los ultraneoliberales: Me rasco yo mismo con mis uñas. No necesito de nadie más.

Estos nuevos valores culturales han reemplazado a la austeridad, a las prácticas de ahorro, a la cultura del trabajo, al respeto por el otro y al optar por el camino correcto y no por el más fácil o por el atajo y que libera de responsabilidades e incluso de impuestos.

4.      Síntesis

Por eso ahora,  que en medio de la crisis  se llama a la unidad y solidaridad de los chilenos para enfrentar juntos esta difícil situación, el mejor homenaje a todos los muertos, a los dos mil y tantos y a los que seguirán aumentando por las anteriores decisiones erradas, donde claramente debe existir una responsabilidad, sino penal a lo menos política por estas decisiones, es iniciar el camino para la transformación del modelo. La pobreza y la reemergencia de la nueva cuestión social, la probabilidad cierta de experiencias populistas y el fenómeno de la segregación y segmentación territorial, como elementos de diferenciación social y cultural, que estuvieron en el centro del reclamo y de la rabia  que caracterizaron el estallido social, siguen estando presentes y se han agudizado aún más ante la incapacidad de este gobierno por enfrentar la pandemia. Lo único que han generado es una enorme fractura y divorcio entre la elite política, social y cultural y la gente.

Sin embargo, tenemos una gran oportunidad para comenzar a cambiar este estado de cosas. Hemos visto como se han instalado, a propósito de la incompetencia de las propuestas sanitarias, prácticas de solidaridad y apoyo en todos los barrios; prácticas donde el individualismo y competencias están ausentes; donde el egoísmo ha quedado relegado, lo mismo que las lógicas mecanicistas de conductas orientadas a obtener beneficios individuales sin considerar el destino de la comunidad. Hoy es tiempo de colaborar para enfrentar juntos esta crisis. Pero no debemos perder la posibilidad de generar un cambio, una transformación de este estilo de sociedad, a un nuevo sentido basado en lo social y no en el mercado, una solidaridad y una resignificación del estar y hacer en política. Donde no sea pecado hablar de comunidad ni de estado social, donde quede desterrado el concepto de subsidiaridad. Esta será la tarea de la post pandemia. Será el momento constituyente con sus metodologías y tiempos. Mientras tanto, para resistir, necesitaremos  de una nueva ética, “para sostener la indignación frente a los abusadores; para defender la libertad frente a los autoritarios. Una ética para la defensa de la autonomía personal y, al mismo tiempo, de todas las solidaridades colectivas. Una ética defensiva de guerrilla, frente a la ética ofensiva de guerra que nos quieren imponer los mismos de siempre. En fin, una necesaria ética de insumisión para vivir con dignidad[2]




[1] La pobreza del "modelo" chileno, la insuficiencia de los ingresos del trabajo y pensiones. Fundación Sol, Noviembre de 2018
[2] Etica y Pandemia. Adolfo Estrella (sociólogo y poeta), junio 2020. Com.pers. 




jueves, 4 de junio de 2020

¿LA SUERTE DE TODOS DEPENDE DE UNO?


Oscar Osorio Valenzuela


Desde los campamentos la gente hace malabares para poder comer y abrigarse; cuando vemos como en la mayoría de las comunas populares se levantas ollas comunes o solidarias; cuando vemos que entre los humildes la solidaridad es “dar hasta que duela”, decirle a todos que salgan de las trincheras ideológicas y  que hagan un esfuerzo sobrehumano y depongan las diferencias.





Esta frase que tendría sentido en cualquier país del mundo, cohesionado y con confianza, además con una idea de futuro compartido, donde la palabra de la autoridad sanitaria y de la autoridad política, en medio de una crisis como la que estamos viviendo,  no solo es escuchada, sino que respetada, en nuestro país carece absolutamente de peso y densidad. 

En efecto, la crisis de legitimidad y de confianza por la que atraviesan todas las instituciones, desde ya un largo rato, no se ha repuesto para nada. Entonces, ahora, en medio de esta pandemia, en donde necesitamos de manera urgente la construcción de  “un nosotros”, no solo no creemos, sino que desconfiamos y nos negamos a asumir voluntariamente los criterios de la autoridad.  

Por el contrario, lo único claro, la única certeza que tenemos, ha sido la instalación del miedo y de un sentido de supervivencia, que nos envuelve a todos.

Al igual que antes del inicio del estallido social del 18/10, donde el gobierno y sus principales rostros, partiendo por supuesto por el Sr. Presidente, insistían que nuestro país era una suerte de oasis, en medio de un mundo y región convulsionada,  respecto de la pandemia del COVIS 19 se tuvo el mismo principio, la misma soberbia, la misma arrogancia. Se nos llegó a decir, incluso, que estábamos mejor preparados que Italia, o “que a lo mejor el virus podía mutar a bueno”, transformándose estas y otras tantas en verdaderas frases para el bronce, no hacen más que dar cuenta, no sólo de un gobierno prácticamente desfondado, sino un lugar donde prevalecen la improvisación y la superficialidad.

Y ahora, que la realidad nos ha golpeado en la cara de la peor manera; cuando el número de contagiados crece y crece; ahora que han comenzado a colapsar los hospitales y clínicas; que los peores escenarios proyectados por especialistas y técnicos de las sociedades científicas y del Colegio Médico, no sólo fueron desestimados sino que también “ninguneados” por los winners locales, se nos traslada a cada uno de nosotros, la responsabilidad de salvarnos.

¡No señor Ministro! no se nos puede culpar a nosotros por el fracaso de vuestra política. Más aún, cuando no hay ninguna acción, ninguna frase humilde para decirle al país que fracasó la puesta en escena planificada; ninguna señal que dé cuenta del error cometido ni menos de los responsables por esos errores No se hacen cargo (las autoridades) por no haber escuchado a nadie más que propusiera otras salidas. No hubo, señor Ministro, ni la más mínima decisión de resolver la ecuación entre salud y economía, por el lado de la salud. Al contrario, el discurso oficialista, el discurso “ganador” que se escuchaba y se imponía era el de la normalidad, y que había que volver a trabajar. Que ya estaba funcionando “la mano invisible” del mercado y que no había preocuparse mayormente. En síntesis, ninguna autocrítica acerca de la ruta diseñada e implementada.

Ahora, cuando el virus y la muerte disfrazada de resfríos, de ataques respiratorios y neumonías  han comenzado a golpear las puertas de los hogares de las comunas más pobres del país; ahora, que es imprescindible  mantener confinada en sus hogares a la población durante la cuarentena,  pero también era dotarla de un ingreso de emergencia de dignidad, la respuesta oficialista de nuevo fue lapidaria y cargada de ideología respecto que no se puede afectar el modelo ultraneoliberal. Y aquellos ministros que han copado  cuanto matinal y noticiero habido, que se inflan el pecho explicando que toda propuesta ajena a la oficial, es populista y que, de acogerlas, significan pan para hoy y hambre para mañana, han sido  elevados a la categoría de “halcones” del modelo por toda aquella corte de dueños de canales de TV, editorialistas, políticos oficialistas y periodistas que, perdiendo todo decoro y autonomía, asienten de manera complaciente.

Entonces ante el drama de la población,  la respuesta de la autoridad,  la de los “halcones y su corte”,  es de nuevo la caridad y no la justicia; la dádiva y no la dignidad: Son cajas de mercadería que nadie sabe cuándo ni a quiénes les llegarán. No es el ingreso digno que igualara la línea de la pobreza, sino uno de emergencia, pero decreciente. “No vaya a ser cosa que la gente se acostumbre a depender del estado”, fue otra de las frases que quedarán para el bronce.   

Ha quedado de manifiesto que esta pandemia, contrario a la voz oficial, no es democrática. Que el contagio, cuando se vive el confinamiento en lugares hacinados, es mucho mayor y que viene aparejado con el miedo a la realidad de la muerte,  que se instala como huésped preferente en las comunas populares del país. Es muy distinto vivir la cuarentena y el confinamiento, con internet, patio, con compras de alimentos via app y delivery. Esto es la realidad  en nuestra  sociedad altamente segmentada y desigual hasta lo insoportable.

Si a este diagnóstico le sumamos la precariedad de los empleos que aún subsisten, con la mayoría de las grandes empresas sumándose a los subsidios de cesantía, y (como dice la norma e ideología), gastándose primeramente el aporte de los trabajadores de este subsidio, más la enorme cantidad de desempleados producto del cierre de actividades relacionadas con el turismo, la gastronomía y los servicios,  el coctel de reclamo y violencia que deviene, es absolutamente predecible y, por supuesto esperable.

Es cierto que la tasa de letalidad del virus entre las personas contagiadas aún es relativamente bajo comparado con otros países. Sin embargo, todo el peso y esfuerzo de esta situación, lo cargan los técnicos y profesionales de la salud pública, quienes, sobre la base de un compromiso y estado de ánimo encomiables, más allá de los turnos desgastadores y salarios miserables, mantienen con vida a los que llegan. Ellos están en una verdadera trinchera de guerra.  Los profesionales y técnicos del sistema privado también tienen memorias de salud pública que aflora en estos momentos. Es importante reconocerlo.

Ahora bien, el sentido de estas notas, no es desenmascarar las políticas de gobierno; no es anteponer derechos básicos v/s políticas de mercado; tampoco es anteponer caridad v/s justicia, eso ya lo sabemos. Esa es la política de los defensores del modelo, que prefieren “donar” ventiladores mecánicos al desmejorado sistema de salud público que subsiste con per cápitas de miserias, en vez de pagar tributos como corresponde, para que de esa manera el país pueda acceder a estos instrumentos cuando se requiera.

El sentido es para que desde ahora mismo, en lo más álgido de la crisis, cuando vemos como desde los campamentos la gente hace malabares para poder comer y abrigarse; cuando vemos como en la mayoría de las comunas populares se levantas ollas comunes o solidarias; cuando vemos que entre los humildes la solidaridad es “dar hasta que duela”, decirle a todos los que no creen ni en la racionalidad ni en la autorregulación del mercado; a los que de verdad creen que es posible una sociedad menos segmentada y desigual, que salgan de las trincheras ideológicas y  que hagan un esfuerzo sobrehumano y depongan las diferencias, que privilegien los mínimos comunes, que se estructuren en un nosotros,  para ofrecerle al país una alternativa de cambio que transforme  realmente al país en una patria para todos, una patria no de privilegios, sino de derechos.

Sin arrogancia, con disposición al diálogo y a la construcción compartida. Necesitamos de una gran épica para que nunca más la salud, las pensiones y la educación estén mediatizadas por el mercado, atosigados por la economía como una “deidad” un ente extrasomático, un becerro de oro, que debe ser adorado sin importar que solo se ubique en la mesa del festín de los poderosos.

La gente más humilde, la más vulnerable, no merece caridad, merece justicia. Y hoy nos damos cuenta que, ante la mayor crisis sanitaria y económica en curso y que se avecina peor, la mano invisible del mercado no funciona.